Nº1 Año 1
 
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ARTICULOS & ENTREVISTAS

  1. Acceso a tratamiento antirretroviral en el Perú
    Por  Roberto López Linares
  2. Estigma y Discriminación por VIH y SIDA: Un Marco Conceptual e Implicaciones para la Acción*
    Por: Peter Aggleton, Richard Parker y Miriam Maluwa
  3. La seropositividad al VIH como identidad social y política en Brasil*
    Por Veriano Terto
  4. Vulnerabilidad de hombres gays y hombres que tienen sexo con hombres (HSH) frente a la epidemia del VIH/SIDA en América Latina: La otra historia de la masculinidad
    José Toro-Alfonso*

Acceso a tratamiento antirretroviral en el Perú
Por  Roberto López Linares
Acción Internacional para la Salud
Colectivo por  la Vida

  1. Introducción
    En América latina y el Caribe,  alrededor de  100 mil personas  necesitan tratamiento antirretroviral. [1] La infección por VIH, si bien es cierto, todavía no es curable, puede ser controlada. LaTerapia Antirretroviral Altamente Efectiva ha demostrado mejorar la calidad de vida de las personas seropositivas y extender ampliamente sus expectativas de vida.   El Perú y los países centroamericanos, con excepción de Panamá y Costa Rica,  son los únicos en la región que no garantizan el acceso universal a los tratamientos antirretrovirales.
    En el Perú, fuentes oficiales estiman que hay 76 mil personas seropositivas al VIH. En algún momento, todas necesitarán tratamiento antirretroviral. Pero actualmente se calcula que alrededor de 7 mil están necesitando con urgencia este tratamiento. Entre EsSalud y la Sanidad de las Fuerzas Armadas Policiales se dan apoximadamente 1500  tratamientos. El sector privado otorga tratamiento a muy pocos y la mayoría espera con impaciencia que el gobierno  decida de una vez por todas facilitar el tratamiento. La Ley 26626, conocida como Ley CONTRASIDA establece que “toda persona con VIH/SIDA tiene derecho a la atención médica integral y a la prestación previsional que el caso requiera”. Sin embargo, su reglamento actualmente vigente sólo garantiza  la profilaxis en madres gestantes para evitar la transmisión vertical. En este año se ha iniciado el tratamiento antirretroviral de niños, bajo responsabilidad del Ministerio de Salud, pero la cifra no llega más alla de 40.
    Buscar las explicaciones reales a esta falencia del  gobierno, significa leer entre líneas tanto en las declaraciones oficiales, como en los planes gubernamentales. Ahi se descubre  que la estigmatización, la discriminación y exclusión, y consecuentemente la falta de voluntad política para asignar mayores recursos y para encontrar caminos para abaratar los costos de tratamiento pueden explicar dicho fenómeno
  2. Epidemia concentrada, estigma, discriminación y exclusión.
    La caracterización de epidemia “concentrada”, lleva a la definición de estrategias que en ciertas lecturas pretenden “encapsular” la epidemia, impidiendo que se “difunda” al resto de la población. Algo nos hace recordar la conducta que se tuvo en tiempos remotos cuando apareció la lepra, y los afectados tuvieron que ser recluidos en lugares aislados del resto de la población. En el mejor de los casos, el abordaje desde una caracterización de epidemia “concentrada”  lleva a la predominancia de estrategias de tipo preventivo  en los planes oficiales y también en las acciones de las organizaciones de la sociedad civil, estrategias que priorizan las “poblaciones de alto riesgo”.  El estigma del VIH/SIDA aparece vinculado no sólo a los temores a los “condenados a muerte” y que pueden transmitir esa “condena”, sino  a juicios morales y de culpabilidad  relacionados a los comportamientos de los individuos, particularmente en el  campo de la sexualidad [2] .   La estigmatización lleva a una subvaloración de las personas que expresan alguna característica (color de la piel, conductas, opciones sexuales diferentes a la “norma”, etc). Ellos/ellas son vistos como merecedores de lo que les ocurre porque han hecho algo “malo” [3] . La estigmatización y consecuente discriminación que subyace en las actitudes de la población en general, limitan “nuestra capacidad para proporcionar la atención y los servicios que necesitan las personas con el VIH” [4] , así como también medidas  preventivo-promocionales efectivas.
    En el caso de la atención integral, los únicos que se quedan con sus manos extendidas o el puño en alto en pro del tratamiento antirretroviral son precisamente las personas que lo necesitan. “Total.. si finalmente se van a morir, porque gastar recursos”; si “son promiscuos, homosexuales y prostitutas”  son ideas que probablemente  estén en la base de actitudes y conductas de muchos, incluyendo a los  tomadores de decisiones. Por ello es importante pasar a un abordaje de la epidemia como un problema de salud pública en el que tod@s  estamos comprometid@s; donde prevención y atención a las personas directamente afectadas tienen una relación sinérgica.
  3. Derechos humanos, salud pública  y tratamiento antirretroviral
    La salud y el bienestar  es un derecho humano fundamental.  En el contexto de la epidemia del VIH, las Naciones Unidas ha enfatizado que la medicación es un elemento fundamental para el pleno ejercicio del derecho a la salud [5] . Asimismo la Organización Mundial de la Salud, en sus Asambleas de los últimos años ha insistido en que los Estados Miembros exploren todas las posibilidades para que las personas que necesiten reciban el tratamiento antirretroviral, sugiriendo también hacer uso de las opciones que los acuerdos comerciales proveen [6]   definiendo además mandatos para la Organización. La Declaración de Doha (Nov. 2001) establece que los Estados Miembros de la OMC tienen la libertad para utilizar dichas opciones para satisfacer sus necesidades de salud pública, lo que ha sido considerado como un paso importante en el camino de “humanizar” los acuerdos comerciales [7] .   
    La Sesión Especial de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA en junio 2001, aprobó una Declaración que compromete a los gobiernos a “hacer  todo lo posible por promocionar en forma gradual y sostenible el tratamiento de la más alta calidad posible para el VIH/SIDA, incluidos la prevención y el tratamiento de las infecciones oportunistas y la utilización eficaz de la terapia antirretroviral.” [8]
    A pesar de todas estas definiciones todavía hay muchas personas esperando por la atención integral. La discriminación y el desinterés que puede haber estado presente en el gobierno, llevándolo a una indecisión permanente, la inactividad o falta de efectividad  de organismos internacionales, asi como la escasa solidaridad de la sociedad con las personas viviendo con VIH SIDA pueden ser algunos de los factores explicativos de esa falta de voluntad política. No ha sido infrecuente que en el Perú, funcionarios gubernamentales hayan exigido a las personas viviendo con VIH/SIDA que hagan las propuestas técnicas que demuestren la factibilidad y el beneficio del tratamiento antirretroviral, siendo ésta una tarea gubernamental, para cumplir con los derechos y obligaciones de la Constitución y los compromisos internacionales.
    Ante esta situación, las personas viviendo con VIH/SIDA empezaron este año a realizar acciones de judicialización presentando recursos de amparo de acuerdo al sistema judicial peruano y también demandando medidas cautelares ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente se han presentado más de cincuenta demandas en la Corte, todas ellas con grandes posibilidades de ser resueltas positivamente ya que existen precedentes similares en demandas recientes  de otros países como El Salvador y Ecuador. En todos los países sudamericanos donde se ha reconocido el derecho al tratamiento antirretroviral, se ha pasado por las demandas judiciales y una movilización de la sociedad civil que ha llevado a la construcción de voluntades políticas que han superado la discriminación y han orientado conductas proactivas para que las PVVS tengan acceso universal al tratamiento antirretroviral.
  4. Mercado y asequibilidad al tratamiento antirretroviral 
    Los elevados  precios  de los medicamentos  conspiran contra el acceso universal a los medicamentos necesarios.  En el Perú, los precios de los medicamentos se definen en el mercado y cuando  existen  ingredientes monopólicos y oligopólicos, la situación está muy lejos de la deseable. La mayoría de medicamentos antirretrovirales, son producidos casi exclusivamente por las denominadas compañías de investigación y desarrollo [9] que por su posición de dominio fijan los precios  sin conocerse sus costos de producción y sin ninguna  consideración de la capacidad adquisitiva de los segmentos menos favorecidos de la población. Transparentar los precios de los medicamentos es una urgencia para asumir medidas apropiadas y sostenibles que favorezcan el acceso de todos a los beneficios de esta importante herramienta terapéutica.
    En este aspecto es importante promover la competencia, la transferencia de tecnología y la capacidad de producción local. Los acuerdos internacionales y sub regionales como los de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) deben ser revisados a la luz de una política que vaya por ese camino ya que las vigentes obstaculizan la transferencia de tecnología y por lo tanto el fortalecimiento de la capacidad de producción local.  Tanto la Ley de Propiedad Industrial del Perú de 1996, concordada con la Decisión 344 del Acuerdo de Cartagena,  como la Decisión 486 del CAN establecen que la “explotación de la patente” incluye la “importación, junto con la distribución y comercialización del producto”.   De este modo, los países pueden convertirse – como ya sucede -  en meras plataformas de importación. Diferente es el caso de Brasil, donde la legislación sobre propiedad intelectual establece que si el producto patentado no es producido localmente en un plazo de tres años luego de haberse otorgado la patente, el gobierno puede dar licencia a terceros  para que  fabriquen localmente el producto.  
    Uno de los esfuerzos realizados por el Congreso peruano para acercar los medicamentos antirretrovirales y oncológicos a las personas que los necesitan ha sido la anulación de los aranceles y el impuesto general a las ventas (IGV). Sin emgargo, la rebaja que teoricamente se obtiene de esta medida (entre 30 y 40%) no significa poner estos medicamentos al alcance de la mayoría que los necesita. Actualmente el tratamiento mas barato con las marcas innovadoras se ubica entre 3 y 4 mil dólares anuales por persona; por lo menos dos salarios mínimos legales al mes.
  5. Es posible el acceso universal al tratamiento antirretroviral
    Gobiernos como el de Perú, tienen varios caminos para establecer programas que ofrezcan el tratamiento antirretroviral a todas las PVVS que lo requieren. Por supuesto que esto pasa por la construcción de la voluntad política de hacerlo,  proceso en el que la sociedad civil tiene importancia crítica. El estado debe optar por  una mayor asignación de recursos fiscales y utilizar los canales que se ofrecen en el contexto internacional para conseguir nuevos recursos finacieros [10] .  En esta línea, el Perú ha presentado una propuesta al Fondo Mundial de Lucha contra el VIH/SIDA, Malaria y TB en la cual se compromete a financiar el 60% de los tratamientos antirretrovirales en el 2003, solicitando a dicho Fondo el  financiamiento del restante 40%.
    Otro importante camino que ha demostrado ser efectivo en otros países es la promoción de la importación y producción de versiones genéricas de antirretrovirales, que no significa violación alguna a los acuerdos internacionales vigentes, pero que generan presiones de los gobiernos de países sede de las compañías de investigación y desarrollo [11] . Varias experiencias como la de Brasil y Costa Rica  demuestran que el uso de medicamentos genéricos rebaja considerablemente el costo de los tratamientos. Los productores genéricos de la India están poniendo en el mercado latinoamericano tratamientos de primera línea en alrededor de US$ 600   al año por persona. También se puede importar medicamentos de marca de otros países cuando eso resulta más barato para el país [12] .
    Otra opción es  negociar precios con la compañías productoras de antirretrovirales. Esta es una iniciativa que surgió de una concertación entre ONUSIDA y cinco compañías de investigación y desarrollo, y estaba restringido precisamente a negociar con dichas compañías. La Comunidad Andina de Naciones ha definido una estrategia innovadora: negociar con todos los productores, incluyendo a los productores de genéricos, con el fin de obtener las condiciones más ventajosas. [13]   El gobierno también debe mejorar su sistema de adquisición de medicamentos poniendo en funcionamiento el sistema integrado ya vigente normativamente [14] , que puede negociar precios convenientes para todos los sub sistemas de salud públicos, incluyendo el seguro social.
  6. No es un privilegio ni hay privilegiados
    La lucha por el acceso a tratamiento antirretroviral se enmarca en una lucha más amplia que tiene como objetivo que todas las personas reciban la medicación que necesitan como un componente esencial del ejercicio de su derecho a la salud y la vida.  Por lo tanto, como dice un lema de los activistas, “los tratamiento no son un privilegio, son un derecho”. Y este derecho les asiste a los niñ@s, jóvenes, adultos y ancian@s; varones y mujeres. A aquellos que padecen neumonía, asma, diabetes, malaria, leishmaniasis, esclerosis múltiple, cáncer, disturbios mentales; es decir tod@s quienes necesitan atención médica. El acceso al tratamiento  antirretroviral no convierte a las PVVS en privilegiados del sistema de salud, ni quita recursos destinados para otr@s.  Mas bien, nos dice que el estado debe garantizar a tod@s l@s ciudadan@s, sin distinción alguna, el derecho a la salud.
    Lima, 8 de Diciembre de 2002

Referencias
[1] Stern, R. Acceso a medicamentos antiretroviralesen América Latina, Asociación Agua Buena, San José Costa Rica;  www.aguabuena.org
[2] “El estigma relacionado con el VIH/SIDA procede de la poderosa combinación de la verguenga y el miedo: vergüenza porque las relaciones sexuales y la inyección de drigas que transmiten el VIH están rodeadas por el tabú y el juicio moral, y miedo porque el SIDA  es relativamente nuevo y se considera mortal” (Peter Piot, Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discrminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia; Durbán (Sudáfrica, 5.09.01)
[3] ONUSIDA, Marco conceptual y base para la acción: estigma y discriminación relacionados con el VIH/SIDA,  Colección Prácticas Optimas del ONUSIDA, Junnio 2002, Ginebra, Suiza.
[4] ONUSIDA, op.cit.
[5] “La Comisión de Derechos Humanos ... reconoce que el acceso a medicación en el contexto de pandemias tales como la del VIH/SIDA es un elemento fundamental para alcanzar progresivamente la plena realización del derecho de cada uno a gozar del más alto nivel  alcanzable de salud física y  mental” (Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas,  Abril  2001)
[6] Las últimas cinco Asambleas de la OMS han otorgado  atención especial al acceso a atención integral a las personas viviendo con VIH SIDA.  Incluyen variados temas, entre otros: salvaguardar el acceso a medicamentos esenciales en el marco de los acuerdos comerciales ((WHA 52.19. Estrategia Revisada en Materia de medicamentos, Mayo 1999); cancelación de deuda externa para liberar recursos para “prevenir y atender los casos de VIH/SIDA” ; aumento del acceso a profilaxis y tratamiento para VIHSIDA; asequibilidad de los medicamentos; política enérgica de genéricos; negociación con la industria farmacéutica; promoción de la producción local; prácticas de importación compatibles con los acuerdos comerciales; creación de sistemas de financiamiento apropiados (WHA 53.14. VIH/SIDA: hacer frente a la epidemia, Mayo 2000); VIH/SIDA prioridad sanitaria; mayor asignación de recursos; provisión del más alto nivel de tratamiento del VIH/SIDA ((WHA 54.10. Ampliación de la respuesta al VIH/SIDA, Mayo 2001)
[7] Nos referimos especialmente al acuerdo sobre Aspectos de los Derechos de Protección de la propiedad Intelectual relacionados al Comercio (ADPIC), aprobado en 1994 y administrado por la Organización Mundial de Comercio. 
[8] Sesión que traza de manera clara el compromiso de los gobiernos alrededor de la atención que deben dar a la epidemia del VIH/SIDA proponiendo: “establecimiento y la ejecución de estrategias y planes de financiación nacionales y multisectoriales para luchas contra el VIH/SIDA” (37); “incorporar las prioridades de la prevención, atención, tratamiento, apoyo y reducción de los efectos del VIH/SIDA en los planes de desarrollo, incluidas las estrategias de erradicación de la pobreza, las asignaciones de los presupuestos nacionales y los planes de desarrollo sectorial” (38); “Promover una colaboración más estrecha y el establecimiento de alianzas innovadoras entre el sector público y el sector privado y, para 2003, establecer y consolidar mecanismos que den participación en la lucha contra el VIH/SIDA a los colaboradores del sector privado y la sociedad civil, las personas que viven con VIH/SIDA y los grupos vulnerables”(47);  establecer “estrategias nacionales, apoyadas por estrategias regionales e internacionales, a fin de fortalecer los sistemas de atención de la salud y hacer frente a los factores que afectan el suministro de medicamentos contra el VIH, incluidos los medicamentos antiretrovirales, como, entre otros, la asequibilidad y el precio, incluida la fijación de precios diferenciados, y la capacidad de los sistemas técnico y de atención de la salud.” (56);  “... cooperar constructivamente para mejorar las normas y prácticas farmacéuticas, incluidas las aplicables a los medicamentos genéricos y a los regímenes de propiedad intelectual, a fin de promover más la innovación y el establecimiento de industrias nacionales en forma compatible con el derecho internacional”  (56); “Aumentar las asignaciones presupuestarias de los países para los programas de lucha contra el VIH/SIDA y darles prioridad según sea necesario, y asegurar de que todos los ministerios y otras entidades interesadas pertinentes asignen fondos suficientes” ( 83)
[9] Son las compañías que se dedican a la invención y desarrollo de nuevas moléculas que tienen propiedades terapéuticas. La mayoría de estas compañías tiene su sede en Estados Unidos,  Canadá,  Inglaterra, Unión Europea y Japón. 
[10] El Fondo Mundial para la lucha contra el VIH/SIDA, Malaria y TB creado por las Naciones Unidas es uno de eso caminos que está exploranbdo el gobieno peruano. Otro puede ser la posibilidad de canjear deuda externa por programas de desarrollo y ampliación de acciones sobre la epidemia del VIH/SIDA, tal como lo sugiere la Declaración de Compromiso de UNGASS ( puntos  88 y 89)
[11] Esto ha sido claro en el caso de Sudáfrica, cuyo gobierno fue demendado por 39 compañías farmacéuticas. Asimismo, el gobierno estadounidense demandó a Brasil ante la comisión de Controversias de la Organización Mundial de Comercio. Pero aparte de estos caso, muchos son los países que son puestos en la “watch list” del gobierno de Estados Unidos cuando optan por caminos que ponen “en riesgo” los intereses comerciales de sus compañías.
[12] Esto es lo que se denomina Importación paralela, permitida en los acuerdos comerciales intrnacinales, bajo el principio de agotamiento internacional de los derechos de propiedad.
[13] Esta decisión ha sido tomasda en la Reunión de Ministros del CAN que se llevó a cabo en Lima el 28 y 29 de Noviembre 2002.
[14] A mediados del 2001, elgobierno dictó una norma creando el Sistema Integrado de Suministro de Medicamentos (SISMED) que hasta ahora no está operando.


Sobre el autor
Roberto López. Sociólogo peruano. Coordinador para América Latina y el Caribe de la red Acción Internacional para la Salud.  Aficionado a realizar "sondeos investigativos" y estudios sobre medicamentos: política de medicamentos, promocion (comercial) de medicamentos, utilización de medicamentos, información de medicamentos, etc.
*Acción Internacional para la Salud es una red  internacional que tiene como objetivos estratégicos lograr el acceso universal a los medicamentos esenciales y promover el uso racional de todos los medicamentos. Dirección en el Perú: Aptdo 41-128. Lima. E.mail: ais@amauta.rcp.net.pe
El Colectivo por la Vida congrega a ONG y agrupaciones de personas viviendo con VIH/SIDA (PVVS) y trabaja coordinadamente con otras organizaciones de la sociedad civil para que todas las PVVS tengan acceso a la atención integral, incluyendo el tratamiento antirretroviral
E-mail de Roberto Lopez:  robertolopez@telefonica.net.pe
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Estigma y Discriminación por VIH y SIDA:
Un Marco Conceptual e Implicaciones para la Acción*

Por: Peter Aggleton, Richard Parker y Miriam Maluwa

Introducción
El VIH y el SIDA son capaces de extraer lo mejor de las personas. Pero también pueden poner en evidencia lo peor. Hacen emerger lo mejor cuando las personas se unen de forma solidaria para combatir la marginación y para ofrecer apoyo y cuidados a aquellos afectados por la epidemia. Ponen en evidencia lo peor cuando estos últimos resultan estigmatizados, condenados al ostracismo y maltratados profundamente por las personas que aman, por su familia y  por sus comunidades. Tales acciones, no pocas veces, conducen a la discriminación y a la violación de los derechos humanos (véase, por ejemplo, Daniel y Parker, 1993; Altman, 1994).
La Declaración de la Comisión a partir de  la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA, 2001, puso claramente de manifiesto que el ejercicio de los derechos humanos constituye un elemento esencial en la respuesta global al VIH/SIDA. La protección y la promoción de los derechos humanos reducen la vulnerabilidad a la epidemia. Puede también prevenir el estigma y la discriminación consecuente contra las personas que viven o están en riesgo frente al  VIH/SIDA. Las autoridades nacionales han sido convocadas por la Declaración de UNGASS con el objetivo de desarrollar estrategias para combatir el estigma y la exclusión social, así como para construir y desarrollar los marcos legales y políticos necesarios para proteger los derechos y la dignidad de las personas que están afectadas y que viven con VIH/SIDA.
De manera más reciente el estigma y la discriminación, así como su interrelación con los derechos humanos, han sido identificados como el tema de base de la Campaña Mundial contra el SIDA 2002-2003. Sin embargo, antes de poder responder de manera efectiva a estos fenómenos debemos primeramente comprender qué significan. Sus orígenes son complejos, de ahí que encararlos de manera efectiva reclame de reflexiones cuidadosas y profundas, y no de respuestas reactivas o repentinas.

Estigma
El estigma asociado al VIH y al SIDA tiene su anclaje en numerosas fuentes. Comprender las mismas resulta esencial para poder desarrollar respuestas efectivas. La epidemia ha puesto en juego  temores y ansiedades de profundo arraigo, tales como el temor a los gérmenes y a la enfermedad, el temor a la muerte,  las múltiples ansiedades relacionadas con la sexualidad, entre otros [1] .  Existen, además, semejanzas importantes entre el estigma y la discriminación por VIH/SIDA, y algunas de las reacciones sociales negativas detonadas a partir de enfermedades como la lepra, la tuberculosis y el cáncer [2]
A un nivel superficial, la escasa comprensión, los mitos sobre la transmisión, la asociación inicial de la infección con grupos socialmente marginados (como las trabajadoras sexuales y los varones homosexuales activos), la falta de disponibilidad de tratamientos, la imagen de incurabilidad transmitida por los medios de difusión, y el temor al contagio y a la muerte, se encuentran entre los numerosos elementos asociados al estigma por VIH/SIDA. Sin embargo, en la base de todos ellos subyacen otros factores que contribuyen a la devaluación de las personas consideradas como infectadas, o en riesgo de infectarse.
Considero que las verdaderas raíces del estigma asociado al VIH/SIDA descansan  profundamente en las estructuras genéricas (de género), económicas, raciales y sexuales, que pueden ser encontradas en cada sociedad. No constituye una coincidencia el hecho de que los numerosos estigmas asociados al VIH/SIDA se encuentren relacionados con las divisiones e inequidades de género - como queda expresado en la creencia de que tan solo las “malas” mujeres se infectan -; a las divisiones raciales y étnicas - como en la creencia de que el SIDA constituye una enfermedad africana (u occidental) -; a las diferencias en el estatus económico - expresado en la consideración de que son las personas pobres (o ricas) quienes se infectan y enferman de SIDA -; y a las relaciones y divisiones sexuales - como en la creencia de que tan solo las trabajadoras sexuales, las personas “promiscuas” y los homosexuales, son los que pueden infectarse con el virus (Figura 1).

Figura 1:    Origen del Estigma por VIH/SIDA
El SIDA es una “enfermedad de ricos”
El SIDA es una “enfermedad de pobres”
El SIDA es una “enfermedad de mujeres”
El SIDA es “causado por varones”
El SIDA es una “enfermedad africana”
El SIDA es una “enfermedad de los occidentales”
El SIDA es una “plaga gay”
El SIDA es “causado por prostitutas”
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ESTIGMA POR VIH/SIDA
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RELACIONES Y DIVISIONES ECONÓMICAS
RELACIONES Y DIVISIONES DE GÉNERO
RELACIONES Y DIVISIONES RACIALES
RELACIONES Y DIVISIONES SEXUALES

Comprender la interrelación entre el estigma por VIH/SIDA y estas fuerzas más profundas, resulta vital si queremos desarrollar respuestas efectivas. El estigma asociado al VIH/SIDA no es algo que reside solamente en las mentes de las  personas. Por el contrario, constituye un producto social con profundas raíces en la sociedad. Enfrentar el estigma, y la discriminación a que da lugar, exige por tanto de sólidas medidas, esto es, de intervenciones que vayan más allá de las expresiones superficiales para profundizar en las estructuras y causas radicales subyacentes.

Discriminación
El estigma resulta perjudicial en sí mismo, puesto que puede conllevar a sentimientos de vergüenza, culpa y  aislamiento, y también porque la expresión de ideas prejuiciadas puede conducir a las personas a hacer cosas, u omitir otras, que terminan dañando, rechazando o negando los derechos de los otros.
En este sentido, el personal de un hospital o prisión, por ejemplo, puede intentar negar servicios médicos a una persona que vive con VIH/SIDA. O los empleadores pudieran intentar despedir a trabajadores sobre la base del hecho de estar infectados con VIH.
Tales actos constituyen lo que entendemos como discriminación. Expuesta de manera suscinta, la discriminación se expresa cuando se realiza una distinción contra una persona, y ello se traduce en un trato injusto sobre la base de su pertenencia (o la creencia de que pertenece) a un grupo particular. La discriminación, obviamente, puede expresarse en diferentes niveles: a nivel del individuo, por ejemplo, o a nivel de la comunidad o de la sociedad como un todo.
A nivel mundial, han existido numerosas instancias de expresión de la discriminación por VIH/SIDA. Incontables personas que viven con el virus (o que se cree que están infectados) han sido segregadas y marginadas en escuelas y hospitales; rechazados en empleos; denegados sus derechos de casarse y de conformar relaciones duraderas; requeridos a someterse a exámenes de VIH a partir de la realización de viajes, o incluso como requisito para retornar a su país de origen; negado su acceso a tratamiento con medicamentos; y atacados, o incluso asesinados, debido a su estatus como seropositivos [3]
Como resultado de esta discriminación, se violan los derechos de las personas que viven con el virus y la enfermedad  (también resultan violados frecuentemente los derechos de  sus familias), tan solo por el hecho de saberse o presumirse que tienen VIH/SIDA. Esta violación de los derechos multiplica el impacto negativo de la epidemia a todos los niveles.
A nivel individual, por ejemplo, aumentan la ansiedad y el estrés - factores que en sí mismos contribuyen a empeorar el estado de salud. A nivel comunitario, familias y grupos enteros se avergüenzan, encubren su asociación con la epidemia, y retiran su participación de respuestas sociales más positivas. Y a nivel de la sociedad como un todo, la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA y el abuso de los derechos humanos, refuerzan la creencia equivocada de que resulta aceptable que estas personas sean culpadas y condenadas al aislamiento y al silencio.
Un círculo vicioso se produce entre el estigma, la discriminación y la violación de los derechos humanos. Esto puede ser representado en un diagrama como sigue a continuación (Figura 2).
Figura 2:          El “círculo vicioso” del estigma, la discriminación y la violación de los derechos



Una respuesta basada en los derechos
El derecho a la no discriminación constituye un derecho humano fundamental fundado en los principios básicos de justicia, los cuales son permanentes y universales. Los derechos humanos son inherentes a los individuos justamente por ser humanos, y se aplican a todas las personas sin excepción. Los derechos humanos básicos prohiben la discriminación por concepto de raza, color de la piel, sexo, lengua, religión, opinión política u otra, origen nacional o social, estatus económico, de nacimiento, o cualquier otro estatus social.
Las resoluciones de la Comisión sobre los Derechos Humanos de las Naciones Unidas [4] , han establecido de forma inequívoca que 'el término "u otros estatus" en las consideraciones sobre la no discriminación dentro de los textos internacionales sobre los derechos humanos, debe ser interpretado como inclusivo del estado de salud, incluyendo el VIH/SIDA'. Estas resoluciones han confirmado, por otra parte, que la 'discriminación a partir de la infección por VIH/SIDA, real o presumida, queda prohibida a partir de los derechos humanos básicos existentes.' La discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA, o de aquellos que se cree están infectados, constituye por lo tanto una clara violación de los derechos humanos.
¿Por qué es esto importante, y por qué la asociación entre estigma, discriminación y derechos humanos debe ser comprendida y reconocida de forma más clara? Existen varias razones para ello. Primeramente, porque vivir libre de discriminación constituye un derecho humano. Ya existe un marco para la responsabilidad de acción, lo que significa que no es necesario construir uno similar dentro del contexto del VIH/SIDA. Independientemente de si son o no abiertamente reconocidos, los Estados tienen la obligación de respetar, proteger y velar por el cumplimiento de los derechos humanos.
Con relación a la discriminación, por ejemplo, la obligación de respetar requiere de Estados que no discriminen  directa o indirectamente en cuestiones legales, políticas o prácticas. La obligación de proteger exige de los Estados la toma de medidas que eviten la discriminación por parte de instituciones y organizaciones [5] ; y la obligación de hacer cumplir requiere que sean adoptadas medidas legislativas, presupuestarias, judiciales, promocionales y otras, que aseguren que se están desarrollando estrategias, políticas y programas para enfrentar la discriminación y para asegurar que aquellos quienes la sufren sean adecuadamente indemnizados.
En segundo lugar, un marco de derechos humanos permite el acceso a mecanismos procesales, institucionales y de supervisión para hacer cumplir los derechos de las personas que viven con VIH y SIDA, y para luchar en contra de la discriminación. Debido a que la discriminación por VIH/SIDA conlleva a que se cometan violaciones legales, las personas que discriminan pueden ser hechas responsables por la ley y proporcionarse entonces una indemnización, allí donde se considere apropiado. Existen mecanismos importantes desde el punto de vista procesal, institucional y de monitoreo a nivel nacional, regional e internacional. A nivel nacional, estos incluyen el sistema judicial (cortes legales), las Comisiones Nacionales de Derechos Humanos, los Ombudsmen, las Comisiones de Ley y otros tribunales administrativos.
Ello no significa que un foco de discriminación conducirá inevitablemente a mejorar la situación. No queda claro en la conciencia de la gente el hecho de que la discriminación es ilegal. Los servicios legales normalmente no son accesibles, ni económica ni geográficamente, a muchas de las comunidades más vulnerables. Y de hecho pueden existir grandes dificultades en la obtención de compensaciones por concepto de violación de derechos. Sin embargo, una cosa si es absolutamente cierta: un foco de discriminación provee de una entrada oportuna para responsabilizar a aquellos cuyas acciones conducen a la discriminación y a la violación de los derechos humanos.

Más allá del uso de la ley
Existen otros procesos sociales que se pueden encaminar hacia el enfrentamiento del estigma y la discriminación por VIH/SIDA. Algunos de ellos tienen sus orígenes en el poder de individuos y comunidades para resistir y luchar contra la inequidad y la opresión. A través de la historia del VIH/SIDA, se han dado numerosos ejemplos de lucha exitosa de la comunidad - fundamentalmente a  través de la educación y  el desafío de estereotipos y creencias discriminantes -, en contra de la discriminación y las violaciones de los derechos humanos; y, más recientemente, con miras a ampliar el acceso al tratamiento.
De manera importante, el activismo de personas que viven con VIH/SIDA, operacionalizado a través del Principio GIPA, muestra cómo en ciertas circunstancias la estigmatización y la discriminación pueden estimular respuestas positivas de solidaridad e inclusión. A nivel mundial, pueden apreciarse numerosos ejemplos de este proceso. Algunos de los casos más exitosos se han producido cuando los esfuerzos se han dirigido de manera simultánea hacia la promoción de los derechos humanos de las personas que viven con VIH/SIDA, y hacia la potenciación del poder de comunidades oprimidas para luchar y tomar las riendas  de sus vidas. En ningún espacio puede ser más evidente este proceso que con relación al acceso a tratamiento con antiretrovirales [6] .

De la comprensión a la respuesta
En aras de enfrentar exitosamente la estigmatización y la discriminación por VIH/SIDA, debemos primero comprender en que consisten estos fenómenos, y cual es su origen. Contrario a la creencia popular, el estigma y  la discriminación no son “cosas” o “eventos aislados”, sino procesos sociales conectados con fuerzas profundamente poderosas enclavadas dentro de las estructuras de la sociedad. Abordarlas exitosamente, por lo tanto, requiere (i) de esfuerzos para reducir sus diversas formas de expresión junto con (ii) la acción para encarar sus causas fundamentales. ¿Pero dónde debemos actuar, y qué debemos hacer?
Se requiere de acciones en cada uno de los campos identificados como claves en la Declaración UNGASS de la Comisión sobre VIH/SIDA. Éstos incluyen la educación, el área laboral, los aspectos legales relacionados con la herencia, los servicios sociales y sanitarios, la prevención, el tratamiento y el apoyo, la información y la protección legal.
Acciones concretas que se pueden desarrollar a nivel individual incluyen: la difusión pública de información para ayudar a las personas a entender el carácter injusto del estigma y de la discriminación; educación de calidad dentro y fuera de los espacios escolares para difundir evidencias y para modificar actitudes individuales; y entrenamiento para trabajadores de la salud  y otros, en contextos donde la estigmatización y la discriminación se han identificado como existentes.
A nivel comunitario, se precisa de la potenciación del liderazgo y del poder de convocatoria por parte de políticos, líderes informales, personalidades del deporte, estrellas de cine y otros. Esto, junto con el activismo continuado por parte de  las personas que viven con, y están afectados por, el VIH/SIDA, hará mucho para desafiar las percepciones, creencias y opiniones discriminantes acerca de la epidemia y de aquellos a quienes  afecta.
Pero la acción más allá de los niveles individuales y comunitarios es también esencial si se pretende que los logros sean sostenidos. En particular, se necesita de una amplia acción societal para abordar las inequidades de género, raciales y sexuales, así como los estereotipos a partir de los cuales se nutren el estigma y la discriminación por VIH/SIDA. Específicamente, los esfuerzos deben dirigirse hacia la lucha contra los prejuicios e ignorancias, y para proteger los derechos humanos de aquellos grupos vulnerables tales como las trabajadoras sexuales,  los hombres que tienen sexo con hombres y otras minorías discriminadas.
La protección legal para las personas que viven con VIH y SIDA constituye una forma esencial de enfrentar y, de tal modo, atenuar las inequidades y la exclusión sociales que se encuentran en el núcleo de la estigmatización y de la discriminación por  VIH/SIDA. Esta protección debe ser promovida conjuntamente con aquellos mecanismos apropiados de divulgación y fortalecimiento. Resulta central para la efectividad de esta labor, el apoyo de los centros de ayuda legal y/o de los servicios jurídicos de la comunidad que abordan casos de discriminación y violación de derechos humanos.
Consolidar estos servicios dentro de las organizaciones de servicio para SIDA existentes, o en las  organizaciones de personas que viven con VIH/SIDA, puede ser una forma de promover la confianza entre aquellos que han experimentado la discriminación, especialmente allí donde tales organizaciones son ya valoradas y respetadas por la comunidad. Estos propios servicios legales pueden también ayudar a desarrollar la capacidad de estas organizaciones sanitarias para trabajar dentro de un marco de derechos humanos.
Finalmente, se necesita tomar medidas concretas para asegurar una amplia accesibilidad a los servicios y  a tratamiento medicamentoso. Ayudar a las personas a comprender que es posible vivir de manera satisfactoria con VIH/SIDA, y reconocer que los avances en términos de tratamiento prometen esperanzas reales para el futuro, constituye un paso importante en la reducción de los temores y ansiedades existentes alrededor de la epidemia. Ampliar la accesibilidad a tratamiento con medicamentos también puede ayudar a reducir la estigmatización y la discriminación a medida que el temor de la comunidad disminuye.


Referencias

[1] Patton, C. (1985) Sex and Germs: The politics of AIDS.  Boston, South End Press.
[2] Sontag, S. (1988) AIDS and its Metaphors.  Harmondsworth, Allen Lane
[3] Véase M. Maluwa, P. Aggleton and R. Parker (2002, in press) HIV/AIDS Stigma, Discrimination and Human Rights – A Critical Overview. Health and Human Rights, para una discusión integral de estas cuestiones.
[4] Comisión sobre los Derechos Humanos, Resoluciones 1999/49 y 2001/51
[5] Por ejemplo, la adopción de leyes que aseguren la equidad en el acceso a cuidados y servicios de salud proveídos por terceras partes, que controlen el marketing de medicamentos y equipos médicos, y que aseguren que los practicantes médicos, o cualquier otro profesional de la salud, conocen apropiadamente los códigos estándares de conducta en cuanto a educación, destrezas y ética.
[6] Véase, por ejemplo, http://www.hri.ca/partners/alp/tac/
*Algunas de las ideas desarrolladas en el presente trabajo ya han sido expresadas en otros espacios, como por ejemplo: “Estigma y Discriminación por VIH y SIDA: Un Marco Conceptual e Implicaciones para la Acción” (ABIA, Río de Janeiro, 2002); “Estigma y Discriminación por VIH y SIDA: Un Marco Conceptual y una Agenda para la Acción” (Washington, DC, Horizons Project, 2002); “Estigma, Discriminación y VIH/SIDA en América Latina y el Caribe” (Washington, DC, Banco de Desarrollo Inter-Americano, 2002, in press); y “Estigma y Discriminación por VIH y SIDA: Un Marco Conceptual e Implicaciones para la Acción.” Ciencias Sociales y Medicina (R. Parker y P. Aggleton, 2002, in press).
Las copias del documento de la Campaña Mundial contra el SIDA 2002-2003 titulado “Estigma y Discriminación por VIH y SIDA:  Un Marco Conceptual y Bases para la Acción” (Ginebra, UNAIDS, 2002), se encuentran disponibles en ingles, francés y español en Dirección/Gerencia de Información, UNAIDS, Av. Appia 20, CH-1211 Ginebra 27, Suiza.
Es posible encontrar una copia del documento en inglés en la siguiente dirección electrónica:
http://www.unaids.org/publications/documents/human/JC781-ConceptFramew-E.pdfat


De los autores/a del artículo
Peter Aggleton, Profesor en Educación y Director de la Unidad de Investigaciones Thomas Coram, Instituto de Educación, Universidad de Londres.
Richard Parker,  Presidente, Departamento de Ciencias  Sociomédicas, Escuela Mailman de Salud Pública, Universidad de Columbia; Profesor de Medicina Social, Instituto de Medicina Social, Universidad Estatal de Río de Janeiro; y Presidente y Director de ABIA (Asociación Brasilera Interdisciplinaria sobre SIDA).
Miriam Maluwa,  Consultora en Leyes y Derechos Humanos, Programa de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA, Ginebra, Suiza.
E-mail: Peter  Aggleton: peter.aggleton@btinternet.com
Traducción (versión de Inglés a Español): Lic. Loraine Ledón Llanes.
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Presentación oral
La seropositividad al VIH como identidad social y política en Brasil*

Por Veriano Terto

Para empezar a hablar sobre la seropositivad como posibilidad de una identidad social y politica en Brasil, debemos  refenciar cómo el SIDA en Brasil y en otras partes del mundo ha reconceptualizado una serie de identidades sociales y ha creado otras, entre ellas los seropositivos, que a partir de su condición diagnóstica, o sea la seropositividad al VIH,  surgen como sujetos políticos y sociales. El sida cuando surgió en nuestros países en los años 80 algunas poblaciones fueron más afectadas, como las prostitutas, los usuarios de drogas inyectables (UDIs,) los hemofílicos, los homosexuales. Todos estos grupos,  los que fueron llamados "grupos de riesgo", pasaron y pasan por una reconceptualizacion identitaria  por los efectos e impactos de la epidemia sobre sus vidas colectivas e individuales, sobre su forma de  proyectarse socialmente y movilizarse politicamente.

En los años 70 la expresión “trabajador sexual” casi no existía. Hoy dia las prostitutas y prostitutos son llamados de trabajadores sexuales, aunque entre ellos mismos no haya un consenso sobre el uso de esta nominación. Con relación a los UDI (usuarios de drogas inyectables) antes se llamaban viciados, junkies. Hoy ya son llamados "usuarios de drogas inyectables", denominación que busca romper com los significados estigmatizantes de crimen, marginalidad, clandestinidad relacionados al uso de drogas. Son nuevos actores  sociales y políticos que, a partir de su reacción al impacto provocado por la epidemia, vemos surgir cada dia en la prensa y organizados en movimientos sociales.

Como actor fundamental del movimiento comunitario del sida está el seropositivo,  figura política y social que aparece no más como un enfermo, un paciente, pero como sujeto actuando activa y colectivamente  sobre los  factores culturales y políticos relacionados a la epidemia en sus diferentes países y comunidades. La movilización de las personas seropositivas acontece de acuerdo a factores políticos y culturales própios de cada contexto donde la epidemia surge. En algunos países africanos por ejemplo como Uganda, la organización de los seropositivos fue mas basada y orientada para el refuerzo de los lazos familiares de las personas afectadas por el virus. La forma como los seropositivos se han organizado y se han proyectado socialmente, en cuanto a tal, tuvo que ver mucho mas con esa relación al refuerzo a lazos familiares y comunitarios.

En Cuba, la epidemia llegó inicialmente tratada como una epidemia que venía desde afuera, muy fuertemente marcada con esa representación de ajeno, extranjero, amenaza externa. Los primeros casos fueron diagnosticados mayormente en militares internacionalistas que venían de la guerra en Angola, de ahí  formó toda  una estratégia para enfrentar la epidemia como forma de defender el país  de posibles enemigos. Toda esa concepción militarista de seguridad nacional influenció en que la primera respuesta que fuera dada no por los médicos civiles o  por sectores de la sociedad civil, pero sí por los sectores militares de salud. Eso resultó en Cuba en la implementación de un sistema sanatorial como forma de enfrentar la epidemia, o sea, ingresar a los diagnosticados en sanatorios, apartandolos y aislandolos del resto de la sociedad. El primer sanatorio fue en una instalación militar en que eran ingresados los militares y civiles infectados por el VIH. Estos ejemplos son más que nada para reforzar la importancia del contexto cultural y político en  determinar la forma de organización de las respuestas y la forma de movilización de aquellos más afectados.

Siguiendo con el ejemplo de Cuba, cuando la gente seropositiva se organizó en comienzos de los 90 fue para, entre otros objetivos,  cambiar el sistema sanatorial. Hasta los dias de hoy hay un grupo que se llama GPSIDA (Grupo de Prevención al  SIDA) y que es un grupo que surgió precisamente para tratar de abrir, reformar ese sistema sanatorial y proponer otra forma de atención y de visión sobre la persona seropositiva. Para eso las propias personas seropositivas se organizaron y reaccionaron reinvindicando participación, integración y el fin de la exclusión del resto de la sociedad.

En Brasil,  la forma que la gente seropositiva se organizó fue también y está muy relacionada con el contexto político social del país en finales de los años 80, contexto éste caracterizado por un movimiento por la redemocratizacion del país, de salida de una dictadura militar y de reorganización política, incluso de reubicación de los brasileños como ciudadanos plenos y participativos de los destinos de la sociedad. En los años 80 hubo un momento marcante que fue la elaboración y entrada en vigencia de la Constitución actual, que es del año 88, y que garantizó, entre otras cosas, artículos  importantes como el derecho a la vida, la salud como un derecho universal, la no-discriminación por raza, por genero. Fueron pasos decisivos hacia la democracia y para la garantia de derechos básicos. El sida recién se revelaba como una catástrofe y una Constitución con tales derechos fue un  factor fundamental en la conformación de la repuesta comunitária y para la movilización seropositiva en el final de aquella década  y en la siguiente.

En Brasil la organización de las personas seropositivas se orientó en dos concepciones: una más universal y una que llamaría como más especifica. La concepción más universal apareció en el año 89, aunque prácticamente las dos aparecen simultaneamente en fines de los años 80. La concepción  universal, voy a hablar primero de ella, es una concepción que fue planteada por Herbert Daniel, que era director de ABIA (Asociación Brasileña Interdisciplinaria de SIDA), el propio recién diagnosticado seropositivo. Daniel también fue un militante de las organizaciones de izquierda durante el final de los años 60 y comienzo de los 70,  periodo mas duro de la dictadura militar en Brasil. Fue un líder bastante expresivo en el campo de los derechos sexuales y por las libertades sexuales en Brasil en los años 80. Daniel fue diagnosticado como seropositivo en el año 89 ya trabajando en ABIA. Toda su trayectoria politica, que venia desde el periodo de la clandestinidad durante la dictadura, después el periodo de exilio en Europa, el regreso a Brasil, su involucramiento en los procesos de transición  democrática, de lucha por una sociedad mas justa y por la participación ciudadana, desde una perspectiva de la homosexualidad, fue determinante en la forma que Daniel reaccionó al diagnóstico y planteó una plataforma politica a partir de la experiencia com el virus y que fue adoptada por el grupo por él fundado, el Grupo pela VIDDA (Valorización Integración y Dignidad del Enfermo de SIDA). Actualmente son 5 grupos, distribuídas en cinco ciudades brasileras, Sao Pablo, Goiânia, Curitiba, Rió y Niteroi.

Esa perspectiva universal decía que la persona seropositiva era toda la humanidad,  es decir por el simple hecho de que el sida afectaba a toda la humanidad, eso era suficiente para amenazar a la humanidad no solamente por la muerte física y por la enfermedad, pero también por toda la discriminación, por toda la ola de prejuicios que la epidemia alimentaba y reencendía, y que puede ser tan fatal y mortal como los efectos del VIH en un organismo infectado.  Eso como que nos colocaba a todos nosotros de alguna forma viviendo con VIH SIDA, es decir quien vive con VIH sida sería toda la humanidad, por que el sida es un problema que  afectaba todo el planeta, toda la humanidad. No que el grupo no trabajara las cuestiones de los seropositivos, pero el foco principal era la promoción de la solidaridad, la manera más efectiva de combatir el vírus, para promover la prevención, la garantia de derechos y una atención digna de forma colectiva y participativa.

Dentro de la organización fundada por Daniel para los cargos de dirección no se discriminaba entre los que eran seropositivos de los que eran seronegativos. Lo que importaba era la solidaridad, o sea, la participación de todos a partir del  respeto a las diferencias, luchando por una ciudadanía plena, que no era solo la de los seropositivos, pero de todos aquellos en situación de vulnerabilidad. Daniel propuso también dentro de su concepción universalista el concepto de muerte civil, que seria el efecto de la discriminación y de los prejuicios que alijaban la persona seropositiva de sus derechos más básicos, el derecho al trabajo, el derecho a la vivienda, a la salud, a la vida, y que causaban todos los casos de discriminaciones que ya conocemos y que se caracteriza como una muerte civil, es decir la persona moría socialmente. La forma de enfrentar eso era a través de la solidaridad a través de la lucha por la ciudadanía, era a través de la afirmación y garantía de los derechos civiles.

Esa concepción fue mayormente adoptada por las ONG/SIDA brasileñas. Es una visión basicamente política y fue fundamental para la organización de las ONG en el país  y para la movilización de las personas seropositivas. En el año 89 por ocasión del II Encuentro Nacional de Personas ONGs/SIDA en Brasil en la ciudad de Porto Alegre fue aprobada por las 50 organizaciones presentes la Declaración de los Derechos de la Persona Viviendo con VIH/SIDA. En aquél momento se concretó el aparecimiento de la persona seropositiva como un actor político, incluso con sus derechos necesidades e intereses políticos propios, pero que antes que nada reflejaban intereses de toda la humanidad.

Paralela a la concepción más universal, surgió una concepción más específica que decía que el seropositivo era la persona que tenia el virus, era la persona que había pasado por la prueba anti-VIH y resultaba diagnosticada seropositiva. Era una concepción que valoraba mucho mas el momento del diagnostico y buscaba trabajar sus significados y enfrentar sus consecuencias, como toda la crisis que se seguía al diagnostico. Era una concepción mucho más centrada en el individuo, con mucho énfasis en el bienestar de la persona en la situación clínica. Esa concepción no nacío dentro de una ONG, pero sí dentro de los ambulatorios y de los hospitales donde las personas cero positivas acudían para buscar servicios médicos, y ahí mismo empezaron a organizarse, incluso llegando a crear posteriormente  ONGs y grupos fuera de la instalación hospitalaria, para enfrentar individual y colectivamente todas esas cuestiones, las angustias, las incertidumbres de la condición seropositiva y como gerenciar esa nueva vida con el diagnostico. Podríamos decir que era un poco mas asistencialista, porque buscaba brindar asistencia para las personas y no tanto, cómo la anterior, de buscar movilizar los seropositivos  y tratar de dar una respuesta política a las consecuencias impuestas por el VIH.

Esas dos concepciones fueron las que orientaron la organización  social y política en el ámbito comunitario de las personas seropositivas en los finales de los 80 y la primera mitad de los 90. Sin embargo, a lo largo de la nueva década, ambas concepciones van transformarse, según una serie de acontecimientos.

La comprobación científica de la efectividad de las combinaciones de diferentes antiretrovirales en el tratamiento del SIDA a partir del año 95, cambió radicalmente el tratamiento del VIH. El sida dejaba de ser una enfermedad fatal para ser una enfermedad tratable, incluso con una perspectiva de cronificación, para aquellos que pudieran acceder al tratamiento.  Esto cambió los significados y representaciones sociales de la seropositividad. Especificamente hablando sobre Brasil, la entrada en vigencia de la Ley 9313 en 1996 que garantizaba el acceso universal a todos los medicamentos necesarios al tratamiento del VIH/SIDA incluyendo los antiretrovirales, fue un hecho importante, ya que todos aquellos que necesitaban de tratamiento pasaron a recibirlo de forma gratuita y continua, lo que significó una caída en las tasas de mortalidad y una mejor calidad de vida para los seropositivos, lo que pasaba a significar que  era posible realmente "vivir con el VIH". 

Un  hecho marcante en el ámbito comunitario  fue la creación en 1995 de la Red Nacional de Personas Viviendo con VIH/SIDA (RNP+), que nació como una red de personas viviendo con SIDA y ya no más de organizaciones institucionalizadas, como las ONGs. También trajo en su fundación una crítica a las ONGs/SIDA, incluyendo aquellas dedicadas más directamente a los seropositivos. Eran criticadas la profesionalización y la burocratización de la ONGs que estarían cambiando  toda una serie de relaciones que antes eran enfocadas en una idea de solidaridad y que estaría siendo reemplazada por esa necesidad de burocratización. Como forma de  acceder y manejar los recursos escasos y condicionados por una serie de procedimientos exigidos por los donantes, una organización mucho más profesionalizada era exigida y aquellos primeros lazos mucho más basados en solidaridad, en reconocimiento y relaciones personales, pasaron a ser reemplazados por relaciones más orientadas por jerarquías, puestos y  funciones.

Esto  pudo haber causado problemas políticos dentro de algunas organizaciones con gran número de seropositivos ya que por ejemplo muchos miembros, independiente de su estado serologico, pasaban a ocupar cargos de dirección, según su capacidad profesional. Esto llevó a debates internos, ya que más que ser un lugar de representación política y de visibilidad para los seropositivos, algunas organizaciones estarían trasformándose en un mercado de trabajo para seronegativos. 

Otros cuestionamientos planteaban cual sería el lugar y la representación política de los seropositivos dentro de las ONG y qué hacían efectivamente las ONG por las  personas cero positivas. La concepción más universal fue fuertemente cuestionaba, por defensores de una concepción más específica, ya que la falta de distinción entre seronegativos y seropositivos no estaría resultando en fortalecimiento político de los seropositivos. Por otro lado, defensores de una concepción más universal decían que ampliar la distinción significaría más sectarismo en el movimiento comunitario, sería una nueva forma de discriminación y el mundo sería dividido entre seropostivos y seronegativos.

Tras este debate interno al movimiento social del SIDA sobre el lugar de este sujeto, el seropositivo, lo que cambiaba radicalmente, incluso para ambas concepciones comentadas anteriormente,  era el sentido de lo que era vivir con el VIH SIDA. La vida con SIDA dejaba de ser una administración de la enfermedad y un preparo para una muerte eminente e inevitable Con los nuevos  medicamentos la enfermedad y la muerte dejaban de definir la relación con los seropositivos y el sentido de sus vidas. La vida con SIDA, antes de la muerte, de que tanto hablaba Herbert Daniel en su libro Vida Antes da Morte, se volvía de hecho una realidad. 

Nuevas necesidades y desafíos van a aparecer con los medicamentos, entre ellos, por ejemplo, la serodiscordancia entre parejas, cuando uno está diagnosticado seropositivo y el otro no,  cuestión que al comienzo de los años 90 poco se hablaba, talvez porque las personas seropositivas tenían otras emergencias, como la enfermedad avanzada, pérdida de trabajo, la muerte eminente. Con los medicamentos las personas tuvieron que reorganizar sus vidas, sexuales, profesionales, sociales, familiares etc. Los que eran adolescentes en la época del diagnóstico, crecieron y pensaron en estudiar, trabajar, casarse, tener pareja, hijos en fin en toda una serie de necesidades nuevas que aparecieron y que vienen obligando las propias personas seropositivas y las ONGs a reubicarse social y políticamente frente a los nuevos significados y demandas de la seropositividad.

El propio tratamiento es una cuestión compleja, pues para que sea bien sucedido necesita de una buena adhesión, o sea, tomar los medicamentos en la hora correcta, en la dosis y con la dieta recomendada por largos períodos de tiempo de la vida del usuario. Tomar los medicamentos por toda una vida y de forma correcta impone sus dificultades, como los efectos secundarios, entre ellos la lipodistrofia y las alteraciones corporales -  la imagen corporal de la persona cambia porque el metabolismo de la grasa es alterado por los antiretrovirales y habiendo acumulo de grasa en determinadas partes del cuerpo, mientras que en otras hay pérdida de la masa muscular mas fina, los brazos quedan finos, entre otros efectos. En la sangre, según la combinación de antiretrovirales hay aumento de los triglicéridos, colesterol. ¿Cómo manejar estos efectos e impactos?
Son miles de  personas que pasan no mas a morir de sida pero a vivir de hecho una existencia con SIDA reorganizando sus valores éticos y morales, construyéndose a partir de intereses políticos y sociales propios y a partir de sus otras identidades y situaciones, culturales sociales y políticas, sean homosexuales, heterosexuales, negros, blancos, mulatos, pobres, clase media etc. Una cosa son los seropositivos homosexuales, cuyas experiencias anteriores de movilización política contra la discriminación y de coming out (asumirse como públicamente como homosexual) pueden haber sido de ayuda para la conformación de sí mismos como sujetos seropositivos.

Otra cosa son las mujeres seropositivas que traen otras especificidades y que construyen su seropositividad de acuerdo con su vida y a su condición de mujeres jóvenes, o mujeres casadas, mujeres solteras, madres, trabajadoras entres otras especificidades. Otra cosa seria los travestís o transexuales, los usuarios de drogas inyectables o hemofílicos, estos últimos fuertemente afectados en los primeros años de la epidemia hasta que el control de la sangre transfundida se estableció y  las nuevas infecciones muertes por SIDA pudieron pasar a ser evitadas entre ellos.

La seropositividad como identidad se sobrepone a toda una serie de otras identidades y condiciones que los sujetos traen consigo y que son renegociadas en la construcción de este nuevo sujeto.

Para concluir, la propuesta de esta ponencia fue abordar las condiciones históricas, políticas y culturales involucradas en la construcción  de este sujeto o actor social, el seropositivo. No se trata de descubrir una nueva  identidad, pero lanzar luz sobre las condiciones históricas, políticas y culturales cultural y los procesos de negociación entre individuos y estas mismas condiciones.

Actualmente ya no se puede decir que las dos concepciones acá comentadas sigan orientando la movilización de las personas seropositivas, pero seguramente las contribuciones de las primeras organizaciones de personas viviendo con VIH/SIDA, advenidas tanto de una como de otra concepción, siguen como referencias para el enfrentamiento de las nuevas demandas impuestas por el VIH y las cuestiones de la vida con SIDA. Creo incluso que las lecciones y cuestiones  planteadas aquí sean válidas para discutir, no apenas el caso de los seropositivos, pero también como enfermos diagnosticados con otras patologías estarían organizandose políticamente en la actualidad, entre ellos, las mujeres mastectomisadas, los renales, los hansenianos, que a partir de su diagnóstico y sus consecuencias  se están movilizando colectivamente y proyectándose en la sociedad no más y apenas como pacientes, pasivos y pasibles de cuidados de  terceros, pero como sujetos  políticos dueños de su propia historia y como ciudadanos plenos en el goce de sus derechos y deberes.

Lima, 29/11/2002
*Esta fue la Presentación oral del autor en el Seminario Especial "La Epidemia de SIDA: Prioridades de la Agenda Social y Política" organizado por la Universidad Peruana Cayetano Heredia, Facultad de Salud Pública, Maestría en Género, Sexualidad y Salud Reproductiva en la ciudad de Lima los días 28 y 29 de noviembre de 2002.


Sobre el autor
Veriano Terto Jr.
Es Coordinador General de ABIA (en licencia)
Pesquisador Visitante
PPGAS/NUPACS/FAPERGS/UFRGS
e-mail: vterto@portoweb.com.br
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Vulnerabilidad de hombres gays y hombres que tienen sexo con hombres (HSH) frente a la epidemia del VIH/SIDA en América Latina: La otra historia de la masculinidad
José Toro-Alfonso*

Resumen
Numerosas investigaciones relacionadas con la vulnerabilidad de los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) con respecto a la infección por VIH y Sida,  indican que existen factores individuales que contribuyen a esta vulnerabilidad.  Desde diversas dimensiones, este articulo aborda estas vulnerabilidades que van desde lo individual a lo estructural, contándose entre estas dimensiones:  la pobreza, las masculinidades hegemónicas y el poder, la transgresión de género, la marginalidad social. Los temas de discriminación y estigmatización de HSH llevan entonces a otras dimensiones de la vulnerabilidad: a las implicancias sociales que tiene la práctica sexual entre hombres y su impacto en la vida individual de las personas.

Urge que los programas de prevención, atención y apoyo en VIH/SIDA esten acompañados de acciones que promuevan la igualdad y la no discriminación y a la vez, desarrollar espacios legales donde se fortalezca la plena ciudadanía de los hombres homosexuales y HSH. Se amplía esta urgencia a las tareas que deben asumir en este campo el personal de salud, el educativo y la sociedad en su conjunto.

Introducción
La epidemia de la infección del VIH y el SIDA ha impactado de forma desproporcionada a las comunidades de hombres gay y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH).  Los datos epidemiológicos en la mayoría de los países de América Latina señalan a estos grupos como los más afectados. 

Entrado el siglo XXI, la epidemia sigue siendo la causa principal de muerte en hombres homosexuales (incluyendo muchos jóvenes) a través de todo el hemisferio.  A pesar de la enorme cantidad de investigaciones realizadas para entender la epidemia y entender los mecanismos de infección y transmisión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), éste sigue ocultándose en sectores significativos de nuestra sociedad (Izazola, Astarloa, Belloqui, Bronfman, Chéquer y Zacarías, 1999).  Las personas que viven con VIH/SIDA continúan atravesando por situaciones deplorables que permiten el rechazo y la marginación de personas viviendo con VIH o de las que se sospecha pudieran estar infectadas por el virus (CDC, 2001). 

Existe todo un conglomerado de factores que colocan a la población homosexual como blanco continuo y casi preferente de esta epidemia.  Entendiendo que biológicamente, en términos constitutivos, no existen condiciones que predispongan particularmente a los homosexuales a la infección por el VIH, debemos pensar que existen otros factores que vulnerabilizan a esta población.  Entender y tomar en consideración estas vulnerabilidades podría ser la respuesta para el desarrollo de programas de intervención que resulten en el éxito que millones de dólares invertidos hasta ahora no han logrando.

Vulnerabilidad individual
Numerosas investigaciones relacionadas con la vulnerabilidad de los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) con respecto a la infección por VIH indican que existen factores individuales que contribuyen a esta vulnerabilidad.  Entre estos factores se ha identificado los niveles de autoestima, la homofobia internalizada y dificultades para establecer intimidad, entre otras (Schifter, 1998a).
 
Varias investigaciones han identificado la dimensión del abuso sexual en la infancia como elemento que puede contribuir a la dificultad para establecer fronteras e intimidad apropiada en las relaciones.  En los Estados Unidos de América, algunas investigaciones han establecido que principalmente los hombres hispanos que informaban actividad sexual no deseada durante la infancia mostraban una mayor frecuencia de conducta sexual arriesgada en la adultez, mayor número de parejas sexuales, mayor incursión en la industria del sexo y problemas con el alcohol y el abuso de drogas (Carballo-Diéguez, 1998; Dilorio, Hartwell y Hansen, 2002). 

Muchos estudios han mencionado que existe una correlación entre los niveles de auto rechazo del hombre homosexual y sus niveles de conducta sexual arriesgada (Díaz, 1997).  Los niveles de homofobia internalizada pueden estar relacionados con la comodidad con que la persona maneje su sexualidad y establezca relaciones adecuadas (Pharr, 1997; Schifter, 1998a). Algunos autores indican que la homofobia puede ser un obstáculo enorme en el proceso de desarrollo de una conducta sexual no arriesgada (Toro-Alfonso, 1997).
 
Vulnerabilidad estructural
Herek y sus colaboradores (1999; 1997) han realizado múltiples investigaciones relacionando el estigma asociado a la enfermedad y la vulnerabilización de los homosexuales ante la epidemia.  Los temas de discriminación y estigmatización de HSH nos llevan entonces a otras dimensiones de la vulnerabilidad: no ya la fragilidad individual sino las implicancias sociales que tiene la práctica sexual entre hombres y su impacto en la vida individual de las personas.

Es entonces que cobra importancia el examen de los factores estructurales que producen, aumentan o inciden en la vulnerabilidad de estas comunidades.  Una de las dimensiones importantes es la pobreza (González-Block & Liguori, 1992). En muchos países en donde la epidemia ha impactado desproporcionadamente a la comunidad de HSH, se observa una clara relación del incremento de la epidemia con variables como mayores niveles de pobreza, limitado acceso a información y servicios de salud, y prevalencia de comercio sexual (Ayala & Díaz, 2001; ONUSIDA, 2000).
 
La discriminación fomentada en una visión unívoca de la masculinidad y de cómo los hombres deben relacionarse entre sí obliga a los hombres que tienen sexo con hombres a la exclusión individual y social.  La fuerza de la masculinidad hegemónica se convierte en la fuente principal de la vulnerabilidad de los hombres latinoamericanos que tienen sexo con hombres.

Las masculinidades hegemónicas y el poder
No hay lugar a dudas en cuanto a que el género atraviesa una multiplicidad de relaciones sociales, tales como las de clase social, raza / etnia, y educación.  El género como forma de ordenamiento de la práctica social se sobrepone al destino de la biología precisamente porque la biología no determina lo social (Connell, 1987).  La práctica social, por otro lado, es creativa pero no autónoma. Responde a situaciones particulares y se genera dentro de las estructuras definidas de las relaciones sociales.

Estas relaciones están cimentadas bajo el eje principal de las relaciones de poder que consolidan la subordinación de la mujer y la dominación de los hombres.  Esta estructura de relación permite el imaginario de una masculinidad hegemónica, masculinidad que ningún hombre vive realmente, pero de la cual todos obtenemos dividendos. 

El poder de la masculinidad se impone claramente por medio de la intimidación y la violencia.  “Una jerarquía completamente legítima tendría menos necesidad de intimidar” (Connell, 1987, p. 45).  La masculinidad delata  su propia ilegitimidad cuando se impone individual y socialmente como se ha hecho por siglos.

Desde que excluye en su constitución todo rasgo de homosexualidad, la masculinidad hegemónica hace socialmente aceptable que se agreda emocional y físicamente a los hombres gay y otros HSH.  Como parte de los juegos del poder, se resguarda con la agresión y hasta la eliminación de aquellos que amenazan su hegemonía.

Las contradicciones de la masculinidad: El deseo homoerótico
La masculinidad hegemónica también se inserta en las relaciones sexuales entre hombres.  El tema de la homosexualidad y de la conducta homosexual en nuestras culturas, propuesto de un modo directo o como material de debate social, convoca al silencio o al rechazo, sobre todo cuando los locutores son hombres (Guajardo, 2000;  Bohan, 1996). 

La contradicción entre la identidad y la conducta nos propone un análisis distinto sobre el asunto de las homosexualidades.  Castañeda (2000) nos indica que “el homosexual no siempre es homosexual;  el heterosexual, sí.” (p. 21).  El heterosexual se ha formado como tal y es más consistentemente heterosexual. La autora asume que los homosexuales toman “conciencia” de su orientación sexual sobre la marcha de su vida y probablemente definan su orientación sexual desde la heterosexualidad.  Sin embargo los límites entre la homosexualidad y la heterosexualidad se han vuelto menos claros (Broido, 2000;  Madrigal,1998), constituyendo identidades híbridas,  como las llamará Carrillo (1999).

Por otro lado consistentemente vemos que los estudios etnográficos realizados en poblaciones de hombres que tienen sexo con hombres en América Latina describen el discurso de los entrevistados en el contexto de la confluencia de orientación sexual y género. Cáceres (1999) nos habla de los limeños, González y Liguori (1998) sobre México, Schifter (1998a) sobre Costa Rica, De Moya (1998) sobre la República Dominicana, Parker (1999) sobre Brasil y Ramírez (1996) sobre Puerto Rico; en todos vemos los discursos de los hombres con respecto a la homosexualidad dentro del contexto del afeminamiento y la pasividad sexual.  Llamémosles cacheros, bugarrones, fletes, bugas…, los personajes así descritos son hombres que tienen sexo con hombres pero que mantienen su adscripción a la masculinidad hegemónica al limitarse a la penetración activa y el dominio.

La literatura sobre las homosexualidades en algunos países en desarrollo describe en detalle la polarización basada en los géneros que observamos en la conducta sexual entre hombres (Harding, 1998) aún en el contexto de la industria sexual (Perlongher, 1999).  Murray (1995) describe detalladamente la conducta sexual entre los hombres latinoamericanos como cimentada en los roles sexuales tradicionales donde el “hombre” es el que penetra y la “mujer” es penetrada.  Igual tesis han planteado Carrier (1971; 1985) y Díaz (1997) sobre el impacto de la homofobia en el desarrollo de las identidades.  La literatura latinoamericana no ha estado exenta del análisis de los roles sexuales, clase social y homosexualidad, como observamos en los trabajos de Bejel (2001),  Parker (1999), Navarro y Stimpson (1999), y Parker y Gagnon (1995). Entonces la esencia de la homosexualidad urbana y anglosajona se reproduce en el imaginario del ghetto globalizado, mientras que en el seno de nuestras sociedades observamos y describimos otras culturas sexuales que rigen la vida de los demás hombres que tienen sexo con hombres (Fernández-Alemany & Sciolla, 1999; Murray, 1998; Schifter, 1997; Schifter & Madrigal, 1996).

La vulnerabilidad de la transgresión del género
Dentro de esta constelación de identidades sexuales encontramos a personas que se resisten a aceptar la biología como destino.  Por ejemplo, algunos hombres, que nacen con estructuras biológicas masculinas, se construyen como mujeres y optan por enfrentar a la sociedad como transgresores del género.  Transgénero es el concepto sombrilla que se emplea para describir a toda persona que desafía los papeles sexuales tradicionales y que abarca la diversidad de expresiones de género incluyendo desde diversas manifestaciones de la moda hasta los drags, andróginos, travestis, transformistas, intersexuales y transexuales (Bocking, Robinson & Rosser, 1998).

Existe amplia evidencia de la particular vulnerabilidad de la población de hombres transgéneros y transexuales para la infección con el VIH. Esta vulnerabilidad se hace más evidente dentro de las poblaciones de hombres que tienen sexo con hombres en América Latina o en poblaciones de inmigrantes en los Estados Unidos (Bocking, et al, 1998; Parker, 1999; Schifter, 1999; Sykes, 1999; Toro-Alfonso, 1995).  La etnia se combina con el género para que los hombres que tienen sexo con hombres aumenten sus riesgos frente a la infección por VIH (Díaz, Ayala, Bein, Henne y Marín, 2001).

La vulnerabilidad del margen social
El ser relegado a los márgenes sociales genera vulnerabilidad.  La exclusión y la marginalidad en la que la sociedad coloca a los hombres que tienen sexo con hombres marcan el camino hacia la enfermedad y la carencia.  Las investigaciones recientes han demostrado que, más allá de la fragilidad individual, son la percepción de aislamiento social, la ausencia de apoyo social, y la fragilidad o inexistencia de organización política y empoderamiento social lo que genera la vulnerabilidad.  “Si no hay espacio público, lo privado se devalúa” (Corporación Chilena de Prevención del SIDA, 1997, p. 42).

Nunca frente a una epidemia ha sido más urgente la necesidad de recuperar de los márgenes a las poblaciones vulnerables para que puedan tomar control sobre su salud y sus vidas. La organización comunitaria y el empoderamiento social constituyen una estrategia fundamental para acercarnos a la salud pública frente a la epidemia del VIH y el SIDA (Altman, 1994; Bianco, 1999;  Kalichman, Somalí y Sikkema, 2001; Vangorder, 1995).  El Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el SIDA ha reconocido que “las tasas de infección por el VIH entre HSH han disminuido principalmente gracias a las actividades de las propias organizaciones de varones homosexuales” (ONUSIDA, 2000, p. 6) haciendo evidente la ventaja del estar organizados en el enfrentamiento de la epidemia (UNAIDS, 2001).

En el margen social las relaciones se convierten en mercancía.  La necesidad de la supervivencia convierte en transacciones las relaciones de intimidad.  Estas interacciones pueden ser por dinero o por favores particulares (Aráuz, Ortells, Morales, Guevara & Shedlin, 1997). Por otro lado, el alcohol y las drogas se transforman en compañeros de fiesta un poco para alegrar los encuentros y otro para amortiguar el remordimiento y la presión de la industria sexual.  Es posible que el alcohol y las drogas sean necesarias para entrar en un estado alterado de la conciencia para enfrentar las presiones de la cotidianeidad y del intercambio sexual (Shifter, 1998a).

Unidos a la peligrosidad y el riesgo del ghetto comercial, la persecución policíaca y la discriminación y el hostigamiento de las instituciones judiciales completan el destino de muchos hombres que tienen sexo con hombres.  La cárcel, el juzgado y la represión policial son muy conocidos en estos ambientes.  A pesar de que en muchos países latinoamericanos no existe ninguna penalidad oficial contra la conducta sexual entre hombres, la realidad es que los códigos de sodomía se mantienen en el imaginario social.  “La falta de penalidad legal no quita, ni le hace, a la penalidad social que es la que aterra y neurotiza, deformando a las personas” (Ugarte, 1999, p. 78).

De la exclusión a la plena ciudadanía
Es imposible desarrollar programas de promoción de la salud y reducción de riesgo para la epidemia del VIH dentro del contexto de la exclusión y la violación de los derechos humanos.  Los derechos sexuales son derechos humanos. 
La marginación, la pobreza, la falta de acceso a servicios de salud, y el no reconocimiento de la variedad de identidades, llevados en ocasiones hasta el asesinato, son violaciones de los derechos a la plena ciudadanía de los hombres gay y otros hombres que tienen sexo con hombres (Díaz, Ayala & Marín, 2000).  Las violaciones a la plena ciudadanía son constantes y generalizadas en  nuestros países y la bruta realidad es que estas situaciones conmueven poco al resto de la comunidad.  Aún en países en donde la protección a la diversidad sexual estaría garantizada por la constitución, la población de hombres que tienen sexo con hombres reconoce su propia vulnerabilidad y sus niveles de riesgo ante la agresión social.

De la vulnerabilidad a la fortaleza
Aún desde la marginalidad y la vulnerabilidad, la población homosexual posee una historia colectiva que se remonta a los inicios de la epidemia.  Las comunidades gay conocen por experiencia personal y organizativa, los significados de la  lucha contra el SIDA.  En muchos países como Brasil, Argentina y México, las organizaciones no gubernamentales desarrolladas por y para la población homosexual, recogen más de veinte años de experiencia en el desarrollo de esfuerzos de prevención y de atención a las personas que viven con el VIH (Lumsden, 1991; Parker, 2001; Daniel & Parker, 1993; Ministerio de Salud del Brasil, 2000).  En América Latina las primeras movilizaciones en la lucha contra el SIDA se dieron desde las organizaciones no-gubernamentales desarrolladas por las poblaciones homo y bisexuales.  Esta experiencia debe ser reconocida y apoyada en su sostenimiento, e incluso puede ayudar en el trabajo con otros segmentos marginados y excluidos socialmente.

Todos los seres humanos tienen derecho a la vida plena, y la diversidad en orientaciones e identidades sexuales no debe representar un obstáculo para la felicidad.  Los gobiernos y sus instituciones hacen un débil servicio a la comunidad cuando no reconocen la responsabilidad que les corresponde.  Se hace inaplazable que se establezcan límites a las intervenciones policíacas y a la actitud permisiva y tolerante que permite a las mayorías agredir y marginar a los HSH.  Es importante reconocer que “los hombres que tienen sexo con hombres enfrentan discriminación social, cultural y a veces, legal y económica debido a su comportamiento sexual.  Los programas de prevención, atención y apoyo en VIH/SIDA deben estar acompañados de actividades que promuevan la igualdad y no la discriminación” (ONUSIDA, 1999, p. 9).

Es imprescindible desarrollar espacios legales en donde se fortalezca la plena ciudadanía de los hombres homosexuales y HSH.  Es necesario educar a los profesionales de la salud para que se sensibilizen a la realidad y las necesidades particulares de este sector.   Las organizaciones comunitarias deben tener el apoyo suficiente para continuar desarrollando programas por y para la comunidad de HSH.  Fortalecer la organización comunitaria y las redes de apoyo social es una intervención importante para la salud pública.


Referencias

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Sobre el autor
*José Toro-Alfonso es profesor de psicología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, en donde enseña cursos de postgrado en sexualidad, familia, evaluación de programas y ética en la investigación.  Como investigador trabaja temas relacionados al género, masculinidad, transgéneros, homo/bisexuales, violencia doméstica en parejas gay, prevención de VIH, estigma, redes de apoyo para personas seropositivas y adherencia al tratamiento. 
Para comunicarse con el autor  jtoro@rrpac.upr.clu.edu
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