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Nº1 Año 1 |
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EDITORIAL
LANZANDO UN SITIO WEB SOBRE CIUDADANIA SEXUAL:
TRABAJANDO POR LAS SEXUALIDADES, LA SALUD Y LOS DERECHOS HUMANOS EN AMERICA
LATINA
Queremos darles la bienvenida a este nuevo sitio web. Aunque su tema central, el de la ciudadanía sexual, puede parecer muy teórico a algunos, esperamos que este espacio pueda permitir a quienes lo visiten y (esperamos) interactúen con él, conocer ideas nuevas, comunicar las suyas a otr@s, y a partir de las nuevas reflexiones, estar algo mejor preparados para vivir su sexualidad y ejercer sus derechos sexuales como sujetos autónomos.
La ciudadanía sexual tiene que ver con el reconocimiento de los demás al ejercicio de nuestros derechos sexuales. Los derechos sexuales tienen que ver con el ejercicio de nuestra sexualidad sin riesgos para nuestra salud, sin presiones ni coerción; con la posibilidad de buscar y experimentar placer sin temores ni culpabilidades; con la posibilidad de encontrar nuestros caminos sexuales aunque no sean los de la mayoría (es decir, reconociendo la diversidad de lo sexual); y con la posibilidad de ejercer nuestras opciones reproductivas de forma voluntaria. Los derechos sexuales incluyen los derechos reproductivos, y están reconocidos como derechos de la persona, aunque el camino para que todos asuman esta perspectiva está en construcción.
Este espacio mismo continúa, en parte, en construcción. Queremos que sea útil a la comunidad regional, y que contribuya a su crecimiento y a la formación de puentes entre grupos profesionales, entre académicos y activistas, y entre nacionales de varios países. Pero sus potencialidades dependen también de la participación y los aportes de todos. Por ello, la difusión que le puedan hacer, las colaboraciones que nos quieran proponer, así como los consejos que nos puedan dirigir, serán profundamente agradecidos.
Este sitio web, y el boletín a él vinculado, se relacionan con el Proyecto "Sexualidades, Salud y Derechos Humanos en América Latina", un proyecto que continúa la experiencia de la Red de Investigación en Sexualidades y VIH/SIDA en AL, la cual, con el apoyo de ONUSIDA y de OPS inició trabajo en esta línea hace unos pocos años. El actual proyecto resulta del apoyo de la Fundación Ford, y se ubica administrativamente en la Facultad de Salud Pública de la Universidad Cayetano Heredia, aunque cuenta con un Comité Asesor Regional con académicos y activistas de varios países de la región. Más aún, en la preparación del presente sitio web han participado, ya sea en la elaboración de los artículos del primer número del boletín, o en el acopio de información de los bancos de datos, un gran número de personas.
Nuevamente, bienvenid@s, y no duden en plantearse una participación activa en este sitio web.
SIDA: INICIANDO LA TERCERA DECADA
En buena parte de América Latina, los primeros casos de SIDA fueron detectados por el sistema de salud entre 1982 y 1984, por lo cual en el momento actual se inicia la tercera década de la epidemia entre nosotros, de manera casi general.
A nivel mundial, el SIDA continúa siendo una epidemia severa, que ha devastado amplias zonas del Africa (al punto de alterar significativamente sus perfiles demográficos y su economía), y que constituye una amenaza importante para países como India, China y Europa del Este. Por otro lado, desde hace más de un lustro el significado de la epidemia varió en el mundo "desarrollado", al reconocerse la disponibilidad de tratamientos antirretrovirales suficientemente efectivos como para convertir al SIDA prácticamente en una enfermedad crónica, a ser tratada de por vida, con una mortalidad drásticamente reducida y posibilidades de una mucho mejor calidad de vida, incluyendo la reintegración social. No obstante, el sistema de patentes plantea un costo muy alto para estos medicamentos, los cuales son financiados a través de los sistemas existentes en estos países, pero por mucho tiempo han sido considerados inalcanzables en los países en desarrollo.
La epidemia en la región tiene aspectos en común y, al mismo tiempo, importantes diferencias. Desde el punto de vista epidemiológico, la epidemia muestra indicios de generalización (aunque a niveles bajos) sobre todo en el Caribe y en América Central, mientras que en América del Sur y México se ve concentrada aún en la población de hombres que tienen sexo con hombres y, en el caso de Argentina, Brasil y Uruguay, también en usuarios de drogas inyectables. Estos patrones no significan que la algunos grupos estén libres de riesgo en ciertas zonas, pues es claro que cualquier persona puede ser afectada si asume prácticas riesgosas.
Desde el punto de vista de la respuesta social (que incluye tanto al Estado como a la sociedad civil), sabemos que la situación es diversa. Mientras algunos países de la región han tenido respuestas enérgicas y efectivas, otros han mostrado respuestas más débiles. Si bien ha existido cierta correlación entre la severidad de la epidemia y la respuesta social, el compromiso político con la salud y su visión como un derecho humano han sido fundamentales. Brasil representa un ejemplo de un país que, si bien tuvo una epidemia moderadamente agresiva, mostró una respuesta social marcada por compromisos políticos en la esfera de la visión de la salud como derecho, pero también en el respeto de los derechos sexuales. Desde la década de los ochentas implementó programas relativamente abiertos y modernos en el contexto regional, y cuando los nuevos tratamientos aparecieron en el mercado, tomó la histórica decisión de lanzar un programa de acceso universal cuyo margen de costo-beneficio fue haciéndose progresivamente más favorable, al bajar tanto la mortalidad como los costos de hospitalización de los usuarios.
El SIDA es un problema de salud pública que en buena medida ha transformado la relación entre la sociedad civil y la salud. Por un lado, ha sido casi una regla en los lugares en donde se ha extendido el que se vaya desplazando hacia grupos vulnerables, tales como minorías sexuales, personas pobres, migrantes, y mujeres. Este fenómeno tiene que ver con que las personas vulnerables suelen tener menor control sobre su sexualidad, o suelen tender a utilizar su cuerpo como instrumento de negociación e intercambio en situaciones difíciles, o cuando no tienen nada más que ofrecer. Por ello, crecientemente se reconoce que el estigma y la discriminación de las personas viviendo con VIH no sólo son un abuso de sus derechos humanos, sino que contribuyen a perpetuar, en ellas y sus comunidades de origen, muchas de las condiciones de exclusión social que probablemente favorecieron su adquisición de la infección. Así, el SIDA ha sido un buen ejemplo de cómo el estigma, la discriminación y la exclusión social tienen que ver con la salud. Por otro lado, la historia reciente del SIDA nos mostró el desarrollo de un movimiento de personas afectadas por un problema de salud que construyen una trayectoria de activismo sin precedentes para transformar las condiciones de vida de las personas viviendo con VIH, logrando influir en la investigación terapéutica y en la práctica médica (incluyendo la relación de los médicos y sus no tan "pacientes").
La historia es, así, irónica. El SIDA ha representado, y aún representa, una epidemia devastadora para la humanidad. Sin embargo, ha generado dinámicas sociales que, con algo de suerte, pero sobre todo con el compromiso político de muchos, pueden contribuir a que el mundo sea mejor, a través de una mejor práctica ciudadana de mayor participación en la gestión de su salud (sobre la base del diálogo informado con los médicos), y a través de un mayor respeto en general a los derechos humanos, que afecten drásticamente los nocivos mecanismos de exclusión social que aún crean tantas diferencias entre las personas.
Carlos F. Cáceres
Coordinador