Nº11 Año 2
 
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ARTICULOS &
ENTREVISTAS

Artículos 
  1. Mujeres en Situación de Prostitución: ¿Trabajo o Esclavitud sexual?
    Por Cecilia Lipszyc.
 
  1. A batalha e o corpo: Breves reflexões sobre travestis e prostituição.
    Por Marcos Benedetti.
Entrevistas
  1. Trabajo sexual y prostitución:
    Visibilizando reflexiones, esfuerzos y divergencias.

    Entrevistas a Elena Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México); Angela Villón (Perú).
 

Artículos 

Mujeres en Situación de Prostitución:
¿Trabajo o Esclavitud sexual?. [1]

Por Cecilia Lipszyc

RESUMEN
En este artículo la autora aborda el tema hoy recurrente de denominar “trabajo sexual” a las mujeres en situación de prostitución. Se expone una postura contraria a esta denominación en base al pensamiento feminista que aborda la explotación sexual de las mujeres como un maximum de la violencia contra las mujeres y una violación a los derechos humanos de las mismas. Se cuestiona al contractualismo en que se basa esta nueva denominación y se considera que este lenguaje sólo esconde y legitima el tráfico, la trata y el proxenetismo, dado que, como sabemos el lenguaje no es neutral, y detrás de toda esta “modernización” lingüística se esconden los enormes capitales que lucran con la supuesta sexualidad de los varones y la subordinación y opresión de las mujeres.

Prostitución y  feminismo

La prostitución tiene su base en un sistema cultural sexual que sustenta  la demanda del sexo como servicio prestado por un objeto sexual subordinado y dócil, que desaparece en tanto sujeto y cuya propia sexualidad resulta negada.  Arraigadas razones culturales y sexuales que  aparecen “naturalizadas”, mujeres y varones (pero sobre todo mujeres y niñas)  pertenecientes a los sectores sociales mas vulnerables son la oferta socialmente producida para esta industria [2] .

El feminismo  siempre ha entendido a la institución de la prostitución como  una institución fundacional del patriarcado. Es una de las formas mas extremas de la violencia contra las mujeres. Ha escrito, batallado hasta el infinito sobre la  cultura  que construye un modelo de varón  cuya  sexualidad es  un impulso de enorme potencia que debe ser canalizado, a  través de formas que están socialmente legitimadas, toleradas e incluso estimuladas. Esta concepción parte del  supuesto erróneo de una  “naturaleza intrínseca” de la sexualidad masculina. (Recordemos que la “naturaleza” siempre es una construcción  culturalmente mediada y que el feminismo ha deconstruído los escencialismos como categoría de conocimiento).

Si esa sexualidad es entendida como irrefrenable, si contradictoriamente tendría -en los patrones culturales hegemónicos- como único  cauce el matrimonio monogámico, entonces requiere de la prostitución para la “resolución de esa necesidad”. La prostitución es entonces una institución necesaria para el control social de la sexualidad humana [3] .  Ya lo planteaba  San Agustín que sostenía  que “la prostitución femenina era necesaria para evitar la lujuria generalizada” y  Santo Tomás comparando a “la prostitución con una cloaca cuya supresión podía dar lugar a la contaminación del palacio”

Shulamith Firestone [4] en la “Dialéctica del sexo” sostiene que las prostitutas pagan con su vida la formación varonil que obliga  los varones a escindir lo emocional de lo sexual [5] .

La  división entre niñas y   mujeres “honestas y deshonestas” encubre la discusión del lugar  de éstas  en la segmentación social, étnica y en alternativas de historias personales,  por lo cual algunas resultan más vulnerables y expuestas a esta demanda.

La violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y abusos sexuales en general, van marcando un camino en la psiquis de los abusados, qué “naturaliza” y  se repite en la historia personal y generacional. No todas las personas  que han sido violadas o abusadas sexualmente en la niñez ingresan  posteriormente en la prostitución, pero en toda vida de prostitución existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal o familiar). Con el agravante de que esas acciones son llevadas a cabo por familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos respecto de  los niños/as.

Kate Millet en su clásico libro  “Política Sexual” [6] sostenía  que la situación de las mujeres en prostitución -el objetivo de su actividad sexual no radica en su propio placer- no hace otra cosa que exagerar “la paradójica situación sexual de las mujeres en el patriarcado: convertida en objeto sexual , no puede gozar de  esa sexualidad, que parece ser su único destino, se la alienta a avergonzarse de la sexualidad , a padecer de ella, aun cuando no se le permite elevarse de una existencia casi meramente sexual”. El acto sexual mismo proporciona el reconocimiento del derecho patriarcal.

Quizás sea Kathleen Barry [7] en “ La esclavitud sexual de la mujer” y en  The prostitutión of Sexuality quien haya hecho los mas arduos planteamientos teóricos sociológicos y estadísticos  sobre el reclutamiento de niña/os y mujeres en los circuitos de la explotación sexual que ella denomina “esclavitud sexual” , sostiene que la prostitución, lejos de ser una forma de superación de una cosmovisión puritana, es  el modelo de sexualidad como destrucción del yo, y una palpable violación a los derechos humanos de las mujeres y niñas/os.

Francoise Collin [8]   sostiene que el recurso de la prostitución en una de las múltiples formas de violencia contra las mujeres remite a una estructura común en la cual el deseo de uno sólo y un solo deseo es ley sin el deseo del otro, otro deseo que  le ponga límites. [9]

El tema de debate es que partiendo de estos supuestos que ninguna feminista puede desconocer, como se llega al término “trabajadoras sexuales” aún dentro de algunas – hasta ahora minoritarias- corrientes  del feminismo. Pero no son minoritarias en los países centrales. En Viena, cuando tuvo lugar la discusión del Protocolo sobre la Trata, fueron principalmente los países occidentales e industrializados – los países de destino de las víctimas de la trata – los que apoyaban las posturas defendidas por las ONG “pro-trabajo sexual [10]

El debate se generaliza a partir del trabajo de 1998 de Lin Lean Lim de la OIT que plantea que debería considerarse un sector industrial más por el gran cúmulo de dinero que produce. (Me parece una postura un tanto cínica.) [11] Creo que la repuesta más contundente la brinda Carole Pateman [12] en su “Contrato sexual”.

El contractualismo (Rousseau, Locke, Hobbes,-  recordemos aquello que los hombres nacen libres e iguales  para realizar libremente (casualmente, se habían olvidado el tema del poder y de las relaciones asimétricas entre las clases sociales y entre los sexos) entre ellos el contrato social, político.

Pateman sostiene, que “la idea de que las mujeres son individuos dueños de sí mismos es una ficción de la sociedad patriarcal”, cuyo contrato sexual básico, no explícito, es que los varones tienen asegurado el acceso al cuerpo de las mujeres y parte esencial de ese derecho es su demanda de uso de cuerpos de mujeres como mercancía.

Por último siguiendo a Fanon, Foucault y Buordieu y los conceptos de la producción de consenso: el primero sobre lo aprendido por el colonizado que lo lleva a pensar como el colonizador, el segundo sobre los múltiples mecanismos de disciplinamiento en la producción de conocimiento y conductas de una sociedad y el otro en el término de violencia simbólica que retomando a los anteriores sostiene que el dominado no dispone de categorías de pensamiento para pensarse en su relación con el dominador por lo cual  los tres autores sostienen que el dominado piensa como el dominador en términos de lo “natural”·

Remarquemos que la naturaleza es siempre pensada culturalmente  por los sectores hegemónicos: en  el pensamiento ilustrado la naturaleza es el orden que legitima y sanciona a su vez la adecuada distribución de los papeles entre la Naturaleza y  la Cultura.

Con estos supuestos  teóricos que posibilidad de “libertad” le queda a una mujer  para elegir” ser prostituída? [13]   Hablar de un contrato sexual como si fuera un contrato laboral es hablar de “ficciones políticas” son meros contratos de esclavitud. Y llamar a estas relaciones “contrato” es legitimar una lógica infame de dominio” [14] . La relación entre mujeres y varones es una relación asimétrica de dominio y opresión que llega  al máximo en la compra sexual de personas en prostitución.

El “trabajo sexual” no es neutro


Creo que el término “trabajo sexual” no es neutro. El lenguaje y su uso, muy estudiado por el feminismo, que niega la supuesta neutralidad del lenguaje,  es uno de los mas formidables formadores del pensamiento y la conciencia, es el estructurador básico de nuestra categorías de pensamiento y por lo tanto es un excepcional mecanismo de producción y reproducción  simbólica e ideológica. Las palabras que decimos no son inocentes, tienen detrás propuestas, no sólo jurídicas sino sobre todo políticas, de política sexual.

Sostenemos obviamente que se debe penalizar exclusivamente a quienes las prostituyen, las reclutan, las trafican, ejercen contra ellas alguna otra forma de violencia o promueven la prostitución, ya sean redes o rufianes  individuales. Denominar “trabajo” a esta actividad es legitimar, naturalizar, los fundamentos de los paradigmas patriarcales de opresión que hemos combatido desde la teoría y la praxis, es contradecir los fundamentos mismos del feminismo.

Legitimar, naturalizar la  venta de personas para consumo sexual -al igual que fuera una gaseosa- es como el maximum de la cultura individualista del neoliberalismo que denigra a la humanidad. Es una postura que, con la excusa de no discriminar a las mujeres en situación de prostitución, esconde y legitima el tráfico, la trata y el proxenetismo.

Me parece un deslizamiento teórico -en el mejor de los casos-  que la cosificación a la que son reducidas las personas en situación de prostitución en esta sociedad de consumo “del toco y me voy”, que impide relaciones humanas solidarias y comprometidas sean redefinidas como “trabajadoras sexuales”. No es la fuerza de trabajo lo que se vende en el mercado son las personas.

Por otra parte, considero que la utilización del lema “trabajo sexual” para referirse a la situación de prostitución constituye un eufemismo  y amerita algunas observaciones. En primer lugar, las ilusiones de progresismo de quienes utilizan tal emblema caen en la misma postura -cuando recordamos que la “primera ola” de tal concepción (la prostitución como si fuera un trabajo) en el planteo de  las y los moralistas medievales católicos, cuando la iglesia católica regulaba y recaudaba, por lo menos en España, la por entonces denominada mancebía.

La diferencia entre la antigua y la nueva ola estriba en que ya no se trata sólo de instaurar un etiquetamiento estigmatizante para el control de las mujeres, estén o no en situación de prostitución. El emblema de “trabajo sexual” opera como coartada frente a la desocupación estructural. Está claro que han conseguido articularse armoniosamente, aspectos de muy diversa índole. Desde supuestas necesidades privativas del sexo masculino hasta la desesperación de muchas mujeres por satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. Por esto propongo un cuestionamiento crítico, porque, a mi juicio, se trata de las políticas y de las éticas en juego. [15]

En segundo lugar, al evitar nombrar a la prostitución se termina logrando  invisibilizar sus efectos dañinos [16] generándose, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para su promoción y expansión. En tercer lugar, acepto que para quienes ya se encuentran en situación de prostitución (o sus familiares) el eufemismo  de autodenominarse “trabajadores sexuales” en algún momento hasta puede constituir una válida estrategia defensiva: hay que tener presente que en situación de prostitución la vulnerabilidad de la integridad física y psíquica es la norma.    
La confusión también llegó a Naciones Unidas. La Coalición contra el Tráfico de Mujeres y la Red Internacional de Derechos Humanos, tuvo también que oponerse al Informe entregado por la Reportera Especial de Naciones Unidas Sobre Violencia contra las Mujeres, la Organización Internacional del Trabajo OIT, y el Alto Comisario para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.
La Red Internacional de ONG por la defensa de los Derechos Humanos sostuvo una posición  contraria en Viena a la postura de la Reportera  Especial y el Alto Comisario para los Derechos Humanos.

En su declaración de 20 de mayo de 2000, la Reportera Especial Sobre Violencia Contra las Mujeres, expresó que los términos “víctimas” y “explotación de la prostitución” no debían aparecer en el Protocolo. Ella se preguntaba si “todas las víctimas de la industria del sexo” eran objeto de “explotación sexual” o si solamente era necesario condenar en el trabajo sexual, “las condiciones de explotación similares a la esclavitud”.

Pero el Informe del Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de Esclavitud que fue presentado a la Subcomisión para la Promoción  y la Protección de los Derechos Humanos el 15 de agosto de 2000 instaba al Comité Especial de Viena para la Elaboración de un nuevo Protocolo sobre la Trata de Personas a que “la aplicación de la definición de trata no se viera limitada a la fuerza o a la coacción, sino que comprendiera todas las formas de trata, que exista o no consentimiento por parte de la víctima”. El Grupo de Trabajo constataba con inquietud que, en su informe más reciente (E/CN.4/2000/68, par. 13), la Reportera Especial sobre la Violencia Contra las Mujeres hubiera propuesto una definición de “trata” que era incompatible con los principios de la Convención de 1949. [17]

Este nuevo Protocolo y la definición firme y pertinente que contiene sobre la trata, constituye un paso decisivo y fundamental en toda la regulación de los Derechos Humanos de las Mujeres del Siglo XXI.

Hace fracasar las tentativas de los grupos de presión pro-industria del sexo que han trabajado por excluir toda mención de la prostitución en las nuevas legislaciones sobre la trata.

Sitúa a la Convención sobre la Delincuencia Transnacional Organizada de Naciones Unidas dentro del cuerpo de instrumentos internacionales sobre derechos humanos, en particular con la Convención de 1949 y el artículo 6 de la CEDAW”.

Insistimos en que se debe continuar con la sanción legal y social contra los prostituyentes como principio imprescindible e incuestionable, ya sean éstos explotadores o clientes.

Ello implica poner en cuestión toda una cultura sexual que construye la sexualidad masculina como un impulso irrefrenable -socialmente legitimado- que requiere de la prostitución como puntal del orden social y sexual. Un ejemplo al respecto es Suecia  que (1999) prohíbe en su nueva ley de violencia contra las mujeres la compra de servicios sexuales dado que considera que pagar por sexo no es derecho de los hombres. [18]


Notas

[1] Se sigue lo planteado en el artículo mío publicado por CLADEM en “Prostitución ¿Trabajo o Explotación Sexual? Lima 2003
[2] Cecilia Lipszyc. Artículo publicado en el diario Clarín. Noviembre de 2000.
[3] La periodista argentina  María Moreno en su artículo “ El trabajo sexual “ cita el testimonio de un entrevistado del oficio  sobre los prostituyentes: prefieren la práctica de la prostitución porque la mujer le causa angustia, miedo, es muy compleja para ser tratada en relaciones mas duraderas. Citada por Edith Costa. Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2 26. Argentina.
[4] La Dialéctica del Sexo”.Ed. Kairós.Barcelona 1976
[5] Seguimos el artículo de Marta Vasallo. Feminaria Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
[6] “Política Sexual” .Ed. Cátedra- Madrid 1995
[7] La esclavitud sexual de las mujeres”Ed. L Sal. Barcelona  1979. y The Prostitution of Sexuality”Ed. Univ. Press.New York 1995
[8] “La sexualité, un droit de l´homme?
[9] Marta vasallo Feminaria . Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
[10] Entre estos países cabe citar Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, España, Irlanda, Japón, Nueva Zelanda, Países Bajos, El Reino Unido, Suiza y Tailandia Sobre este último recomendamos el libro “ La Nueva Esclavitud en la Economía Global de Kevin Bales. Siglo XXI). Las razones invocadas eran de diferente índole. Desde el principio, Estados Unidos argumentó que los términos “incitación” y “que la persona consienta o no” eran vagos y confusos y que planteaban problemas a la hora de la ratificación( siendo EEUU uno de los países que nunca ratifican los tratados internacionales)
[11] Lin Lean Lim: The Sex Sector, ILO, Suiza, 1998
[12] Carole Pateman. “EL contrato sexual”. Ed. Anthropos Barcelona 1995
[13] Sartre sostenía que la libertad es lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros
[14] Edith Costa . Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2 26. Argentina.
[15] citado  idem
[16] El psiquiatra español Francisco Orengo refirió en el Simposio Internacional sobre Prostitución y  Tráfico de Mujeres con  fines de explotación sexual realizado en Madrid en el 2000, una serie  de  estudios que coinciden en dar cuenta de los daños sufridos por mujeres en situación de  prostitución. Como ejemplo en un estudio sobre 475 mujeres de  5 países, incluido Estados  Unidos, el 90 % había experimentado violencia. El 67 % presentaba stress postraumático. El abuso sexual infantil oscilaba entre el 50 y el 90 %,  según los estudios considerados. Puntualmente señala,  “la incidencia del carcinoma de cuello de  útero es mucho más elevada en éste tipo de población”. En resumen su experiencia confirma      “los efectos devastadores de la prostitución sobre la salud de las mujeres”. Citado por Leonor Nuñez.
[17] A los efectos del  Protocolo de la Trata de Personas el consenso en Viena fue :
Por “trata de personas” se entenderá la captación, el trasporte, el traslado, la acogida o la recepción, recurriendo a las fuerza o a la coacción o a otras formas de amenaza, al rapto, a la superchería, al engaño, al abuso de autoridad o de la situación de vulnerabilidad de una persona, o recurriendo a la concesión o a la recepción de pagos o beneficios para lograr el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. La explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos;
a bis) El consentimiento de la víctima de la trata de personas respecto de la pretendida explotación que se indica en el apartado a) se considerará irrelevante en el caso de se hayan utilizado cualquiera de los medios enumerados en el apartado a);
la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de un niño con fines de explotación sexual  se considerará “trata de personas” incluso en el caso de que no supongan la utilización de ninguno de los medios enunciados en el apartado a) del presente artículo;
[18] Florence Matreynaud “Penalización de los clientes en Suecia” en  Mujeres entre la globalización y la guerra santa. Compilación Marta Vasallo. Le Monde Diplomatique. Julio 2003


Sobre la autora
Cecilia Lipszyc. Socióloga UBA. Estudio de Postgrado en  Estudios de la Mujer UBA. Convencional Nacional Constituyente. M/c. Investigadora. Docente de Postgrado de la U.N.L. Presidenta de ADEUEM. (Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer) Consultora y Directora de Proyectos de UNICEF, UNIFEM, Unión Europea. Fue Coordinadora Nacional del Instituto Nacional contra la Discriminación. Directora  Regional del proyecto de Naciones Unidas “Feminización de las migraciones en América Latina. Discriminación Xenofobia. Racismo”. Autora de numerosos artículos y libros.
e-mail: cecilial@arnet.com.ar
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A batalha e o corpo:
Breves reflexões sobre travestis e prostituição.

Por Marcos Benedetti

RESUMO
Este artigo problematiza a associação entre a identidade das travestis e a atividade da prostituição, muito presente no imaginário da cultura brasileira. Argumenta que não é a atividade da prostituição e seus rendimentos que determinam os processos de transformação do corpo das travestis e a construção de sua identidade de gênero. Partindo de dados etnográficos de pesquisa, demonstra como os espaços de prostituição são um território privilegiado de aprendizado e vivência do gênero e de sociabilização entre as travestis.

Travestis e Prostituição

As travestis [1] constituem um grupo social cada vez mais numeroso e proeminente na sociedade brasileira. Já dispõem, no nosso espaço social, de um papel que lhes é legítimo e que, em si, indica processos maiores de mudança social, como foi muito bem apontado por Silva e Florentino (1996).

Entretanto, apesar destas mudanças no papel e lugar social ocupado por este grupo, ainda é comum a idéia de que as travestis constroem sua identidade sexual e de gênero motivadas apenas pela prostituição e pelos ganhos financeiros que esta atividade pode proporcionar. É corrente a associação da identidade das travestis à atividade da prostituição, tanto no senso comum quanto em alguns setores do conhecimento acadêmico no Brasil, como fica visível, por exemplo, no que publica a Sociedade Brasileira de Sexologia em sua revista eletrônica Viver Bem Saúde:

“O travesti é, na verdade, um prostituto que, para atrair clientela, usa adereços que nossa cultura considera característicos do sexo feminino (vestes, calçados, meias, pintura) ou até mesmo se submete a cirurgias plásticas, implantes de silicones e hormonioterapia, para adquirir contornos que se assemelhem aos das mulheres.” [2]

Este artigo pretende relativizar a noção corrente de que a transformação do corpo e do gênero entre as travestis está determinada e ocasionada pela atividade da prostituição. A idéia de que a construção do corpo e do gênero das travestis dá-se única e exclusivamente em função do interesse pelos rendimentos financeiros proporcionados pela prostituição é um dos sustentáculos do estigma e da exclusão social que cerca este grupo social.

Meu objetivo nesta breve reflexão é argumentar que os processos de construção do corpo e do gênero das travestis são complexos e estão determinados e estruturados por lógicas do gênero próprias deste grupo social.

Também pretendo argumentar em favor de uma compreensão acerca dos ambientes de prostituição de travestis para que estes espaços sejam percebidos não apenas como um lugar de trabalho e de procura e auferição de dinheiro por parte das travestis, mas sim como um dos principais espaços de sociabilidade e aprendizado dos processos de construção do corpo e do gênero das travestis, logo de construção de sua identidade social.

Este texto está inspirado na corrente de estudos que afirma o gênero como uma construção cultural e não como uma determinação biológica ou natural. Além de compreender os valores e práticas associadas ao masculino e ao feminino como particulares a alguns contextos culturais, este artigo privilegia uma opção teórico-metodológica que procura apreender os fenômenos sociais através do corpo. O corpo é visto aqui então como sendo o acesso e o significado do mundo social (Csordas, 1988).

Os dados e informações aqui apresentados são resultado da minha experiência de convivência com as travestis de Porto Alegre. Esta convivência deu-se durante oito anos, de 1993 a 2001, quando estive vinculado a um projeto de prevenção de HIV/Aids entre profissionais do sexo desenvolvido pelo Grupo de Apoio à Prevenção da Aids do Rio Grande do Sul (GAPA/RS). Em 1998 e 1999, também foi realizada uma pesquisa para elaboração da minha dissertação de mestrado junto ao Programa de Pós-Graduação em Antropologia Social da Universidade Federal do Rio Grande do Sul, onde foi empregado o método etnográfico, no qual enfatizou-se o uso das técnicas de observação participante.

Durante o período de pesquisa pude conviver e observar aproximadamente cem travestis com idades que variam entre 16 e 55 anos, na sua grande parte profissionais do sexo. Na sua maioria, as travestis residem nos bairros periféricos da cidade ou em vilas da Região Metropolitana de Porto Alegre, normalmente em apartamentos ou casas compartilhadas com outras travestis ou mesmo pequenos cortiços que elas chamam pensão, usualmente administradas por travestis mais velhas, conhecidas como cafetinas. Apresentam níveis baixos de escolaridade e compartilham de noções e representações típicas das classes populares, permeadas pela ideologia da hierarquia conforme apontado por Duarte (1986). Outros dados também foram coletados através da técnica de entrevista semi-aberta com roteiro, realizadas nas casas das travestis ou ainda na sede do GAPA/RS [3] .

Cair na vida e virar travesti

O espaço da prostituição é um dos principais lugares sociais de construção e aprendizado do feminino entre as travestis. Assim, os diversos espaços de prostituição de travestis espalhados pela cidade de Porto Alegre, normalmente públicos e exclusivos, servem de camarim e palco para o processo de transformação do gênero e construção da identidade travesti.

É nos diferentes territórios de batalha (forma êmica utilizada para denominar a atividade da prostituição) que muitas travestis tiveram seu primeiro contato com outras monas (desinência êmica empregada para se referir às próprias travestis), e que viram concretizados os seus desejos de transformação. Muitas vezes foram trazidas por outra travesti que já freqüentava o lugar e conhecia as demais, o que também lhe garantia uma espécie de “proteção” naquele ambiente.

Ao narrarem as suas histórias sobre o início na prostituição, as travestis referem-se a este período como cair na vida, cair na batalha, cair lá embaixo (referindo-se a uma região geográfica da cidade onde há prostituição de travestis, normalmente designada como sendo um lugar de menor altitude) ou simplesmente cair, o que também é descrito por Kulick (1998: 136) em sua pesquisa na cidade de Salvador. Esta expressão talvez guarde relação direta com a idéia, presente no senso comum, de que a prostituição (e aquela exercida na rua, especialmente) constitui uma ocupação imoral e degradante do ser humano, como se a pessoa literalmente “caísse” para um nível mais baixo da experiência humana. Por outro lado, este processo também é visto como uma passagem para o mundo adulto, funcionando a “queda” como um trampolim para uma mudança de status, característica também descrita por Prieur (1998:72) no México.

Os territórios de prostituição constituem um importantíssimo espaço de sociabilização, aprendizado e troca entre as travestis. Mesmo aquelas que exercem a prostituição apenas esporadicamente, freqüentam estes lugares. Há algumas travestis que têm nas zonas de batalha o principal (e às vezes o único) ponto de encontro e convívio social. Assim, muito mais do que um espaço de trabalho e fonte de renda, é nestes lugares que muitas monas fazem amizades, compram e vendem roupas, objetos, materiais de montagem (termo êmico utilizado para denominar o ato de vestir-se com roupas de mulher), perfumes, adornos, drogas, etc.

É ali que aprendem os métodos e técnicas de transformação do corpo (como o uso de hormônios e as injeções de silicone) [4] , as formas corporais mais apropriadas às travestis e quais delas são mais valorizadas, os segredos da montagem, as técnicas de maquiagem, as formas legítimas e ilegítimas de seduzir um homem e se relacionar sexualmente e a linguagem do bate-bate (constituída de um vocabulário codificado com base na linguagem iorubá).

Da mesma forma, é na quadra de batalha que passam a conhecer as formas corretas de andar no salto alto, de mostrar movimentos leves e suaves, de olhar de determinada maneira, de mover o cabelo ou andar à moda travesti. É na convivência nos territórios de prostituição que as travestis incorporam os valores e formas do feminino, tomam conhecimento dos truques e técnicas do cotidiano da prostituição, conformam gostos e preferências (especialmente os sexuais) e muitas vezes ganham ou adotam um nome feminino. Este é um dos importantes espaços onde as travestis constroem-se corporal, subjetiva e socialmente. É onde, enfim, aprendem o habitus [5] travesti.

Constitui-se também no principal espaço de trocas matrimoniais. Os maridos e namorados, muitas vezes, são homens que circulam nestes territórios em busca de sexo, diversão e parceria. Como bem observa Kulick (1998: 136), o espaço da prostituição é visto também como um espaço de experiências prazerosas e enriquecedoras do gênero.
É nas quadras de batalha que se aprende, através de um fluxo de aprovações e reprovações, das outras travestis, dos clientes e transeuntes, as formas de ser feminina e ser desejada femininamente pelos homens que ali circulam, sejam eles (potenciais) clientes ou não. O espaço da batalha é um dos principais cenários de aprendizado e testagem do feminino, que se dá através de um complexo sistema de estímulos, sinais, aprovações e reprovações que confirmam, negam ou questionam os investimentos no processo de transformação do gênero. Esse feedback que as travestis esperam das colegas, clientes, transeuntes e outras pessoas é fundamental para a conformação dos valores atribuídos ao feminino e ao masculino, que vão sendo construídos em função dos investimentos aprovados ou não no convívio social.

É na esquina que procuram exibir-se, insinuar-se e oferecer-se de forma a sentirem-se atrativas para os desejos dos homens que ali circulam. É na rua que sentem que as suas formas corporais e sua performance feminina dão resultado, isto é, são eficientes para que os homens as desejem. Este espaço é concebido como o principal meio de troca e aprendizado da carreira travesti.

Os espaços generados da prostituição


Os diferentes espaços urbanos onde tem lugar a prostituição de travestis podem ser vistos como se estivessem organizados e subdivididos em diversas categorias que têm como pressuposto uma concepção de gênero que lhes é particular. É claro que estas divisões do espaço físico-geográfico em função das representações correntes neste grupo acerca do masculino e do feminino são altamente fluidas e estão em constante mutação e deslocamento. Mas ainda assim é possível perceber certas características femininas (por parte das travestis) e masculinas (por parte dos clientes), que só têm sentido quando concebidas umas em relação a outras, e que são distintas em cada espaço.

Parece que cada zona é habitada por determinados “tipos” de travestis que têm traços e formas físicas, concepções estéticas de vestir-se, adornar-se e portar-se, além de concepções sobre desejos e práticas sexuais análogas. Ao mesmo tempo, estes espaços são ocupados e visitados por clientes, bofes (termo êmico para designar homens que sejam potenciais clientes ou namorados), e outros pessoas do universo masculino que estão em posição complementar àquelas características femininas enfatizadas pelas travestis.

Tal organização espacial não significa que as travestis não possam circular por todas as áreas instituídas de comércio sexual de travestis, o que aliás algumas o fazem em busca de novos clientes, amigos, informações e diversão. Entretanto esta circulação também pode ser vista como um motivo para gerar tensões internas aos diferentes grupos que ocupam ou “disputam” o privilégio de determinadas regiões de prostituição. Estas tensões, às vezes presentes em um espaço que não compreende mais do que três ou quatro quarteirões, nem sempre são resolvidas apenas com discussões e xingamentos: a violência física se faz presente na resolução de algumas querelas.

Esta espécie de regionalização dos espaços também é relatada por Silva (1993) no Rio de Janeiro, por Müller (1992) em Porto Alegre e por Kulick (1998) em Salvador. É perceptível uma certa hierarquia na ocupação dos territórios, que parece estar baseada, segundo as travestis, em uma relação entre as características dos clientes e as características das monas que batalham naquela zona. Estas características são uma multi-combinação de traços físicos e sociais. Assim, os clientes mais pobres, os caminhoneiros, os que não têm carro e os que são mais feios (segundo a concepção das próprias travestis) compartilham espaços com travestis que são mais velhas, que vivem em situação de maior pobreza e que fazem investimentos (subjetivos e objetivos) menos apurados na fabricação do feminino; ao passo que clientes com mais dinheiro, com veículos próprios e que pertencem a um estrato social mais elevado freqüentam as zonas ocupadas por travestis mais jovens, que realizam grandes investimentos na construção do feminino, com gosto estético atualizado com as tendências da moda, etc. Perlongher (1987) observou dinâmicas análogas entre os michês de São Paulo.

Parece que os espaços de prostituição reproduzem os diferentes valores do masculino e do feminino no universo das travestis, onde travestis e clientes ocupam os mesmos espaços por compartilharem esquemas de gênero semelhantes e complementares. É como se o espaço social das travestis e suas diferentes posições, especialmente aquelas sugeridas pelo gênero, se reproduzisse neste pequeno universo.

Por fim, quero afirmar que a freqüência das travestis nos espaços da prostituição não está relacionada apenas e necessariamente com a atividade do trabalho sexual ou com interesses puramente econômicos que podem advir destes serviços. Antes, poderíamos dizer que o convívio social das travestis nas áreas de prostituição está relacionado com a possibilidade da visibilidade social dos seus investimentos na transformação corporal e do gênero. É prioritariamente nestes espaços que as travestis aprendem as modalidades e processos de se construir, corporal e subjetivamente, no gênero feminino; é onde podem “verificar” se as estratégias de transformação de apresentação de si no feminino encontram reciprocidade, tanto por parte das outras travestis, como por parte dos outros habitantes deste universo social. O pertencimento aos espaços de batalha é uma maneira privilegiada das travestis vivenciarem, subjetiva e publicamente, o seu corpo e gênero feminino.

Referências Bibliográficas

BENEDETTI, Marcos. 2000. Toda Feita: o corpo e o gênero das travestis. Porto Alegre: Programa de Pós-Graduação em Antropologia Social, Universidade Federal do Rio Grande do Sul. (Dissertação de Mestrado)
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SILVA, Hélio. 1993. Travesti — A invenção do feminino. Rio de Janeiro: Relume-Dumará/ISER.


Notas

[1] Creio ser relevante esclarecer os motivos que me levam a empregar o substantivo travesti como pertencente ao gênero gramatical feminino, uma vez que a forma gramatical correta indicada nos dicionários é a de um substantivo masculino. Além das razões que valorizam o próprio processo de construção do gênero feminino no corpo e nas subjetividades das travestis e que levam em conta a utilização êmica deste termo, usualmente empregado na flexão feminina, a outra justificativa é política: já que o respeito e a garantia ao seu feminino são as principais reivindicações do movimento organizado de travestis e transexuais, acredito que este trabalho possa contribuir com este objetivo, valorizando e afirmando o gênero feminino (cultural e gramatical) das travestis.
[2] Consultado no site http://www.jornalviverbemsaude.com.br/Estrutura/SaudeDoHomem.htm, em 09 de Outubro de 2004.
[3] Para maiores detalhes sobre as questões metodológicas da pesquisa, ver Benedetti, 2000.
[4] Os processos sociais de construção do corpo empregados pelas travestis encontram-se melhor explicados em Benedetti, 2000, especialmente no Capítulo “Entre curvas e sinuosidades: a fabricação do feminino no corpo das travestis”.
[5] Bourdieu (1995, 1980), em sua teoria da prática, afirma que o corpo é o espaço onde está a cultura, onde situam-se os principais esquemas de percepção e apreciação do mundo que são formados a partir das estruturas fundamentais de cada grupo, como as oposições entre alto/baixo, masculino/feminino, forte/fraco, etc. A cultura é incorporada através de um mecanismo básico que ele denomina habitus. Assim, o habitus é a própria naturalização da cultura.

Sobre el autor
Marcos Benedetti, Licenciado em Ciências Sociais e Mestre em Antropologia Social pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul. Consultor do Projeto Ntwanano – Cooperação Brasil e Moçambique em HIV/Aids do Ministério da Saúde do Brasil.
E-mail: marcosbenedetti@hotmail.com
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Trabajo sexual y prostitución:
Visibilizando reflexiones, esfuerzos y divergencias.

Entrevistas a Elena Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México); Angela Villón (Perú).

En nuestra sociedad el trabajo sexual es un asunto controvertido, y usualmente es abordado desde perspectivas puritanas. Aproximarse a él de forma distinta ha requerido el trabajo de sensibilización y preocupación de diversos sectores de la sociedad, en especial de las organizaciones conformadas por mujeres que ejercen la prostitución / trabajo sexual, así como organizaciones feministas y de mujeres. En éstas, los propios conceptos de prostitución y trabajo sexual generan largas discusiones.

Rosa Dominga Trapasso, religiosa feminista, peruana explica que la prostitución no es sinónimo de las mujeres que ejercen esta actividad, sino un fenómeno social que involucra a los diversos actores que la protagonizan y que está marcada por las estructuras económicas y sociales que la sostienen. Ella se identifica con la intención de superar las actitudes discriminatorias y peyorativas contra mujeres involucradas en la prostitución. No está de acuerdo en calificar al “trabajo sexual” como trabajo y señala que la prostitución no es una opción laboral viable, en tanto implica el encubrimiento de las relaciones de poder, de dominación y explotación.

De otro lado, un grupo de líderes de las trabajadoras sexuales, que se reunieron en Lima en el Primer Encuentro Nacional e Internacional de Trabajadoras Sexuales, intercambiaron experiencias, e identificaron sus debilidades y avances, especialmente, en el caso de una agrupación local, una vez lograda la organización y su articulación a importantes redes. Explicaron que las luchas de las organizaciones de trabajadoras sexuales se sustentan en el irrestricto respeto de sus derechos humanos. Reivindicaron su derecho al trabajo sexual como cualquier otro trabajo y sobre todo exigieron sus derechos con voz propia. Aquí las entrevistas a las líderes de las trabajadoras sexuales: Elena Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México); Angela Villón (Perú).

Entrevista a Rosa Dominga Trapasso

“La  prostitución no es sinónimo de las  mujeres que la ejercen,
es un fenómeno social”.

Rosa Dominga Trapasso, es una mujer emblemática en el movimiento de mujeres del Perú y una de las feministas pioneras en el abordaje de la prostitución en el país, hecho que concretó al formar la Organización No Gubernamental,  Movimiento El Pozo.

Ciudadanía Sexual: Rosa Dominga, cuéntanos sobre la formación del Movimiento El Pozo, los puntos de partida para el trabajo con las mujeres y cómo lo ves hoy en el contexto peruano.

El evento que dio lugar a la formación de nuestra ONG, sucedió en 1976, cuando un grupo de personas denunciamos la reglamentación de la prostitución y el registro obligatorio de las mujeres que ejercían la prostitución, por considerar que  la reglamentación y el registro eran discriminatorios  a las mujeres y una violación de sus derechos personales. Esta acción fue tomada  por Creatividad y Cambio, ALIMUPER, Movimiento Promoción de la Mujer y el Grupo de Trabajo Flora Tristán entre otros grupos y  fue acompañada por las firmas de más de 300 personas.  Eso era en 1976.

El 9 de Octubre de este año, el Movimiento El Pozo se pronunció contra la creación de una “zona rosa municipal” y la reglamentación de la prostitución por parte del Estado.  Son más de 25 años, y  la prostitución  persiste con el aval del Estado y  de la  sociedad en general. Y da la impresión que nada ha cambiado.

Pero ciertamente algunas cosas han cambiado en el curso de este tiempo.  Podemos observar que ahora el tema de la prostitución ha salido de la sombra  a la escena pública y esta siendo discutido por  distintos sectores de la población tal como en su revista por medio de esta entrevista.

¿
Puedes decirnos como conceptualizas ¿prostitución y trabajo sexual?

Siempre es importante decir en primer lugar que la  prostitución no es sinónimo de las  mujeres que ejercen esta actividad.

Prostitución es un fenómeno social  que involucra  a  los diversos actores  que la protagonizan y  que está  marcada por las estructuras económicas y sociales que la sostienen.

En el Movimiento El Pozo hemos partido de dos definiciones de este fenómeno:

La prostitución es una modalidad de explotación ejercida mediante una actividad histórica y organizada, basada en los roles sexuales, a cambio de un pago inmediato en dinero o bienes que son apropiados en parte por la víctima de la explotación y frecuentemente también por terceros organizados  en torno a esa explotación - Dr. Victor Carlos Lora (Abogado peruano).

La prostitución es un negocio que otorga ganancias a un conjunto de intereses y forma parte de una industria socio económica que incorpora todas las características de explotación social, racista, étnica y sexista vigentes en nuestras sociedades globalizadas y patriarcales. - Movimiento El Pozo.

Si sólo asociamos la prostitución con las mujeres que la ejercen, estamos ocultando las verdaderas dimensiones de este problema  y protegiendo a los actores  que lucran con la explotación sexual de mujeres y adolescentes.

Los términos “Trabajo sexual” y  “trabajadores sexuales” reflejan una posición  concentrada  casi exclusivamente sobre las mujeres involucradas en esta actividad, con la suposición  que esta actividad sea una opción laboral para ellas.

Centrar la prostitución solo en las mujeres que la ejercen refleja la doble moral que persiste en nuestra sociedad patriarcal e invisibiliza las relaciones de dominación y explotación constitutivas de la prostitución.

Ciertamente, me identifico con la intención de superar las actitudes discriminatorias y peyorativas contra mujeres involucradas en la prostitución, pero calificar su actividad como un “trabajo sexual” y a ellas como “trabajadoras”  y que la prostitución  es una opción laboral viable,  viene a ser un encubrimiento de las relaciones de poder, de dominación y explotación.  La prostitución sigue siendo prostitución aunque se profesionalice y legalice a una de sus componentes, puesto que no han cambiado las reglas de juego ni los actores de este  comercio.

Al colocar la prostitución como forma de violencia contra la mujer, se responsabiliza a las feministas de haber victimizado a las mujeres que se dedican a la prostitución/ trabajo sexual, invadiendo su derecho a elegir con su cuerpo, a afectar su libertad? ¿Qué dirías al respecto? 


Hay varios grupos de feministas que están a favor de la consideración de prostitución como una viable opción laboral.

La “opción“ para ejercer la prostitución no ocurre en un vacío.  Toda decisión, toda relación personal está fundamentada en un contexto  específico determinado  por factores sociales, culturales, económicos y políticos.  La decisión de miles de mujeres peruanas de ejercer la prostitución, en una esquina de Jirón  Cailloma, en el centro de Lima o en una casa de masaje en Miraflores o en una vitrina en Amsterdam está  marcada por situaciones personales de desempleo, pobreza, discriminación, abuso sexual, marginación,  roles sexuales, etc.  ¿Cuales son los parámetros de libertad para mujeres en sistemas capitalistas y sexistas como los nuestros?

CS: ¿Se puede considerar la prostitución/trabajo sexual desde la perspectiva de los derechos sexuales y derechos reproductivos, aludiendo por ejemplo al sector que defiende el trabajo sexual como vehículo para ejercer el derecho al placer?

Ciertamente los derechos sexuales incluyen el derecho a la felicidad y el placer e incluyen  también el derecho a vivir la sexualidad sin violencia y coerción, el derecho a la integridad física y el derecho de establecer relaciones igualitarias con su pareja sexual, (todos los derechos están interconectadas y interdependientes en su realización).   Tendríamos que preguntar sí  el ejercicio de la prostitución es compatible  con estos derechos? 

La prostitución se rige por las leyes del mercado donde el comprador tiene el “derecho” de hacer lo que quiere con el objeto obtenido, ¿puede la mujer cambiar las reglas del mercado o modificar el desequilibrio de poder entre cliente (comprador) y prostituta? ¿Hay compatibilidad entre las expectativas del cliente y las aspiraciones  y derechos de la persona que “le rinde el servicio sexual”?

CS. ¿Qué dirías de las posturas de la OIT y otros sindicatos que plantean que el trabajo sexual, es un trabajo en todo el sentido de la palabra y requiere por tanto la generación de leyes que garanticen el derecho a la sindicalización, seguridad social y otros, como ya se intenta en algunos lados? En contraste, ¿continúan otros oponiéndose y colocando esta forma de venta de servicios sexuales como una forma de esclavitud y tráfico sexual?

En nuestro movimiento de mujeres, demandamos la vigencia de los derechos sexuales para todas las mujeres, sin ninguna excepción.  Si creemos que toda mujer es dueña de su cuerpo y tiene el derecho de vivir y gozar de su sexualidad dentro de relaciones de igualdad, mutualidad, respeto y justicia, es totalmente inconcebible proponer que la prostitución sea una opción laboral y una válida ocupación para cierto sector de la población.  Es inaceptable apoyar posiciones que promueven la prostitución y facilitan que hombres, cuyas parejas les ponen condiciones acordes con los derechos sexuales, y les exigen un actuar más responsable, siguen teniendo acceso a mujeres y jóvenes en situaciones donde  ellas no pueden demandar relaciones igualitarias..

Finalmente ¿cómo sugieres que debería abordarse actualmente la prostitución/trabajo sexual? ¿Cómo lo deberían asumir las feministas? 


Es necesario erradicar ideas antiquísimas, como “La profesión más antigua” o “una vida fácil”.  Estos mitos no son más que eufemismos para ocultar un  comercio brutal en el que la mujer es la parte más afectada y humillada. Es necesario asociar la continuación de la prostitución con el estatus secundario de la mujer en nuestras sociedades. Kate Millet definía desde hace muchos años  la prostitución con un paradigma de la condición femenina.   La lucha contra la prostitución es una parte necesaria de la política de la Igualdad de Oportunidades. “Seria hipócrita hablar de igualdad de oportunidades para mujeres y al mismo tiempo aceptar la prostitución” según Gunilia Ekberg, del Grupo de Igualdad de Oportunidades en Suecia, país que  desde 1999, penaliza a los hombres  que solicitan los “servicios sexuales.”

Si somos fieles a nuestro compromiso a favor de los derechos humanos y derechos sexuales de mujeres, tendremos que unir fuerzas contra uno de los más persistentes bastiones del patriarcado: la dominación masculina de la sexualidad de la mujer en la prostitución.

Rosa Dominga Trapasso
Octubre, 2004

Trabajadoras sexuales: Con voz propia defienden sus derechos

Hablan  las líderes de las trabajadoras sexuales: Elena Reynaga (Argentina);
Gabriela Leite (Brasil); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México); Angela Villón (Perú).

En nuestra sociedad el trabajo sexual es un asunto controvertido, que es visto desde posturas prejuiciosas, estigmatizantes,  discriminadoras y violatorias. El abordaje del mismo ha requerido el trabajo de sensibilización y preocupación de diversos sectores de la sociedad, en especial de las organizaciones conformadas por mujeres que ejercen la prostitución, así como organizaciones feministas y de mujeres, donde el asunto es analizado desde la propia concepción de la prostitución y el trabajo sexual, lo cual origina discusiones. Las luchas de las organizaciones de trabajadoras sexuales se sustentan en el irrestricto respeto de sus derechos humanos. Varias organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, también realizan propuestas.

Pero también el soporte para las demandas de sus derechos como trabajadoras sexuales,  han sido las acciones de la Organización Internacional de Trabajo (OIT),  basadas en la investigación realizada por Lin Lean Lim , quien en 1998 presentó su Reporte sobre la situación de las trabajadoras sexuales de cuatro países de Asia Suroriental,  donde explicaba que “el negocio del sexo ha crecido  rápidamente en décadas recientes asumiendo dimensiones de un sector comercial, que contribuye substancialmente al empleo y a la renta nacional en la región”. El informe recomienda que la industria del sexo esté incluida en las contabilidades  oficiales de los gobiernos, primero, debido a las contribuciones enormes a las economías regionales, y en segundo lugar, como la única manera de mejorar la situación de esos empleados como trabajadores del sexo. Con “un reconocimiento al sector del sexo”, los gobiernos serían requeridos para ampliar los derechos y las protecciones de trabajo a la gente que trabaja en él, refiere la especialista Lin Lean Lim. Al mismo tiempo, el informe exige la extirpación de la prostitución del niño como una violación seria de los derechos humanos y una forma intolerable de trabajo de los niños.

Estas explicaciones de la OIT, encuentran resistencias y rechazos de quienes señalan que la prostitución es una forma extrema de violencia contra la mujer.

Paulo Longo y Cheryl Overs, en su trabajo “Haciendo el trabajo sexual seguro” (2002) señalan que uno de los aspectos que genera más discusión es la selección de la terminología. ¿Debemos usar “trabajo sexual”, “prostitución”, “administrador de negocios”, “proxeneta (alcahuete, cafisho)”…? Debemos describir el trabajo sexual en el lenguaje de la sociología o la antropología o discutirlo como ¿una ocupación ? Estas preguntas son importantes ya que el lenguaje tiene impacto significativo sobre cómo pensamos y trabajamos. Y afirman que “trabajo sexual” es un término neutro y preciso, que se ha hecho ampliamente popular entre los trabajadores sexuales y los proyectos sobre trabajo sexual ya que es menos estigmatizante que “prostituta”, “prostituto” y enfatiza la naturaleza laboral de proporcionar servicios sexuales.
Sobre estas reflexiones y plataformas responde a Ciudadanía Sexual, un grupo de mujeres líderes de las organizaciones de trabajadoras sexuales del continente: Elena Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil); Angela Villón (Perú); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México).

Ciudadanía y  empoderamiento de las trabajadoras sexuales


Es justamente en el contexto de pobreza, discriminación y violación de derechos que se han creado organizaciones de  trabajadoras sexuales, para enfrentar con voz propia estas fuerzas provenientes del mismo estado como autoridades,  policías, serenos  y también de vecinos poco o nada tolerantes con quienes se dedican a esta profesión. Ellas defienden sus derechos y mejores condiciones de vida así como favorecen el empoderamiento de este sector de la sociedad.

El Primer Encuentro Nacional e Internacional de Líderes Trabajadoras Sexuales realizado a fines de setiembre en Lima, Perú; es una paso adelante en sus empeños y propició un ambiente inusual en la ciudad. Los medios de comunicación trasmitieron otras imágenes: a las acostumbradas de entrevistas y presencias a contraluz o con seudónimos, aparecían esta vez un grupo de líderes trabajadoras sexuales de América Latina que dieron la cara y el nombre y exigieron respeto a su vida y a sus derechos y decisiones y en especial su derecho al trabajo sexual como cualquier otro derecho humano,  así como los beneficios sociales como trabajadoras.

Mediante sus organizaciones realizan Cursos y Talleres sobre derechos humanos, mecanismos de denuncia frente a la violencia, salud sexual y reproductiva, en especial sobre prevención de enfermedades de trasmisión sexual y  VIH /SIDA y aspectos legales, en especial para entregar herramientas a las trabajadores sexuales para una mejor calidad de vida.

¿Cuál es su agenda, sus avances?


Tienen problemas comunes: Violación de derechos humanos, donde no funcionan la garantía de derechos; violencia que ejerce el Estado, pues la policía es el gran proxeneta, cobra cupos; la no presencia de políticas de Estado; y su rechazo a los Carnets de salud. Ellas se esfuerzan por el reconocimiento como mujeres y trabajadoras sexuales, quieren los mismos beneficios como los trabajadores que realizan cualquier otra actividad.

Entre sus avances, Elena Reynaga expresa que hoy se habla más abiertamente del trabajo sexual en el país, asimismo los medios las tratan con más respeto. Manifestó que ya  cuentan con la Red de Trabajadoras Sexuales Latinoamericanas y del Caribe, compuesta por organizaciones de 19 países y la creación y fortalecimiento de organizaciones en cada país.

Según informó, Gabriela Leite de Brasil, ellas básicamente defienden su derecho al trabajo sexual, y resalta que sus luchas las han llevado por diversos espacios que incluyen la Organización de Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo y participaron por primera vez en eventos como la reciente XVI Conferencia Mundial sobre VIH SIDA realizada en Tailandia, en la que ella intervino junto a la argentina Elena Reynaga.

Hace falta mejorar las legislaciones y cumplir las existentes,  señala la peruana Ángela Villón, y reseña los maltratos de que son víctimas las mujeres dedicadas a este trabajo, provenientes especialmente de la policía y clientes y explica que el trabajo sexual en las calles no está tipificado como delito, en realidad el proxenetismo es lo que sanciona el Código Penal;  sin embargo, las autoridades policiales las persiguen detienen y golpean. Rechazó las acusaciones de que ellas serían responsables de la transmisión del Sida en el país, y se opuso a los exámenes médicos que les quieren hacer contra su voluntad. 

La ecuatoriana Karina Bravo,  aclara que esta reunión no es para alentar a las jóvenes al trabajo sexual, queremos que las más nuevas encuentren mejoras en sus derechos. 

No queremos pruebas obligatorias de VIH, pero si quisiéramos que se asuma que es un problema de todos, señala la mexicana Alejandra Gil y continúa “Las credenciales son discriminadoras, somos objeto de estadísticas y vemos que solo lo hacen con nosotras para reprimirnos y mientras sea así, no lo aceptamos”.

Gabriela Leite, reivindica los nombres con que la sociedad las rechaza “puta, meretriz, prostituta” al trabajar estas denominaciones deseamos derrumbar estos estereotipos, asegura la brasileña. 

Dejaron claro que se oponen a la explotación sexual de menores recomendando al Estado hacerse cargo de estas responsabilidades y señalaron que prefieren que otros sectores como las travestis hagan sus reclamaciones ellas mismas.

Las organizaciones y sus desafíos


Seguramente es Brasil uno de los países pioneros en la creación de este tipo de instituciones donde las trabajadoras sexuales reclaman con voz propia, así como también Argentina y México que a pesar de las dificultades exhiben organizaciones ya cuajadas.

Argentina: AMMAR y
la Red de trabajadoras sexuales latinoamericanas y del Caribe

La argentina Elena Reynaga es presidenta de la Red  de Trabajadoras Sexuales Latinoamericanas y del Caribe  y a la vez  dirigenta de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, AMMAR. Cuenta que AMMAR ya tiene 10 años de formada y que son sindicato que está afiliada a la Central de trabajadores de Argentina. Contó que en sus luchas y denuncias contra el abuso y la corrupción de la policía han tenido una líder muerta “Sandra” y han realizado ya tres marchas de más de 7 mil personas exigiendo justicia,  aunque ya hay una persona presa,  falta aún apresar a los responsables políticos

Brasil: Davida (Mujer de
la Vida) y la política sexual

La organización Davida se funda en 1987, pero su trabajo se inicia en 1979. A la fecha integran la Red Nacional Brasilera de Profesionales del Sexo, compuesta por más de 25 organizaciones y 5 mil integrantes  a nivel nacional.  Entre sus logros mayores es que hoy se hable abiertamente del trabajo sexual.

Gabriela Leite, fundadora de Davida y la Red, explica que ahora ellas hablan de la política sexual, “queremos hablar respecto a la relación de nosotras y las políticas de sexualidades y qué es el comercio sexual”. Hay varios diagnósticos, pero son insuficientes. Queremos que el comercio sexual sea legal. Asimismo aspiramos a una Ley que ya está en el Congreso, pero demorará en su aprobación debido a la presencia de diputados evangelistas que se oponen. En esa propuesta de Ley definimos qué es ser trabajadora sexual lo cual nos facilitará la conformación de cooperativas para crear nuestras propias boats y hoteles y acabar con la dependencia de los actuales administradores, reseña Leite.

Establecen diálogos con el Estado, incluyendo el presidente Lula, ministerio de salud, ministerio de trabajo donde aún aparecen como trabajadoras informales. Dialogan también con organizaciones feministas, aunque algunas tratan de criminalizar el trabajo sexual.          

Ecuador: “Estoy orgullosa de mi trabajo sexual”


La ecuatoriana, Karina Bravo, de la organización de trabajadoras sexuales de Machala, señala que está muy orgullosa de su trabajo sexual y que éste  le ha abierto puertas, que sus ingresos económicos le han posibilitado estudiar en la Universidad. Asimismo señala que será candidata a Concejal municipal por el Movimiento al Socialismo en la Provincia de Machala y piensa que desde ese espacio, puede hacer mucho por sus compañeras de trabajo y obligará a las autoridades políticas a dialogar en la búsqueda de soluciones.

México: No aceptamos imposiciones


En México el gobierno del Distrito Federal se apresta a implementar un  plan que  contempla el censo y el apoyo a las trabajadoras sexuales a través de distintas iniciativas. Se busca que quienes ejercen el trabajo sexual reciban una credencial como trabajadoras no asalariadas para que obtengan los beneficios de ley. Se señala que en las mesas de trabajo para lograr estas acciones, participan el jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, las secretarías de Seguridad Pública (SSP), de Desarrollo Económico (Sedeco), de Salud y Desarrollo Social y 100 trabajadoras sexuales.

Alejandra Gil, expresa molesta que esto es un engaño, que no saben como han sido elegidas estas 100 trabajadoras sexuales, que no representan a las organizaciones y que estas reuniones son impulsadas por ONGs feministas que no cuentan con el aval de ellas. Estamos cansadas de que otras personas quieran hablar por nosotras, y de esa manera aceptan disposiciones que van para atrás en nuestros logros que tanto nos han costado, señaló, al advertir que parte de estos abusos provienen especialmente de la policía.

Perú: Miluska Vida y Dignidad

En Perú nació recientemente la Asociación de Trabajadoras Sexuales Miluska Vida y Dignidad que ya cuenta entre sus asociadas a más de quinientas mujeres a nivel nacional. Siete estudios notariales les negaron la realización de gestiones para su inscripción, hasta que apareció una valiente abogada que logró la formalización del grupo.

La organización está presidida por Angela Villón. Entre los objetivos de la organización está mejorar la calidad de vida de las trabajadoras sexuales desde una perspectiva de derechos humanos y de género. Realizan convenios, alianzas con otras ONGs para la realización de sus acciones y capacitaciones, en especial las referidas a aspectos legales y la salud en especial enfermedades de transmisión sexual y  VIH / SIDA. Piensan proponer una Ley,  pero será parte del proceso que inician. Realizan  diálogos con la Confederación General de Trabajadores del Perú y autoridades locales, para exponer la situación y derechos de las trabajadoras sexuales.

No a la zona rosa

Cada cierto tiempo surgen voces en los países, de la creación de “zonas rosa” para el ejercicio de la prostitución. Como señala Longo y Overs (2002) “los antiguos  romanos restringían los burdeles a zonas especiales como resultado de discusiones parecidas a las que suceden hoy en muchos países acerca de cómo pudiera ubicarse y controlarse la industria sexual”.

En Buenos Aires, Argentina se lanzó la reforma del Código Contravencional, (o zona roja) con 122 artículos y una cláusula transitoria. En el artículo 78 está contenido lo que se da por llamar: oferta de sexo en la vía pública, la venta ambulante y la obstrucción de la circulación, y la verdad no es casualidad. Se reglamenta que las meretrices tendrán que ir a las zonas rojas a ofertar sexo, a 200 metros de escuelas, iglesias, templos y viviendas. El rechazo a la medida convocó a marchas y reclamaciones de AMMAR Capital, pero hubo fuerte represión y varias trabajadoras sexuales fueron presas. Ahora, la organización se esfuerza por la libertad de Carmen Ifrán y Marcela Sanagua, presas en la marcha según declaró Sonia Sánchez, presidenta de AMMAR Capital.

En Lima, también hay la intención de la formación de una “zona rosa” frente a lo cual Angela Villón de “Miluska, Vida y Dignidad”, se opone a la creación de esta zona,  pues dijo que ellas son personas dignas de respeto y esto afectaría su derecho al libre tránsito.  Se encuentran en una campaña en contra de esta medida estigmatizante.

En México, según reflejó el Diario El Universal, por primera vez, la capital mexicana establecerá un plan para “controlar” la actividad de las trabajadoras sexuales tanto en la vía pública como en sectores privados. Sin embargo, la iniciativa no surge exactamente de la necesidad de velar por los derechos de estas mujeres, sino de la aplicación de la nueva Ley de Cultura Cívica que ya está operando en el Distrito Federal de México. El nuevo panorama tiene como uno de los principales objetivos uniformar la forma en la que se regula la actividad del “sexoservicio”.  Aunque no se habla de establecer zonas de tolerancia entre las 3 mil trabajadoras que operan en la vía pública, se precisará en un documento la forma en que los vecinos pueden quejarse de esta actividad.

Pero Alejandra Gil expresa que esta Ley de Cultura Cívica, es un paso atrás en sus derechos y “no somos animales para que nos den ese trato” reclamó la mexicana Alejandra Gil, quien además expresó que ahora trabajarán en contra de estas medidas violatorias.

Por su parte la ecuatoriana Karina Bravo, dijo que ellas ofrecen su trabajo en la calle y “ahí nos quedamos, la calle es del pueblo” señaló además que luego desarrollan su trabajo en los hoteles, no lo hacen en la calle. Respecto al mal ejemplo que se les achaca,  fue tajante en su rechazo, los gobernantes no dicen nada de los niños que se alimentan de basura en la calle, tampoco terminan de resolver la situación de pobreza, salud, educación y otros, “estos si son grandes problemas que merecen más atención” remarcó.

Gabriela Leite de Brasil, narró que ya tiene la experiencia de estas zonas rosa, y que solo son foco de marginalidad, de violencia, de proxenetas que violan todos los derechos de las mujeres que están adentro. “Lo importante es que nosotras lo que tenemos es una legalidad, nuestra actividad no es ilegal en ninguno de nuestros países. Aún estamos en manos de administradores, de empresarios. Queremos que la administración de la industria del sexo, salga de la ilegalidad para que se sientan obligados a pagar nuestros derechos” remarcó.


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