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Artículos
Mujeres en Situación
de Prostitución:
¿Trabajo o Esclavitud sexual?.
[1]
Por Cecilia Lipszyc
RESUMEN
En este artículo la autora aborda el tema hoy recurrente de
denominar “trabajo sexual” a las mujeres en situación
de prostitución. Se expone una postura contraria a esta denominación
en base al pensamiento feminista que aborda la explotación sexual
de las mujeres como un maximum de la violencia contra las mujeres y una
violación a los derechos humanos de las mismas. Se cuestiona al
contractualismo en que se basa esta nueva denominación y se considera
que este lenguaje sólo esconde y legitima el tráfico, la
trata y el proxenetismo, dado que, como sabemos el lenguaje no es neutral,
y detrás de toda esta “modernización” lingüística
se esconden los enormes capitales que lucran con la supuesta sexualidad
de los varones y la subordinación y opresión de las mujeres.
Prostitución y feminismo
La prostitución tiene su base en un sistema cultural sexual que sustenta
la demanda del sexo como servicio prestado por un objeto sexual subordinado
y dócil, que desaparece en tanto sujeto y cuya propia sexualidad resulta
negada. Arraigadas razones culturales y sexuales que aparecen “naturalizadas”,
mujeres y varones (pero sobre todo mujeres y niñas) pertenecientes a
los sectores sociales mas vulnerables son la oferta socialmente producida
para esta industria [2] .
El feminismo siempre ha entendido a la institución de la prostitución
como una institución fundacional del patriarcado. Es una de las formas
mas extremas de la violencia contra las mujeres. Ha escrito,
batallado hasta el infinito sobre la cultura que construye un modelo
de varón cuya sexualidad es un impulso de enorme potencia que debe
ser canalizado, a través de formas que están socialmente legitimadas,
toleradas e incluso estimuladas. Esta concepción parte del supuesto erróneo
de una “naturaleza intrínseca” de la sexualidad masculina. (Recordemos
que la “naturaleza” siempre es una construcción culturalmente mediada
y que el feminismo ha deconstruído los escencialismos como categoría de
conocimiento).
Si esa sexualidad es entendida como irrefrenable, si contradictoriamente
tendría -en los patrones culturales hegemónicos- como único cauce el
matrimonio monogámico, entonces requiere de la prostitución para la “resolución
de esa necesidad”. La prostitución es entonces una institución necesaria
para el control social de la sexualidad humana [3] . Ya lo planteaba San Agustín que sostenía que “la prostitución
femenina era necesaria para evitar la lujuria generalizada” y Santo Tomás
comparando a “la prostitución con una cloaca cuya supresión podía dar
lugar a la contaminación del palacio”
Shulamith Firestone [4]
en la “Dialéctica del sexo” sostiene que las prostitutas pagan con su
vida la formación varonil que obliga los varones a escindir lo emocional
de lo sexual [5] .
La división entre niñas y mujeres “honestas y deshonestas” encubre
la discusión del lugar de éstas en la segmentación social, étnica y
en alternativas de historias personales, por lo cual algunas resultan
más vulnerables y expuestas a esta demanda.
La violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y
abusos sexuales en general, van marcando un camino en la psiquis de los
abusados, qué “naturaliza” y se repite en la historia personal y generacional.
No todas las personas que han sido violadas o abusadas sexualmente en
la niñez ingresan posteriormente en la prostitución, pero en toda vida
de prostitución existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal
o familiar). Con el agravante de que esas acciones son llevadas a cabo
por familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica
relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos
respecto de los niños/as.
Kate Millet en su clásico libro “Política Sexual”
[6] sostenía que la situación de las mujeres en prostitución
-el objetivo de su actividad sexual no radica en su propio placer-
no hace otra cosa que exagerar “la paradójica situación sexual de las
mujeres en el patriarcado: convertida en objeto sexual , no puede gozar
de esa sexualidad, que parece ser su único destino, se la alienta a avergonzarse
de la sexualidad , a padecer de ella, aun cuando no se le permite elevarse
de una existencia casi meramente sexual”. El acto sexual mismo proporciona
el reconocimiento del derecho patriarcal.
Quizás sea Kathleen Barry [7]
en “ La esclavitud sexual de la mujer” y en The prostitutión of
Sexuality quien haya hecho los mas arduos planteamientos teóricos
sociológicos y estadísticos sobre el reclutamiento de niña/os y mujeres
en los circuitos de la explotación sexual que ella denomina “esclavitud
sexual” , sostiene que la prostitución, lejos de ser una forma de superación
de una cosmovisión puritana, es el modelo de sexualidad como destrucción
del yo, y una palpable violación a los derechos humanos de las mujeres
y niñas/os.
Francoise Collin [8] sostiene que el recurso de la
prostitución en una de las múltiples formas de violencia contra las mujeres
remite a una estructura común en la cual el deseo de uno sólo y un solo
deseo es ley sin el deseo del otro, otro deseo que le ponga
límites. [9]
El tema de debate es que partiendo de estos supuestos que ninguna feminista
puede desconocer, como se llega al término “trabajadoras sexuales” aún
dentro de algunas – hasta ahora minoritarias- corrientes del feminismo.
Pero no son minoritarias en los países centrales. En Viena, cuando tuvo
lugar la discusión del Protocolo sobre la Trata, fueron principalmente
los países occidentales e industrializados – los países de destino
de las víctimas de la trata – los que apoyaban las posturas defendidas
por las ONG “pro-trabajo sexual [10]
El debate se generaliza a partir del trabajo de 1998 de Lin Lean Lim de
la OIT que plantea que debería considerarse un sector industrial más por
el gran cúmulo de dinero que produce. (Me parece una postura un tanto
cínica.) [11] Creo que la repuesta más contundente la brinda
Carole Pateman [12] en su “Contrato sexual”.
El contractualismo (Rousseau, Locke, Hobbes,- recordemos aquello que
los hombres nacen libres e iguales para realizar libremente
(casualmente, se habían olvidado el tema del poder y de las relaciones
asimétricas entre las clases sociales y entre los sexos) entre ellos el
contrato social, político.
Pateman sostiene, que “la idea de que las mujeres son individuos dueños
de sí mismos es una ficción de la sociedad patriarcal”, cuyo contrato
sexual básico, no explícito, es que los varones tienen asegurado el acceso
al cuerpo de las mujeres y parte esencial de ese derecho es su demanda
de uso de cuerpos de mujeres como mercancía.
Por último siguiendo a Fanon, Foucault y Buordieu y los conceptos de la
producción de consenso: el primero sobre lo aprendido por el colonizado
que lo lleva a pensar como el colonizador, el segundo sobre los múltiples
mecanismos de disciplinamiento en la producción de conocimiento y conductas
de una sociedad y el otro en el término de violencia simbólica que retomando
a los anteriores sostiene que el dominado no dispone de categorías
de pensamiento para pensarse en su relación con el dominador por
lo cual los tres autores sostienen que el dominado piensa como el dominador
en términos de lo “natural”·
Remarquemos que la naturaleza es siempre pensada culturalmente por los
sectores hegemónicos: en el pensamiento ilustrado la naturaleza es el
orden que legitima y sanciona a su vez la adecuada distribución
de los papeles entre la Naturaleza y la Cultura.
Con estos supuestos teóricos que posibilidad de “libertad” le queda a
una mujer para “elegir” ser prostituída?
[13] Hablar de un contrato sexual como si fuera un contrato laboral
es hablar de “ficciones políticas” son meros contratos de esclavitud.
Y llamar a estas relaciones “contrato” es legitimar una lógica infame
de dominio” [14] . La relación entre mujeres y varones es una
relación asimétrica de dominio y opresión que llega al máximo en la compra
sexual de personas en prostitución.
El “trabajo sexual” no es neutro
Creo que el término “trabajo sexual” no es neutro. El lenguaje y su uso,
muy estudiado por el feminismo, que niega la supuesta neutralidad del
lenguaje, es uno de los mas formidables formadores del pensamiento y
la conciencia, es el estructurador básico de nuestra categorías de pensamiento
y por lo tanto es un excepcional mecanismo de producción y reproducción
simbólica e ideológica. Las palabras que decimos no son inocentes, tienen
detrás propuestas, no sólo jurídicas sino sobre todo políticas, de política
sexual.
Sostenemos obviamente que se debe penalizar exclusivamente a quienes las
prostituyen, las reclutan, las trafican, ejercen contra ellas alguna otra
forma de violencia o promueven la prostitución, ya sean redes o rufianes
individuales. Denominar “trabajo” a esta actividad es legitimar, naturalizar,
los fundamentos de los paradigmas patriarcales de opresión que hemos combatido
desde la teoría y la praxis, es contradecir los fundamentos mismos del
feminismo.
Legitimar, naturalizar la venta de personas para consumo sexual -al igual
que fuera una gaseosa- es como el maximum de la cultura individualista
del neoliberalismo que denigra a la humanidad. Es una postura que, con
la excusa de no discriminar a las mujeres en situación de prostitución,
esconde y legitima el tráfico, la trata y el proxenetismo.
Me parece un deslizamiento teórico -en el mejor de los casos- que la
cosificación a la que son reducidas las personas en situación de prostitución
en esta sociedad de consumo “del toco y me voy”, que impide relaciones
humanas solidarias y comprometidas sean redefinidas como “trabajadoras
sexuales”. No es la fuerza de trabajo lo que se vende en el mercado son
las personas.
Por otra parte, considero que la utilización del lema “trabajo sexual”
para referirse a la situación de prostitución constituye un eufemismo
y amerita algunas observaciones. En primer lugar, las ilusiones de progresismo
de quienes utilizan tal emblema caen en la misma postura -cuando recordamos
que la “primera ola” de tal concepción (la prostitución como si fuera
un trabajo) en el planteo de las y los moralistas medievales católicos,
cuando la iglesia católica regulaba y recaudaba, por lo menos en España,
la por entonces denominada mancebía.
La diferencia entre la antigua y la nueva ola estriba en que ya no se
trata sólo de instaurar un etiquetamiento estigmatizante para el control
de las mujeres, estén o no en situación de prostitución. El emblema
de “trabajo sexual” opera como coartada frente a la desocupación estructural.
Está claro que han conseguido articularse armoniosamente, aspectos de
muy diversa índole. Desde supuestas necesidades privativas del sexo masculino
hasta la desesperación de muchas mujeres por satisfacer sus necesidades
básicas y las de su familia. Por esto propongo un cuestionamiento crítico,
porque, a mi juicio, se trata de las políticas y de las éticas en juego.
[15]
En segundo lugar, al evitar nombrar a la prostitución se termina logrando
invisibilizar sus efectos dañinos
[16] generándose, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para
su promoción y expansión. En tercer lugar, acepto que para quienes ya
se encuentran en situación de prostitución (o sus familiares) el eufemismo
de autodenominarse “trabajadores sexuales” en algún momento hasta puede
constituir una válida estrategia defensiva: hay que tener presente que
en situación de prostitución la vulnerabilidad de la integridad física
y psíquica es la norma.
La confusión también llegó a Naciones Unidas. La Coalición contra el Tráfico
de Mujeres y la Red Internacional de Derechos Humanos, tuvo también que
oponerse al Informe entregado por la Reportera Especial de Naciones Unidas
Sobre Violencia contra las Mujeres, la Organización Internacional del
Trabajo OIT, y el Alto Comisario para los Derechos Humanos de Naciones
Unidas.
La Red Internacional de ONG por la defensa de los Derechos Humanos sostuvo
una posición contraria en Viena a la postura de la Reportera Especial
y el Alto Comisario para los Derechos Humanos.
En su declaración de 20 de mayo de 2000, la Reportera Especial Sobre Violencia
Contra las Mujeres, expresó que los términos “víctimas” y “explotación
de la prostitución” no debían aparecer en el Protocolo. Ella se preguntaba
si “todas las víctimas de la industria del sexo” eran objeto de “explotación
sexual” o si solamente era necesario condenar en el trabajo sexual, “las
condiciones de explotación similares a la esclavitud”.
Pero el Informe del Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de
Esclavitud que fue presentado a la Subcomisión para la Promoción y la
Protección de los Derechos Humanos el 15 de agosto de 2000 instaba al
Comité Especial de Viena para la Elaboración de un nuevo Protocolo sobre la
Trata de Personas a que “la aplicación de la definición de trata no
se viera limitada a la fuerza o a la coacción, sino que comprendiera todas
las formas de trata, que exista o no consentimiento por parte de la víctima”.
El Grupo de Trabajo constataba con inquietud que, en su informe más reciente
(E/CN.4/2000/68, par. 13), la Reportera Especial sobre la Violencia Contra
las Mujeres hubiera propuesto una definición de “trata” que era incompatible
con los principios de la Convención de 1949. [17]
Este nuevo Protocolo y la definición firme y pertinente que contiene sobre
la trata, constituye un paso decisivo y fundamental en toda la regulación
de los Derechos Humanos de las Mujeres del Siglo XXI.
Hace fracasar las tentativas de los grupos de presión pro-industria del
sexo que han trabajado por excluir toda mención de la prostitución en
las nuevas legislaciones sobre la trata.
Sitúa a la Convención sobre la Delincuencia Transnacional
Organizada de Naciones Unidas dentro del cuerpo de instrumentos internacionales
sobre derechos humanos, en particular con la
Convención de 1949 y el artículo 6 de la CEDAW”.
Insistimos en que se debe continuar con la sanción legal y social contra
los prostituyentes como principio imprescindible e incuestionable, ya
sean éstos explotadores o clientes.
Ello implica poner en cuestión toda una cultura sexual que construye la
sexualidad masculina como un impulso irrefrenable -socialmente legitimado-
que requiere de la prostitución como puntal del orden social y sexual.
Un ejemplo al respecto es Suecia que (1999) prohíbe en su nueva ley de
violencia contra las mujeres la compra de servicios sexuales dado que
considera que pagar por sexo no es derecho de los hombres.
[18]
Notas
[1] Se sigue lo planteado en el artículo mío publicado por CLADEM
en “Prostitución ¿Trabajo o Explotación Sexual? Lima 2003
[2] Cecilia Lipszyc. Artículo publicado en el diario Clarín. Noviembre
de 2000.
[3] La periodista argentina María Moreno en su artículo “ El trabajo
sexual “ cita el testimonio de un entrevistado del oficio sobre los prostituyentes:
prefieren la práctica de la prostitución porque la mujer le causa angustia,
miedo, es muy compleja para ser tratada en relaciones mas duraderas.
Citada por Edith Costa. Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18
.N2 26. Argentina.
[4] “ La Dialéctica del Sexo”.Ed. Kairós.Barcelona
1976
[5] Seguimos el artículo de Marta Vasallo. Feminaria Año X, Nº 22/23.
Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
[6] “Política Sexual” .Ed. Cátedra- Madrid 1995
[7] La esclavitud sexual de las mujeres”Ed. L Sal. Barcelona 1979.
y The Prostitution of Sexuality”Ed. Univ. Press.New York 1995
[8] “La sexualité, un droit de l´homme?
[9] Marta vasallo Feminaria . Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio
de 1999. Dossier sobre prostitución
[10] Entre estos países cabe citar Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca,
España, Irlanda, Japón, Nueva Zelanda, Países Bajos, El Reino Unido, Suiza
y Tailandia Sobre este último r ecomendamos el libro “ La Nueva
Esclavitud en la Economía Global de Kevin Bales.
Siglo XXI). Las razones invocadas eran de diferente índole. Desde
el principio, Estados Unidos argumentó que los términos “incitación” y
“que la persona consienta o no” eran vagos y confusos y que planteaban
problemas a la hora de la ratificación( siendo EEUU uno de los países
que nunca ratifican los tratados internacionales)
[11] Lin Lean Lim: The Sex Sector, ILO, Suiza, 1998
[12] Carole Pateman. “EL contrato sexual”. Ed. Anthropos Barcelona
1995
[13] Sartre sostenía que la libertad es lo que hacemos con lo que
han hecho de nosotros
[14] Edith Costa . Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2
26. Argentina.
[16] El psiquiatra español Francisco Orengo refirió en el Simposio
Internacional sobre Prostitución y Tráfico de Mujeres con fines de explotación
sexual realizado en Madrid en el 2000, una serie de estudios que coinciden
en dar cuenta de los daños sufridos por mujeres en situación de prostitución.
Como ejemplo en un estudio sobre 475 mujeres de 5 países, incluido Estados
Unidos, el 90 % había experimentado violencia. El 67 % presentaba stress
postraumático. El abuso sexual infantil oscilaba entre el 50 y el 90 %,
según los estudios considerados. Puntualmente señala, “la incidencia
del carcinoma de cuello de útero es mucho más elevada en éste tipo de
población”. En resumen su experiencia confirma “los efectos devastadores
de la prostitución sobre la salud de las mujeres”. Citado por Leonor Nuñez.
[17] A los efectos del Protocolo de la Trata de Personas el consenso
en Viena fue :
Por “trata de personas” se entenderá la captación, el trasporte, el traslado,
la acogida o la recepción, recurriendo a las fuerza o a la coacción o
a otras formas de amenaza, al rapto, a la superchería, al engaño, al abuso
de autoridad o de la situación de vulnerabilidad de una persona, o recurriendo
a la concesión o a la recepción de pagos o beneficios para lograr el consentimiento
de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.
La explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución
ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados,
la esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la
extracción de órganos;
a bis) El consentimiento de la víctima de la trata de personas respecto
de la pretendida explotación que se indica en el apartado a) se considerará
irrelevante en el caso de se hayan utilizado cualquiera de los medios
enumerados en el apartado a);
la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de
un niño con fines de explotación sexual se considerará “trata de personas”
incluso en el caso de que no supongan la utilización de ninguno de los
medios enunciados en el apartado a) del presente artículo;
[18] Florence Matreynaud “Penalización de los clientes en Suecia”
en Mujeres entre la globalización y la guerra santa. Compilación Marta
Vasallo. Le Monde Diplomatique. Julio 2003
Sobre la autora
Cecilia Lipszyc. Socióloga UBA. Estudio de Postgrado en Estudios
de la Mujer UBA. Convencional Nacional Constituyente. M/c.
Investigadora. Docente de Postgrado de la
U.N.L. Presidenta de ADEUEM. (Asociación de Especialistas Universitarias
en Estudios de la Mujer) Consultora y Directora de Proyectos de UNICEF,
UNIFEM, Unión Europea. Fue Coordinadora Nacional del Instituto Nacional
contra la Discriminación. Directora
Regional del proyecto de Naciones Unidas “Feminización de las migraciones
en América Latina. Discriminación Xenofobia. Racismo”. Autora de numerosos
artículos y libros.
e-mail: cecilial@arnet.com.ar
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A
batalha e o corpo:
Breves reflexões sobre travestis e prostituição.
Por Marcos Benedetti
RESUMO
Este artigo problematiza a associação entre a identidade
das travestis e a atividade da prostituição, muito presente
no imaginário da cultura brasileira. Argumenta que não é
a atividade da prostituição e seus rendimentos que determinam
os processos de transformação do corpo das travestis e a
construção de sua identidade de gênero. Partindo de
dados etnográficos de pesquisa, demonstra como os espaços
de prostituição são um território privilegiado
de aprendizado e vivência do gênero e de sociabilização
entre as travestis.
Travestis e Prostituição
As travestis [1]
constituem um grupo social cada vez mais numeroso e proeminente
na sociedade brasileira. Já dispõem, no nosso espaço social, de um papel
que lhes é legítimo e que, em si, indica processos maiores de mudança
social, como foi muito bem apontado por Silva e Florentino (1996).
Entretanto, apesar destas mudanças no papel e lugar social ocupado por
este grupo, ainda é comum a idéia de que as travestis constroem sua identidade
sexual e de gênero motivadas apenas pela prostituição e pelos ganhos financeiros
que esta atividade pode proporcionar. É corrente a associação da identidade
das travestis à atividade da prostituição, tanto no senso comum quanto
em alguns setores do conhecimento acadêmico no Brasil, como fica visível,
por exemplo, no que publica a Sociedade Brasileira de Sexologia em sua
revista eletrônica Viver Bem Saúde:
“O travesti é, na verdade, um prostituto
que, para atrair clientela, usa adereços que nossa cultura considera
característicos do sexo feminino (vestes, calçados, meias, pintura)
ou até mesmo se submete a cirurgias plásticas, implantes de silicones
e hormonioterapia, para adquirir contornos que se assemelhem aos das
mulheres.” [2]
Este artigo pretende relativizar a noção
corrente de que a transformação do corpo e do gênero entre as travestis
está determinada e ocasionada pela atividade da prostituição. A idéia
de que a construção do corpo e do gênero das travestis dá-se única e exclusivamente
em função do interesse pelos rendimentos financeiros proporcionados pela
prostituição é um dos sustentáculos do estigma e da exclusão social que
cerca este grupo social.
Meu objetivo nesta breve reflexão é argumentar que os processos de construção
do corpo e do gênero das travestis são complexos e estão determinados
e estruturados por lógicas do gênero próprias deste grupo social.
Também pretendo argumentar em favor de uma compreensão acerca dos ambientes
de prostituição de travestis para que estes espaços sejam percebidos não
apenas como um lugar de trabalho e de procura e auferição de dinheiro
por parte das travestis, mas sim como um dos principais espaços de sociabilidade
e aprendizado dos processos de construção do corpo e do gênero das travestis,
logo de construção de sua identidade social.
Este texto está inspirado na corrente de estudos que afirma o gênero como
uma construção cultural e não como uma determinação biológica ou natural.
Além de compreender os valores e práticas associadas ao masculino e ao
feminino como particulares a alguns contextos culturais, este artigo privilegia
uma opção teórico-metodológica que procura apreender os fenômenos sociais
através do corpo. O corpo é visto aqui então como sendo o acesso e o significado
do mundo social (Csordas, 1988).
Os dados e informações aqui apresentados são resultado da minha experiência
de convivência com as travestis de Porto Alegre. Esta convivência deu-se
durante oito anos, de 1993 a 2001, quando estive vinculado a um projeto
de prevenção de HIV/Aids entre profissionais do sexo desenvolvido pelo
Grupo de Apoio à Prevenção da Aids do Rio Grande do Sul (GAPA/RS). Em
1998 e 1999, também foi realizada uma pesquisa para elaboração da minha
dissertação de mestrado junto ao Programa de Pós-Graduação em Antropologia
Social da Universidade Federal do Rio Grande do Sul, onde foi empregado
o método etnográfico, no qual enfatizou-se o uso das técnicas de observação
participante.
Durante o período de pesquisa pude conviver e observar aproximadamente
cem travestis com idades que variam entre 16 e 55 anos, na sua grande
parte profissionais do sexo. Na sua maioria, as travestis residem nos
bairros periféricos da cidade ou em vilas da Região Metropolitana de Porto
Alegre, normalmente em apartamentos ou casas compartilhadas com outras
travestis ou mesmo pequenos cortiços que elas chamam pensão, usualmente
administradas por travestis mais velhas, conhecidas como cafetinas.
Apresentam níveis baixos de escolaridade e compartilham de noções e representações
típicas das classes populares, permeadas pela ideologia da hierarquia
conforme apontado por Duarte (1986). Outros dados também foram coletados
através da técnica de entrevista semi-aberta com roteiro, realizadas nas
casas das travestis ou ainda na sede do GAPA/RS [3] .
Cair na vida e virar travesti
O espaço da prostituição é um dos principais lugares sociais de construção
e aprendizado do feminino entre as travestis. Assim, os diversos espaços
de prostituição de travestis espalhados pela cidade de Porto Alegre, normalmente
públicos e exclusivos, servem de camarim e palco para o processo de transformação
do gênero e construção da identidade travesti.
É nos diferentes territórios de batalha (forma êmica utilizada
para denominar a atividade da prostituição) que muitas travestis tiveram
seu primeiro contato com outras monas (desinência êmica empregada
para se referir às próprias travestis), e que viram concretizados os seus
desejos de transformação. Muitas vezes foram trazidas por outra travesti
que já freqüentava o lugar e conhecia as demais, o que também lhe garantia
uma espécie de “proteção” naquele ambiente.
Ao narrarem as suas histórias sobre o início na prostituição, as travestis
referem-se a este período como cair na vida, cair na batalha,
cair lá embaixo (referindo-se a uma região geográfica da cidade
onde há prostituição de travestis, normalmente designada como sendo um
lugar de menor altitude) ou simplesmente cair, o que também é descrito
por Kulick (1998: 136) em sua pesquisa na cidade de Salvador. Esta expressão
talvez guarde relação direta com a idéia, presente no senso comum, de
que a prostituição (e aquela exercida na rua, especialmente) constitui
uma ocupação imoral e degradante do ser humano, como se a pessoa literalmente
“caísse” para um nível mais baixo da experiência humana. Por outro lado,
este processo também é visto como uma passagem para o mundo adulto, funcionando
a “queda” como um trampolim para uma mudança de status, característica
também descrita por Prieur (1998:72) no México.
Os territórios de prostituição constituem um importantíssimo espaço de
sociabilização, aprendizado e troca entre as travestis. Mesmo aquelas
que exercem a prostituição apenas esporadicamente, freqüentam estes lugares.
Há algumas travestis que têm nas zonas de batalha o principal (e
às vezes o único) ponto de encontro e convívio social. Assim, muito mais
do que um espaço de trabalho e fonte de renda, é nestes lugares que muitas
monas fazem amizades, compram e vendem roupas, objetos, materiais
de montagem (termo êmico utilizado para denominar o ato de vestir-se
com roupas de mulher), perfumes, adornos, drogas, etc.
É ali que aprendem os métodos e técnicas de transformação do corpo (como
o uso de hormônios e as injeções de silicone)
[4] , as formas corporais mais apropriadas às travestis e quais delas
são mais valorizadas, os segredos da montagem, as técnicas de maquiagem,
as formas legítimas e ilegítimas de seduzir um homem e se relacionar sexualmente
e a linguagem do bate-bate (constituída de um vocabulário codificado com
base na linguagem iorubá).
Da mesma forma, é na quadra de batalha que passam a conhecer as
formas corretas de andar no salto alto, de mostrar movimentos leves e
suaves, de olhar de determinada maneira, de mover o cabelo ou andar à
moda travesti. É na convivência nos territórios de prostituição que as
travestis incorporam os valores e formas do feminino, tomam conhecimento
dos truques e técnicas do cotidiano da prostituição, conformam
gostos e preferências (especialmente os sexuais) e muitas vezes ganham
ou adotam um nome feminino. Este é um dos importantes espaços onde as
travestis constroem-se corporal, subjetiva e socialmente. É onde, enfim,
aprendem o habitus [5] travesti.
Constitui-se também no principal espaço de trocas matrimoniais. Os maridos
e namorados, muitas vezes, são homens que circulam nestes territórios
em busca de sexo, diversão e parceria. Como bem observa Kulick (1998:
136), o espaço da prostituição é visto também como um espaço de experiências
prazerosas e enriquecedoras do gênero.
É nas quadras de batalha que se aprende, através de um fluxo de
aprovações e reprovações, das outras travestis, dos clientes e transeuntes,
as formas de ser feminina e ser desejada femininamente pelos homens que
ali circulam, sejam eles (potenciais) clientes ou não. O espaço da batalha
é um dos principais cenários de aprendizado e testagem do feminino, que
se dá através de um complexo sistema de estímulos, sinais, aprovações
e reprovações que confirmam, negam ou questionam os investimentos no processo
de transformação do gênero. Esse feedback que as travestis esperam
das colegas, clientes, transeuntes e outras pessoas é fundamental para
a conformação dos valores atribuídos ao feminino e ao masculino, que vão
sendo construídos em função dos investimentos aprovados ou não no convívio
social.
É na esquina que procuram exibir-se, insinuar-se e oferecer-se
de forma a sentirem-se atrativas para os desejos dos homens que ali circulam.
É na rua que sentem que as suas formas corporais e sua performance
feminina dão resultado, isto é, são eficientes para que os homens as desejem.
Este espaço é concebido como o principal meio de troca e aprendizado da
carreira travesti.
Os espaços generados da prostituição
Os diferentes espaços urbanos onde tem lugar a prostituição de travestis
podem ser vistos como se estivessem organizados e subdivididos em diversas
categorias que têm como pressuposto uma concepção de gênero que lhes é
particular. É claro que estas divisões do espaço físico-geográfico em
função das representações correntes neste grupo acerca do masculino e
do feminino são altamente fluidas e estão em constante mutação e deslocamento.
Mas ainda assim é possível perceber certas características femininas (por
parte das travestis) e masculinas (por parte dos clientes), que só têm
sentido quando concebidas umas em relação a outras, e que são distintas
em cada espaço.
Parece que cada zona é habitada por determinados “tipos” de travestis
que têm traços e formas físicas, concepções estéticas de vestir-se, adornar-se
e portar-se, além de concepções sobre desejos e práticas sexuais análogas.
Ao mesmo tempo, estes espaços são ocupados e visitados por clientes, bofes
(termo êmico para designar homens que sejam potenciais clientes ou
namorados), e outros pessoas do universo masculino que estão em posição
complementar àquelas características femininas enfatizadas pelas travestis.
Tal organização espacial não significa que as travestis não possam circular
por todas as áreas instituídas de comércio sexual de travestis, o que
aliás algumas o fazem em busca de novos clientes, amigos, informações
e diversão. Entretanto esta circulação também pode ser vista como um motivo
para gerar tensões internas aos diferentes grupos que ocupam ou “disputam”
o privilégio de determinadas regiões de prostituição. Estas tensões, às
vezes presentes em um espaço que não compreende mais do que três ou quatro
quarteirões, nem sempre são resolvidas apenas com discussões e xingamentos:
a violência física se faz presente na resolução de algumas querelas.
Esta espécie de regionalização dos espaços também é relatada por Silva
(1993) no Rio de Janeiro, por Müller (1992) em Porto Alegre e por Kulick
(1998) em Salvador. É perceptível uma certa hierarquia na ocupação dos
territórios, que parece estar baseada, segundo as travestis, em uma relação
entre as características dos clientes e as características das monas
que batalham naquela zona. Estas características são uma multi-combinação
de traços físicos e sociais. Assim, os clientes mais pobres, os caminhoneiros,
os que não têm carro e os que são mais feios (segundo a concepção das
próprias travestis) compartilham espaços com travestis que são mais velhas,
que vivem em situação de maior pobreza e que fazem investimentos (subjetivos
e objetivos) menos apurados na fabricação do feminino; ao passo que clientes
com mais dinheiro, com veículos próprios e que pertencem a um estrato
social mais elevado freqüentam as zonas ocupadas por travestis mais jovens,
que realizam grandes investimentos na construção do feminino, com gosto
estético atualizado com as tendências da moda, etc. Perlongher (1987)
observou dinâmicas análogas entre os michês de São Paulo.
Parece que os espaços de prostituição reproduzem os diferentes valores
do masculino e do feminino no universo das travestis, onde travestis e
clientes ocupam os mesmos espaços por compartilharem esquemas de gênero
semelhantes e complementares. É como se o espaço social das travestis
e suas diferentes posições, especialmente aquelas sugeridas pelo gênero,
se reproduzisse neste pequeno universo.
Por fim, quero afirmar que a freqüência das travestis nos espaços da prostituição
não está relacionada apenas e necessariamente com a atividade do trabalho
sexual ou com interesses puramente econômicos que podem advir destes serviços.
Antes, poderíamos dizer que o convívio social das travestis nas áreas
de prostituição está relacionado com a possibilidade da visibilidade social
dos seus investimentos na transformação corporal e do gênero. É prioritariamente
nestes espaços que as travestis aprendem as modalidades e processos de
se construir, corporal e subjetivamente, no gênero feminino; é onde podem
“verificar” se as estratégias de transformação de apresentação de si no
feminino encontram reciprocidade, tanto por parte das outras travestis,
como por parte dos outros habitantes deste universo social. O pertencimento
aos espaços de batalha é uma maneira privilegiada das travestis vivenciarem,
subjetiva e publicamente, o seu corpo e gênero feminino.
Referências Bibliográficas
BENEDETTI, Marcos. 2000. Toda Feita: o corpo e o gênero das travestis.
Porto Alegre: Programa de Pós-Graduação em Antropologia Social, Universidade
Federal do Rio Grande do Sul. (Dissertação de Mestrado)
BENEDETTI, Marcos. 2002. A calçada das máscaras. In: GOLIN, Célio &
WEILER, Luís Gustavo (orgs.) Homossexualidades, Cultura e Política.
Porto Alegre: Sulina. p. 140-52
BOURDIEU, Pierre. 1980. Le Sens Pratique. Paris: Le Minuit.
BOURDIEU, Pierre. 1995. A Dominação Masculina In: Revista Educação
& Realidade. 20(2):133-84, jul/dez.
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espelhos, papéis e interpretações. In: PARKER, Richard & BARBOSA,
Regina (orgs.) Sexualidades Brasileiras. Rio de Janeiro: ABIA/IMS-UERJ/Relume-Dumará.
SILVA, Hélio. 1993. Travesti — A invenção do feminino. Rio de Janeiro:
Relume-Dumará/ISER.
Notas
[1] Creio ser relevante esclarecer os motivos que me levam a empregar
o substantivo travesti como pertencente ao gênero gramatical feminino,
uma vez que a forma gramatical correta indicada nos dicionários é a de
um substantivo masculino. Além das razões que valorizam o próprio processo
de construção do gênero feminino no corpo e nas subjetividades das travestis
e que levam em conta a utilização êmica deste termo, usualmente empregado
na flexão feminina, a outra justificativa é política: já que o respeito
e a garantia ao seu feminino são as principais reivindicações do movimento
organizado de travestis e transexuais, acredito que este trabalho possa
contribuir com este objetivo, valorizando e afirmando o gênero feminino
(cultural e gramatical) das travestis.
[3] Para maiores detalhes sobre as questões metodológicas
da pesquisa, ver Benedetti, 2000.
[4] Os processos sociais de construção
do corpo empregados pelas travestis encontram-se melhor explicados em
Benedetti, 2000, especialmente no Capítulo “Entre curvas e sinuosidades: a fabricação do
feminino no corpo das travestis”.
[5] Bourdieu (1995, 1980), em sua teoria da prática, afirma que o
corpo é o espaço onde está a cultura, onde situam-se os principais esquemas
de percepção e apreciação do mundo que são formados a partir das estruturas
fundamentais de cada grupo, como as oposições entre alto/baixo, masculino/feminino,
forte/fraco, etc. A cultura é incorporada através de um mecanismo básico
que ele denomina habitus. Assim, o habitus é a própria naturalização
da cultura.
Sobre el autor
Marcos Benedetti, Licenciado em Ciências Sociais e Mestre em Antropologia
Social pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul. Consultor do Projeto
Ntwanano – Cooperação Brasil e Moçambique em HIV/Aids do Ministério da
Saúde do Brasil.
E-mail: marcosbenedetti@hotmail.com
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Trabajo
sexual y prostitución:
Visibilizando reflexiones, esfuerzos y divergencias.
Entrevistas a Elena Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil);
Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México); Angela Villón
(Perú).
En nuestra sociedad el trabajo sexual es un asunto controvertido,
y usualmente es abordado desde perspectivas puritanas. Aproximarse a él
de forma distinta ha requerido el trabajo de sensibilización y
preocupación de diversos sectores de la sociedad, en especial de
las organizaciones conformadas por mujeres que ejercen la prostitución
/ trabajo sexual, así como organizaciones feministas y de mujeres.
En éstas, los propios conceptos de prostitución y trabajo
sexual generan largas discusiones.
Rosa Dominga Trapasso, religiosa feminista, peruana explica que la prostitución
no es sinónimo de las mujeres que ejercen esta actividad, sino
un fenómeno social que involucra a los diversos actores que la
protagonizan y que está marcada por las estructuras económicas
y sociales que la sostienen. Ella se identifica con la intención
de superar las actitudes discriminatorias y peyorativas contra mujeres
involucradas en la prostitución. No está de acuerdo en calificar
al “trabajo sexual” como trabajo y señala que la prostitución
no es una opción laboral viable, en tanto implica el encubrimiento
de las relaciones de poder, de dominación y explotación.
De otro lado, un grupo de líderes de las trabajadoras sexuales,
que se reunieron en Lima en el Primer Encuentro Nacional e Internacional
de Trabajadoras Sexuales, intercambiaron experiencias, e identificaron
sus debilidades y avances, especialmente, en el caso de una agrupación
local, una vez lograda la organización y su articulación
a importantes redes. Explicaron que las luchas de las organizaciones de
trabajadoras sexuales se sustentan en el irrestricto respeto de sus derechos
humanos. Reivindicaron su derecho al trabajo sexual como cualquier otro
trabajo y sobre todo exigieron sus derechos con voz propia. Aquí
las entrevistas a las líderes de las trabajadoras sexuales: Elena
Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil); Karina Bravo (Ecuador);
Alejandra Gil (México); Angela Villón (Perú).
Entrevista a Rosa Dominga Trapasso
“La prostitución no es sinónimo de las mujeres
que la ejercen,
es un fenómeno social”.
Rosa Dominga Trapasso, es una mujer emblemática en el
movimiento de mujeres del Perú y una de las feministas pioneras
en el abordaje de la prostitución en el país, hecho que concretó al formar
la Organización No Gubernamental, Movimiento
El Pozo.
Ciudadanía Sexual: Rosa Dominga, cuéntanos
sobre la formación del Movimiento El Pozo, los puntos de partida
para el trabajo con las mujeres y cómo lo ves hoy en el contexto
peruano.
El evento que dio lugar a la formación de nuestra ONG, sucedió en 1976,
cuando un grupo de personas denunciamos la reglamentación de la prostitución
y el registro obligatorio de las mujeres que ejercían la prostitución,
por considerar que la reglamentación y el registro eran discriminatorios
a las mujeres y una violación de sus derechos personales. Esta acción
fue tomada por Creatividad y Cambio, ALIMUPER, Movimiento Promoción de
la Mujer y el Grupo de Trabajo Flora Tristán entre otros grupos y fue
acompañada por las firmas de más de 300 personas. Eso era en 1976.
El 9 de Octubre de este año, el Movimiento El Pozo se pronunció contra
la creación de una “zona rosa municipal” y la reglamentación de la prostitución
por parte del Estado. Son más de 25 años, y la prostitución persiste
con el aval del Estado y de la sociedad en general. Y da la impresión
que nada ha cambiado.
Pero ciertamente algunas cosas han cambiado en el curso de este tiempo.
Podemos observar que ahora el tema de la prostitución ha salido de la
sombra a la escena pública y esta siendo discutido por distintos sectores
de la población tal como en su revista por medio de esta entrevista.
¿Puedes decirnos como conceptualizas ¿prostitución y trabajo
sexual?
Siempre es importante decir en primer lugar que la prostitución no es
sinónimo de las mujeres que ejercen esta actividad.
Prostitución es un fenómeno social que involucra a los diversos actores
que la protagonizan y que está marcada por las estructuras económicas
y sociales que la sostienen.
En el Movimiento El Pozo hemos partido de dos definiciones de este fenómeno:
La prostitución es una modalidad de explotación ejercida
mediante una actividad histórica y organizada, basada en los roles sexuales,
a cambio de un pago inmediato en dinero o bienes que son apropiados
en parte por la víctima de la explotación y frecuentemente también por
terceros organizados en torno a esa explotación - Dr. Victor Carlos
Lora (Abogado peruano).
La prostitución es un negocio que otorga ganancias a
un conjunto de intereses y forma parte de una industria socio económica
que incorpora todas las características de explotación social, racista,
étnica y sexista vigentes en nuestras sociedades globalizadas y patriarcales.
- Movimiento El Pozo.
Si sólo asociamos la prostitución con las mujeres que
la ejercen, estamos ocultando las verdaderas dimensiones de este problema
y protegiendo a los actores que lucran con la explotación sexual de mujeres
y adolescentes.
Los términos “Trabajo sexual” y “trabajadores sexuales” reflejan una
posición concentrada casi exclusivamente sobre las mujeres involucradas
en esta actividad, con la suposición que esta actividad sea una opción
laboral para ellas.
Centrar la prostitución solo en las mujeres que la ejercen refleja la
doble moral que persiste en nuestra sociedad patriarcal e invisibiliza
las relaciones de dominación y explotación constitutivas de la prostitución.
Ciertamente, me identifico con la intención de superar las actitudes discriminatorias
y peyorativas contra mujeres involucradas en la prostitución, pero calificar
su actividad como un “trabajo sexual” y a ellas como “trabajadoras” y
que la prostitución es una opción laboral viable, viene a ser un encubrimiento
de las relaciones de poder, de dominación y explotación. La prostitución
sigue siendo prostitución aunque se profesionalice y legalice a una de
sus componentes, puesto que no han cambiado las reglas de juego ni los
actores de este comercio.
Al colocar la prostitución como forma de violencia contra la mujer, se
responsabiliza a las feministas de haber victimizado a las mujeres que
se dedican a la prostitución/ trabajo sexual, invadiendo su derecho a
elegir con su cuerpo, a afectar su libertad? ¿Qué dirías al respecto?
Hay varios grupos de feministas que están a favor de la consideración
de prostitución como una viable opción laboral.
La “opción“ para ejercer la prostitución no ocurre en un vacío. Toda
decisión, toda relación personal está fundamentada en un contexto
específico determinado por factores sociales, culturales, económicos
y políticos. La decisión de miles de mujeres peruanas de ejercer la prostitución,
en una esquina de Jirón Cailloma, en el centro de Lima o en una casa
de masaje en Miraflores o en una vitrina en Amsterdam está marcada por
situaciones personales de desempleo, pobreza, discriminación, abuso sexual,
marginación, roles sexuales, etc. ¿Cuales son los parámetros de libertad
para mujeres en sistemas capitalistas y sexistas como los nuestros?
CS: ¿Se puede considerar la prostitución/trabajo
sexual desde la perspectiva de los derechos sexuales y derechos reproductivos,
aludiendo por ejemplo al sector que defiende el trabajo sexual como vehículo
para ejercer el derecho al placer?
Ciertamente los derechos sexuales incluyen el derecho a la felicidad y
el placer e incluyen también el derecho a vivir la sexualidad sin violencia
y coerción, el derecho a la integridad física y el derecho de establecer
relaciones igualitarias con su pareja sexual, (todos los derechos están
interconectadas y interdependientes en su realización). Tendríamos que
preguntar sí el ejercicio de la prostitución es compatible con estos
derechos?
La prostitución se rige por las leyes del mercado donde el comprador tiene
el “derecho” de hacer lo que quiere con el objeto obtenido, ¿puede la
mujer cambiar las reglas del mercado o modificar el desequilibrio de poder
entre cliente (comprador) y prostituta? ¿Hay compatibilidad entre las
expectativas del cliente y las aspiraciones y derechos de la persona
que “le rinde el servicio sexual”?
CS. ¿Qué dirías de las posturas
de la OIT y otros sindicatos que plantean que el trabajo sexual, es un
trabajo en todo el sentido de la palabra y requiere por tanto la generación
de leyes que garanticen el derecho a la sindicalización, seguridad
social y otros, como ya se intenta en algunos lados? En contraste, ¿continúan
otros oponiéndose y colocando esta forma de venta de servicios
sexuales como una forma de esclavitud y tráfico sexual?
En nuestro movimiento de mujeres, demandamos la vigencia de los derechos
sexuales para todas las mujeres, sin ninguna excepción. Si creemos que
toda mujer es dueña de su cuerpo y tiene el derecho de vivir y gozar de
su sexualidad dentro de relaciones de igualdad, mutualidad, respeto y
justicia, es totalmente inconcebible proponer que la prostitución sea
una opción laboral y una válida ocupación para cierto sector de la población.
Es inaceptable apoyar posiciones que promueven la prostitución y facilitan
que hombres, cuyas parejas les ponen condiciones acordes con los derechos
sexuales, y les exigen un actuar más responsable, siguen teniendo acceso
a mujeres y jóvenes en situaciones donde ellas no pueden demandar relaciones
igualitarias..
Finalmente ¿cómo sugieres que debería abordarse actualmente la
prostitución/trabajo sexual? ¿Cómo lo deberían asumir las feministas?
Es necesario erradicar ideas antiquísimas, como “La profesión más antigua”
o “una vida fácil”. Estos mitos no son más que eufemismos para ocultar
un comercio brutal en el que la mujer es la parte más afectada y humillada.
Es necesario asociar la continuación de la prostitución con el estatus
secundario de la mujer en nuestras sociedades. Kate Millet definía desde
hace muchos años la prostitución con un paradigma de la condición
femenina. La lucha contra la prostitución es una parte necesaria
de la política de la Igualdad de Oportunidades. “Seria hipócrita hablar
de igualdad de oportunidades para mujeres y al mismo tiempo aceptar la
prostitución” según Gunilia Ekberg, del Grupo de Igualdad de Oportunidades
en Suecia, país que desde 1999, penaliza a los hombres que solicitan
los “servicios sexuales.”
Si somos fieles a nuestro compromiso a favor de los derechos humanos y
derechos sexuales de mujeres, tendremos que unir fuerzas contra uno de
los más persistentes bastiones del patriarcado: la dominación masculina
de la sexualidad de la mujer en la prostitución.
Rosa Dominga Trapasso
Octubre, 2004
Trabajadoras sexuales: Con voz propia defienden
sus derechos
Hablan las líderes de las trabajadoras sexuales: Elena Reynaga
(Argentina);
Gabriela Leite (Brasil); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México);
Angela Villón (Perú).
En nuestra sociedad el trabajo sexual es un asunto controvertido,
que es visto desde posturas prejuiciosas, estigmatizantes, discriminadoras
y violatorias. El abordaje del mismo ha requerido el trabajo de sensibilización
y preocupación de diversos sectores de la sociedad, en especial de las
organizaciones conformadas por mujeres que ejercen la prostitución, así
como organizaciones feministas y de mujeres, donde el asunto es analizado
desde la propia concepción de la prostitución y el trabajo sexual, lo
cual origina discusiones. Las luchas de las organizaciones de trabajadoras
sexuales se sustentan en el irrestricto respeto de sus derechos humanos.
Varias organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos,
también realizan propuestas.
Pero también el soporte para las demandas de sus derechos como trabajadoras
sexuales, han sido las acciones de la Organización Internacional de Trabajo
(OIT), basadas en la investigación realizada por Lin Lean Lim , quien
en 1998 presentó su Reporte sobre la situación de las trabajadoras sexuales
de cuatro países de Asia Suroriental, donde explicaba que “el negocio
del sexo ha crecido rápidamente en décadas recientes asumiendo dimensiones
de un sector comercial, que contribuye substancialmente al empleo y a
la renta nacional en la región”. El informe recomienda que la industria
del sexo esté incluida en las contabilidades oficiales de los gobiernos,
primero, debido a las contribuciones enormes a las economías regionales,
y en segundo lugar, como la única manera de mejorar la situación de esos
empleados como trabajadores del sexo. Con “un reconocimiento al sector
del sexo”, los gobiernos serían requeridos para ampliar los derechos y
las protecciones de trabajo a la gente que trabaja en él, refiere la especialista
Lin Lean Lim. Al mismo tiempo, el informe exige la extirpación de la prostitución
del niño como una violación seria de los derechos humanos y una forma
intolerable de trabajo de los niños.
Estas explicaciones de la OIT, encuentran resistencias y rechazos de quienes
señalan que la prostitución es una forma extrema de violencia contra la
mujer.
Paulo Longo y Cheryl Overs, en su trabajo “Haciendo el trabajo sexual
seguro” (2002) señalan que uno de los aspectos que genera más discusión
es la selección de la terminología. ¿Debemos usar “trabajo sexual”, “prostitución”,
“administrador de negocios”, “proxeneta (alcahuete, cafisho)”…? Debemos
describir el trabajo sexual en el lenguaje de la sociología o la antropología
o discutirlo como ¿una ocupación ? Estas preguntas son importantes ya
que el lenguaje tiene impacto significativo sobre cómo pensamos y trabajamos.
Y afirman que “trabajo sexual” es un término neutro y preciso, que se
ha hecho ampliamente popular entre los trabajadores sexuales y los proyectos
sobre trabajo sexual ya que es menos estigmatizante que “prostituta”,
“prostituto” y enfatiza la naturaleza laboral de proporcionar servicios
sexuales.
Sobre estas reflexiones y plataformas responde a Ciudadanía Sexual, un
grupo de mujeres líderes de las organizaciones de trabajadoras sexuales
del continente: Elena Reynaga (Argentina); Gabriela Leite (Brasil); Angela
Villón (Perú); Karina Bravo (Ecuador); Alejandra Gil (México).
Ciudadanía y empoderamiento de las trabajadoras sexuales
Es justamente en el contexto de pobreza, discriminación y violación de
derechos que se han creado organizaciones de trabajadoras sexuales, para
enfrentar con voz propia estas fuerzas provenientes del mismo estado como
autoridades, policías, serenos y también de vecinos poco o nada tolerantes
con quienes se dedican a esta profesión. Ellas defienden sus derechos
y mejores condiciones de vida así como favorecen el empoderamiento de
este sector de la sociedad.
El Primer Encuentro Nacional e Internacional de Líderes Trabajadoras Sexuales
realizado a fines de setiembre en Lima, Perú; es una paso adelante en
sus empeños y propició un ambiente inusual en la ciudad. Los medios de
comunicación trasmitieron otras imágenes: a las acostumbradas de entrevistas
y presencias a contraluz o con seudónimos, aparecían esta vez un grupo
de líderes trabajadoras sexuales de América Latina que dieron la cara
y el nombre y exigieron respeto a su vida y a sus derechos y decisiones
y en especial su derecho al trabajo sexual como cualquier otro derecho
humano, así como los beneficios sociales como trabajadoras.
Mediante sus organizaciones realizan Cursos y Talleres sobre derechos
humanos, mecanismos de denuncia frente a la violencia, salud sexual y
reproductiva, en especial sobre prevención de enfermedades de trasmisión
sexual y VIH /SIDA y aspectos legales, en especial para entregar herramientas
a las trabajadores sexuales para una mejor calidad de vida.
¿Cuál es su agenda, sus avances?
Tienen problemas comunes: Violación de derechos humanos, donde no funcionan
la garantía de derechos; violencia que ejerce el Estado, pues la policía
es el gran proxeneta, cobra cupos; la no presencia de políticas de Estado;
y su rechazo a los Carnets de salud. Ellas se esfuerzan por el reconocimiento
como mujeres y trabajadoras sexuales, quieren los mismos beneficios como
los trabajadores que realizan cualquier otra actividad.
Entre sus avances, Elena Reynaga expresa que hoy se habla más abiertamente
del trabajo sexual en el país, asimismo los medios las tratan con más
respeto. Manifestó que ya cuentan con la Red de Trabajadoras Sexuales
Latinoamericanas y del Caribe, compuesta por organizaciones de 19 países
y la creación y fortalecimiento de organizaciones en cada país.
Según informó, Gabriela Leite de Brasil, ellas básicamente defienden su
derecho al trabajo sexual, y resalta que sus luchas las han llevado por
diversos espacios que incluyen la Organización de Naciones Unidas, la
Organización Internacional del Trabajo y participaron por primera vez
en eventos como la reciente XVI Conferencia Mundial sobre VIH SIDA realizada
en Tailandia, en la que ella intervino junto a la argentina Elena Reynaga.
Hace falta mejorar las legislaciones y cumplir las existentes, señala
la peruana Ángela Villón, y reseña los maltratos de que son víctimas las
mujeres dedicadas a este trabajo, provenientes especialmente de la policía
y clientes y explica que el trabajo sexual en las calles no está tipificado
como delito, en realidad el proxenetismo es lo que sanciona el Código
Penal; sin embargo, las autoridades policiales las persiguen detienen
y golpean. Rechazó las acusaciones de que ellas serían responsables de
la transmisión del Sida en el país, y se opuso a los exámenes médicos
que les quieren hacer contra su voluntad.
La ecuatoriana Karina Bravo, aclara que esta reunión no es para alentar
a las jóvenes al trabajo sexual, queremos que las más nuevas encuentren
mejoras en sus derechos.
No queremos pruebas obligatorias de VIH, pero si quisiéramos que se asuma
que es un problema de todos, señala la mexicana Alejandra Gil y continúa
“Las credenciales son discriminadoras, somos objeto de estadísticas y
vemos que solo lo hacen con nosotras para reprimirnos y mientras sea así,
no lo aceptamos”.
Gabriela Leite, reivindica los nombres con que la sociedad las rechaza
“puta, meretriz, prostituta” al trabajar estas denominaciones deseamos
derrumbar estos estereotipos, asegura la brasileña.
Dejaron claro que se oponen a la explotación sexual de menores recomendando
al Estado hacerse cargo de estas responsabilidades y señalaron que prefieren
que otros sectores como las travestis hagan sus reclamaciones ellas mismas.
Las organizaciones y sus desafíos
Seguramente es Brasil uno de los países pioneros en la creación de este
tipo de instituciones donde las trabajadoras sexuales reclaman con voz
propia, así como también Argentina y México que a pesar de las dificultades
exhiben organizaciones ya cuajadas.
Argentina: AMMAR y la Red de trabajadoras
sexuales latinoamericanas y del Caribe
La argentina Elena Reynaga es presidenta de la Red de Trabajadoras Sexuales
Latinoamericanas y del Caribe y a la vez dirigenta de la Asociación
de Mujeres Meretrices de Argentina, AMMAR. Cuenta que AMMAR ya tiene 10
años de formada y que son sindicato que está afiliada a la Central de
trabajadores de Argentina. Contó que en sus luchas y denuncias contra
el abuso y la corrupción de la policía han tenido una líder muerta “Sandra”
y han realizado ya tres marchas de más de 7 mil personas exigiendo justicia,
aunque ya hay una persona presa, falta aún apresar a los responsables
políticos
Brasil: Davida (Mujer de la Vida) y la política
sexual
La organización Davida se funda en 1987, pero su trabajo se inicia en
1979. A la fecha integran la Red Nacional Brasilera de Profesionales del
Sexo, compuesta por más de 25 organizaciones y 5 mil integrantes a nivel
nacional. Entre sus logros mayores es que hoy se hable abiertamente del
trabajo sexual.
Gabriela Leite, fundadora de Davida y la Red, explica que ahora ellas
hablan de la política sexual, “queremos hablar respecto a la relación
de nosotras y las políticas de sexualidades y qué es el comercio sexual”.
Hay varios diagnósticos, pero son insuficientes. Queremos que el comercio
sexual sea legal. Asimismo aspiramos a una Ley que ya está en el Congreso,
pero demorará en su aprobación debido a la presencia de diputados evangelistas
que se oponen. En esa propuesta de Ley definimos qué es ser trabajadora
sexual lo cual nos facilitará la conformación de cooperativas para crear
nuestras propias boats y hoteles y acabar con la dependencia de los actuales
administradores, reseña Leite.
Establecen diálogos con el Estado, incluyendo el presidente Lula, ministerio
de salud, ministerio de trabajo donde aún aparecen como trabajadoras informales.
Dialogan también con organizaciones feministas, aunque algunas tratan
de criminalizar el trabajo sexual.
Ecuador: “Estoy orgullosa de mi trabajo sexual”
La ecuatoriana, Karina Bravo, de la organización de trabajadoras sexuales
de Machala, señala que está muy orgullosa de su trabajo sexual y que éste
le ha abierto puertas, que sus ingresos económicos le han posibilitado
estudiar en la Universidad. Asimismo señala que será candidata a Concejal
municipal por el Movimiento al Socialismo en la Provincia de Machala y
piensa que desde ese espacio, puede hacer mucho por sus compañeras de
trabajo y obligará a las autoridades políticas a dialogar en la búsqueda
de soluciones.
México: No aceptamos imposiciones
En México el gobierno del Distrito Federal se apresta a implementar un
plan que contempla el censo y el apoyo a las trabajadoras sexuales a
través de distintas iniciativas. Se busca que quienes ejercen el trabajo
sexual reciban una credencial como trabajadoras no asalariadas para que
obtengan los beneficios de ley. Se señala que en las mesas de trabajo
para lograr estas acciones, participan el jefe de Gobierno, Andrés Manuel
López Obrador, las secretarías de Seguridad Pública (SSP), de Desarrollo
Económico (Sedeco), de Salud y Desarrollo Social y 100 trabajadoras sexuales.
Alejandra Gil, expresa molesta que esto es un engaño, que no saben como
han sido elegidas estas 100 trabajadoras sexuales, que no representan
a las organizaciones y que estas reuniones son impulsadas por ONGs feministas
que no cuentan con el aval de ellas. Estamos cansadas de que otras personas
quieran hablar por nosotras, y de esa manera aceptan disposiciones que
van para atrás en nuestros logros que tanto nos han costado, señaló, al
advertir que parte de estos abusos provienen especialmente de la policía.
Perú: Miluska Vida y Dignidad
En Perú nació recientemente la Asociación de Trabajadoras Sexuales Miluska
Vida y Dignidad que ya cuenta entre sus asociadas a más de quinientas
mujeres a nivel nacional. Siete estudios notariales les negaron la realización
de gestiones para su inscripción, hasta que apareció una valiente abogada
que logró la formalización del grupo.
La organización está presidida por Angela Villón. Entre los objetivos
de la organización está mejorar la calidad de vida de las trabajadoras
sexuales desde una perspectiva de derechos humanos y de género. Realizan
convenios, alianzas con otras ONGs para la realización de sus acciones
y capacitaciones, en especial las referidas a aspectos legales y la salud
en especial enfermedades de transmisión sexual y VIH / SIDA. Piensan
proponer una Ley, pero será parte del proceso que inician. Realizan
diálogos con la Confederación General de Trabajadores del Perú y autoridades
locales, para exponer la situación y derechos de las trabajadoras sexuales.
No a la zona rosa
Cada cierto tiempo surgen voces en los países, de la creación de “zonas
rosa” para el ejercicio de la prostitución. Como señala Longo y Overs
(2002) “los antiguos romanos restringían los burdeles a zonas especiales
como resultado de discusiones parecidas a las que suceden hoy en muchos
países acerca de cómo pudiera ubicarse y controlarse la industria sexual”.
En Buenos Aires, Argentina se lanzó la reforma del Código Contravencional,
(o zona roja) con 122 artículos y una cláusula transitoria. En el artículo
78 está contenido lo que se da por llamar: oferta de sexo en la vía pública,
la venta ambulante y la obstrucción de la circulación, y la verdad no
es casualidad. Se reglamenta que las meretrices tendrán que ir a las zonas
rojas a ofertar sexo, a 200 metros de escuelas, iglesias, templos y viviendas.
El rechazo a la medida convocó a marchas y reclamaciones de AMMAR Capital,
pero hubo fuerte represión y varias trabajadoras sexuales fueron presas.
Ahora, la organización se esfuerza por la libertad de Carmen Ifrán y Marcela
Sanagua, presas en la marcha según declaró Sonia Sánchez, presidenta de
AMMAR Capital.
En Lima, también hay la intención de la formación de una “zona rosa” frente
a lo cual Angela Villón de “Miluska, Vida y Dignidad”, se opone a la creación
de esta zona, pues dijo que ellas son personas dignas de respeto y esto
afectaría su derecho al libre tránsito. Se encuentran en una campaña
en contra de esta medida estigmatizante.
En México, según reflejó el Diario El Universal, por primera vez, la capital
mexicana establecerá un plan para “controlar” la actividad de las trabajadoras
sexuales tanto en la vía pública como en sectores privados. Sin embargo,
la iniciativa no surge exactamente de la necesidad de velar por los derechos
de estas mujeres, sino de la aplicación de la nueva Ley de Cultura Cívica
que ya está operando en el Distrito Federal de México. El nuevo panorama
tiene como uno de los principales objetivos uniformar la forma en la que
se regula la actividad del “sexoservicio”. Aunque no se habla de establecer
zonas de tolerancia entre las 3 mil trabajadoras que operan en la vía
pública, se precisará en un documento la forma en que los vecinos pueden
quejarse de esta actividad.
Pero Alejandra Gil expresa que esta Ley de Cultura Cívica, es un paso
atrás en sus derechos y “no somos animales para que nos den ese trato”
reclamó la mexicana Alejandra Gil, quien además expresó que ahora trabajarán
en contra de estas medidas violatorias.
Por su parte la ecuatoriana Karina Bravo, dijo que ellas ofrecen su trabajo
en la calle y “ahí nos quedamos, la calle es del pueblo” señaló además
que luego desarrollan su trabajo en los hoteles, no lo hacen en la calle.
Respecto al mal ejemplo que se les achaca, fue tajante en su rechazo,
los gobernantes no dicen nada de los niños que se alimentan de basura
en la calle, tampoco terminan de resolver la situación de pobreza, salud,
educación y otros, “estos si son grandes problemas que merecen más atención”
remarcó.
Gabriela Leite de Brasil, narró que ya tiene la experiencia de estas zonas
rosa, y que solo son foco de marginalidad, de violencia, de proxenetas
que violan todos los derechos de las mujeres que están adentro. “Lo importante
es que nosotras lo que tenemos es una legalidad, nuestra actividad no
es ilegal en ninguno de nuestros países. Aún estamos en manos de administradores,
de empresarios. Queremos que la administración de la industria del sexo,
salga de la ilegalidad para que se sientan obligados a pagar nuestros
derechos” remarcó.
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