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Las atrocidades del nazismo y otras tragedias del siglo veinte llevaron
a la emergencia y consolidación de conceptos importantísimos
como el de derechos humanos. Estos tratan, en general, de promover la
igualdad y justicia entre las personas, lo que pasa por la defensa del
derecho a una vida digna para todas y todos, eliminando la posibilidad
de genocidios o estrategias guiadas por principios eugenésicos.
Los movimientos auténticamente progresistas del mundo fueron los
primeros en apoyar y promover estas perspectivas, felizmente ya mayoritarias
y reflejadas en instrumentos legales internacionales.
Sin embargo, por ironías de la evolución de ciertos significados
históricos, hoy en día vivimos una lucha sin esperanzas
de resolución, planteada supuestamente “en defensa de la
vida” por grupos históricamente vinculados a la derecha religiosa
más conservadora tanto de vertientes católicas como de las
evangélicas, en oposición a planteamientos que ellos declaran
“pro-muerte”, y que asocian, por un lado, a un grupo grande
de profesionales de la salud, y por otro, a intelectuales y activistas
del feminismo, la diversidad sexual y los derechos humanos. Como varios
de los textos incluidos en este número plantean, no hay nada en
contra de las visiones propuestas desde la fe, y cada quien debe tener
libertad de conciencia para acogerse a ellas. Pero, en un estado democrático
con libertad de cultos, ninguna perspectiva basada en la fe debe imponerse
a la ciudadanía en su conjunto, limitando la autonomía individual.
Las prácticas cuestionadas por los grupos autodenominados “pro-vida”
incluyen, claro está, el aborto inducido, el uso de los contraceptivos
no “naturales” (aunque también la reproducción
asistida y todas la nuevas tecnologías reproductivas), la eutanasia
en todas sus formas, y la investigación en células-madre
(células de embriones) para el tratamiento de algunas enfermedades.
Frente a todos estos casos, estos grupos plantean que la vida se da desde
la unión de óvulo y espermatozoide, y que interrumpirla
desde ese momento es un crimen similar al resultante del acabar con la
vida de un niño o un adulto. Los anticonceptivos “artificiales”
serían también abortivos (comenzando por la anticoncepción
de emergencia), y la investigación en células-madre “promovería
el aborto”.
Curiosamente, muchos movimientos “pro-vida” mezclan lecturas
particulares de los avances biológicos con argumentos teológicos
para definir sus posturas. No importa, obviamente, desechar otras fuentes
de conocimiento científico que cuestionan sus postulados, incluyendo
toda la visión de las ciencias sociales sobre la calidad de la
vida, la importancia que para un embarazo tiene el que éste sea
deseado, la centralidad de los afectos, y los significados de la experiencia
de una persona a partir de su historia y sus relaciones con los demás.
También coexisten en ellos, con sospechosa comodidad, de un lado
estas visiones de la vida de un claro esencialismo bio-teológico,
y del otro, una total carencia de pudor para respaldar guerras “por
la libertad” en tierra extraña con la muerte de muchos civiles,
o la tortura y la pena de muerte para quienes ven como enemigos de su
país o de su sociedad.
No es este un intento por definir a quienes se oponen a los grupos “pro-vida”
como homogéneamente “buenos”. Los grupos son diversos
y puede haber intereses comerciales involucrados, así como un interés
desigual por los derechos de las personas y la dignidad de la vida. Pero
la única forma de salir del entrampamiento de un debate hasta ahora
imposible implicaría el abandono de posiciones dogmáticas
y la facilitación del diálogo, para llegar a un consenso.
Pero el fundamentalismo no se puede dar esos lujos, porque se negaría
a sí mismo, y apagaría el fuego que lo mantiene vivo. Dada
la creciente polarización de las sociedades en cuanto a estos temas,
el curso que tomará este debate fallido es, en el mejor de los
casos, una incógnita.
Nos complace presentar en este número del boletín las perspectivas
de cuatro personas que han reflexionado sobre distintos aspectos del paradójico
debate sobre la defensa de la vida: Con su conocida ironía, Tim
Frasca plantea las contradicciones del discurso “pro-vida”
y de las posturas en términos más amplios adoptadas o respaldadas
por estos grupos; Samantha Buglione nos presenta una interesantísima
reflexión general sobre el tema para luego concentrarse en las
especificidades de la polémica sobre células-madre; Roxana
Vásquez aborda el tema desde los discursos adoptados en el debate
sobre la anticoncepción de emergencia, ligándolos a la perspectiva
mayor de muchos abortos inseguros por la persistencia de su ilegalidad;
y Susana Chávez, en la entrevista que nos concede, discute sus
puntos de vista sobre los recientes hechos en torno de Terry Schiavo en
EE.UU. y las implicancias que el caso pudo tener para el futuro del debate
sobre “la defensa de la vida”.
Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer,
y Día de Lucha contra la Homofobia en Perú
Este 28 de mayo se conmemoró, una vez más, el Día
Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. Una de las discusiones
en el candelero se centra en lo limitados que resultan los “Objetivos
del Milenio”, existiendo la necesidad de ampliar sus metas tomando
en cuenta los acuerdos de las Conferencias de Cairo y Beijing, con especial
énfasis en los Derechos Sexuales y Reproductivos.
En algunos países de la región se ha dado también
una curiosa campaña contra el uso en instrumentos oficiales del
concepto de ‘género’, al que se descalifica como ambiguo,
y en cuyo reemplazo se promueve la mención de “hombres y
mujeres”. Esta obsesión contra el término no es nueva,
y se refleja en documentos del fundamentalismo católico que datan
ya de varios años. Lo que preocupa del término es, en sentido
amplio, su cuestionamiento del orden “natural” de hombres
y mujeres con roles definidos, al historizar las relaciones entre unos
y otras e introducir la cuestión de las relaciones de poder. En
sentido específico, algunos lo amalgaman con identidad sexual,
resultando en una surrealista denuncia de la intención de legitimar
hasta cinco géneros (les dejamos a ustedes imaginar cuáles).
Sin embargo, el término no sólo ha entrado en el sentido
común, sino que se ya asentó en mucho de la legislación
internacional y también en buena parte de documentos de los Estados,
por lo que solicitar su eliminación resulta, a estas alturas, irrisorio.
En el contexto de Perú, debe mencionarse, primero e1 31 De Mayo:
Día Nacional de Lucha contra la Violencia y crímenes de
Odio hacia Travestis, Transexuales, Lesbianas, Gays y Bisexuales, planteado
en homenaje a personas que, en razón de su orientación sexual,
fueron asesinadas en los tiempos de reciente violencia política
en el país (décadas de los ochenta y noventa), información
parcialmente recuperada en el Informe de la Comisión de la Verdad
y Reconciliación.
En cierta relación con esto, debe mencionarse la realización,
en Arequipa, del Foro Panel “Sexualidad, una mirada hacia el poder”,
co-organizado por jóvenes activistas LGBT independientes, la Alianza
Interinstitucional para una Cultura de Derechos, y el Centro Federado
de Estudiantes de Sociología de la Universidad Nacional de San
Agustín. Nuestro proyecto tuvo el honor de participar de esta iniciativa.
Anunciamos que en Expresiones presentamos en su sección Muestra,
una serie de cuadros de Fernando Botero, con imágenes de los abusos
cometidos en la prisión de Abu Ghraib. En Expo,
la peruana Natalia Iguiñiz, aborda el tema de la Maternidad, el
deseo de ser madre, la obligación de serlo, la opción de
no serlo y en Campañas, presentamos la
de OXFAM con el apoyo de artistas comprometidos con causas sociales y
de lucha de derechos.
Finalmente, nuestro saludo solidario a todas y todos en el marco de estas
conmemoraciones.
Carlos Fernando Cáceres
Coordinador
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