Nº14 Año 2
 
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EDITORIAL


“La Defensa de la Vida” o la frustración por el imposible diálogo con los dogmatismos.

“Vida” es una palabra mágica, como “madre”, “amor” o “familia”. Su mención reporta inmediatos dividendos en el discurso público, dividendos que se multiplican si se plantea que se le defiende o promueve. Y esto, qué más quisiéramos, no debería representar ningún problema. Pero vivimos, desde hace algunos años, una peculiar lucha de significados sobre esta misma “vida”, que lamentablemente no se resolverá en un debate que lleve a consenso, sino que probablemente persistirá y se acrecentará cíclicamente.

 
 


Las atrocidades del nazismo y otras tragedias del siglo veinte llevaron a la emergencia y consolidación de conceptos importantísimos como el de derechos humanos. Estos tratan, en general, de promover la igualdad y justicia entre las personas, lo que pasa por la defensa del derecho a una vida digna para todas y todos, eliminando la posibilidad de genocidios o estrategias guiadas por principios eugenésicos. Los movimientos auténticamente progresistas del mundo fueron los primeros en apoyar y promover estas perspectivas, felizmente ya mayoritarias y reflejadas en instrumentos legales internacionales.

Sin embargo, por ironías de la evolución de ciertos significados históricos, hoy en día vivimos una lucha sin esperanzas de resolución, planteada supuestamente “en defensa de la vida” por grupos históricamente vinculados a la derecha religiosa más conservadora tanto de vertientes católicas como de las evangélicas, en oposición a planteamientos que ellos declaran “pro-muerte”, y que asocian, por un lado, a un grupo grande de profesionales de la salud, y por otro, a intelectuales y activistas del feminismo, la diversidad sexual y los derechos humanos. Como varios de los textos incluidos en este número plantean, no hay nada en contra de las visiones propuestas desde la fe, y cada quien debe tener libertad de conciencia para acogerse a ellas. Pero, en un estado democrático con libertad de cultos, ninguna perspectiva basada en la fe debe imponerse a la ciudadanía en su conjunto, limitando la autonomía individual.

Las prácticas cuestionadas por los grupos autodenominados “pro-vida” incluyen, claro está, el aborto inducido, el uso de los contraceptivos no “naturales” (aunque también la reproducción asistida y todas la nuevas tecnologías reproductivas), la eutanasia en todas sus formas, y la investigación en células-madre (células de embriones) para el tratamiento de algunas enfermedades. Frente a todos estos casos, estos grupos plantean que la vida se da desde la unión de óvulo y espermatozoide, y que interrumpirla desde ese momento es un crimen similar al resultante del acabar con la vida de un niño o un adulto. Los anticonceptivos “artificiales” serían también abortivos (comenzando por la anticoncepción de emergencia), y la investigación en células-madre “promovería el aborto”.

Curiosamente, muchos movimientos “pro-vida” mezclan lecturas particulares de los avances biológicos con argumentos teológicos para definir sus posturas. No importa, obviamente, desechar otras fuentes de conocimiento científico que cuestionan sus postulados, incluyendo toda la visión de las ciencias sociales sobre la calidad de la vida, la importancia que para un embarazo tiene el que éste sea deseado, la centralidad de los afectos, y los significados de la experiencia de una persona a partir de su historia y sus relaciones con los demás. También coexisten en ellos, con sospechosa comodidad, de un lado estas visiones de la vida de un claro esencialismo bio-teológico, y del otro, una total carencia de pudor para respaldar guerras “por la libertad” en tierra extraña con la muerte de muchos civiles, o la tortura y la pena de muerte para quienes ven como enemigos de su país o de su sociedad.

No es este un intento por definir a quienes se oponen a los grupos “pro-vida” como homogéneamente “buenos”. Los grupos son diversos y puede haber intereses comerciales involucrados, así como un interés desigual por los derechos de las personas y la dignidad de la vida. Pero la única forma de salir del entrampamiento de un debate hasta ahora imposible implicaría el abandono de posiciones dogmáticas y la facilitación del diálogo, para llegar a un consenso. Pero el fundamentalismo no se puede dar esos lujos, porque se negaría a sí mismo, y apagaría el fuego que lo mantiene vivo. Dada la creciente polarización de las sociedades en cuanto a estos temas, el curso que tomará este debate fallido es, en el mejor de los casos, una incógnita.

Nos complace presentar en este número del boletín las perspectivas de cuatro personas que han reflexionado sobre distintos aspectos del paradójico debate sobre la defensa de la vida: Con su conocida ironía, Tim Frasca plantea las contradicciones del discurso “pro-vida” y de las posturas en términos más amplios adoptadas o respaldadas por estos grupos; Samantha Buglione nos presenta una interesantísima reflexión general sobre el tema para luego concentrarse en las especificidades de la polémica sobre células-madre; Roxana Vásquez aborda el tema desde los discursos adoptados en el debate sobre la anticoncepción de emergencia, ligándolos a la perspectiva mayor de muchos abortos inseguros por la persistencia de su ilegalidad; y Susana Chávez, en la entrevista que nos concede, discute sus puntos de vista sobre los recientes hechos en torno de Terry Schiavo en EE.UU. y las implicancias que el caso pudo tener para el futuro del debate sobre “la defensa de la vida”.

Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, y Día de Lucha contra la Homofobia en Perú

Este 28 de mayo se conmemoró, una vez más, el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. Una de las discusiones en el candelero se centra en lo limitados que resultan los “Objetivos del Milenio”, existiendo la necesidad de ampliar sus metas tomando en cuenta los acuerdos de las Conferencias de Cairo y Beijing, con especial énfasis en los Derechos Sexuales y Reproductivos.

En algunos países de la región se ha dado también una curiosa campaña contra el uso en instrumentos oficiales del concepto de ‘género’, al que se descalifica como ambiguo, y en cuyo reemplazo se promueve la mención de “hombres y mujeres”. Esta obsesión contra el término no es nueva, y se refleja en documentos del fundamentalismo católico que datan ya de varios años. Lo que preocupa del término es, en sentido amplio, su cuestionamiento del orden “natural” de hombres y mujeres con roles definidos, al historizar las relaciones entre unos y otras e introducir la cuestión de las relaciones de poder. En sentido específico, algunos lo amalgaman con identidad sexual, resultando en una surrealista denuncia de la intención de legitimar hasta cinco géneros (les dejamos a ustedes imaginar cuáles). Sin embargo, el término no sólo ha entrado en el sentido común, sino que se ya asentó en mucho de la legislación internacional y también en buena parte de documentos de los Estados, por lo que solicitar su eliminación resulta, a estas alturas, irrisorio.

En el contexto de Perú, debe mencionarse, primero e1 31 De Mayo: Día Nacional de Lucha contra la Violencia y crímenes de Odio hacia Travestis, Transexuales, Lesbianas, Gays y Bisexuales, planteado en homenaje a personas que, en razón de su orientación sexual, fueron asesinadas en los tiempos de reciente violencia política en el país (décadas de los ochenta y noventa), información parcialmente recuperada en el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

En cierta relación con esto, debe mencionarse la realización, en Arequipa, del Foro Panel “Sexualidad, una mirada hacia el poder”, co-organizado por jóvenes activistas LGBT independientes, la Alianza Interinstitucional para una Cultura de Derechos, y el Centro Federado de Estudiantes de Sociología de la Universidad Nacional de San Agustín. Nuestro proyecto tuvo el honor de participar de esta iniciativa.

Anunciamos que en Expresiones presentamos en su sección Muestra, una serie de cuadros de Fernando Botero, con imágenes de los abusos cometidos en la prisión de Abu Ghraib. En Expo, la peruana Natalia Iguiñiz, aborda el tema de la Maternidad, el deseo de ser madre, la obligación de serlo, la opción de no serlo y en Campañas, presentamos la de OXFAM con el apoyo de artistas comprometidos con causas sociales y de lucha de derechos.

Finalmente, nuestro saludo solidario a todas y todos en el marco de estas conmemoraciones.

Carlos Fernando Cáceres
Coordinador

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