Nº19 Año 2
 
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ARTICULOS &
ENTREVISTAS

Artículos
  1. Las muchas caras del fundamentalismo
    Por Sonia Corrêa
 
 
  1. Las contradicciones de la modernización tradicionalista del Estado Peruano
    Por Gloria Careaga

  2. Políticas y programas educativos basados sólo en la abstinencia: el rol de la Sociedad de Medicina Adolescente
    Por Mauro Cabral

  3. Estrategias y acciones proactivas frente a los Fundamentalismos en la Región*
    Los fundamentalismos y su accionar en la región

    Por Marta Alanís


Desarrollo Artículos

LAS MUCHAS CARAS DEL FUNDAMENTALISMO

Por Sonia Corrêa
 
Desde los anos 70, cuando la revolución Iraní derrocó el Gobierno de Sha Reza Pahlavi y dejó a Ayatollah Khomeini en el poder, el mundo fue forzado a re­examinar la cuestión de la relación entre la religión y la política. El debate realizado desde entonces, en el marco de la ciencia política convencional, ha centrado su atención en los regímenes teocráticos del mundo Islámico, enfatizando que estos regímenes repre­sentan una ruptura con la tradición política moderna que separa los poderes políticos y el poder "divino". Este enfoque dejaba por fuera la creciente influencia que las fuerzas integristas religiosas empezaban a tener sobre muchos otros esta­dos que se auto definen como seculares, aún cuando sus  constituciones contienen fuertes principios para garantizar la  separación entre  Estado y religión.
 
Mientras que Khomeini atraía, en el plan global,  la atención de los medios como  un líder del fundamentalismo Islámico, grupos integristas Pprotestantes y Ccatólicos ganaban una fuerte influencia sobre la política internacional y domés­tica de Ronald Reagan.  Como resultado, desde entonces en los Estados Unidos el acceso al aborto se volvería una "anatema" y las mujeres que hacen abortos  serían tratadas, crecientemente, como las "nuevas here­jes". Desde entonces se llevaron adelante ataques virulentos contra las clínicas de aborto y doctores que realizaban estos procedimientos. Varias clínicas fueron incendiadas y varios profe­sionales fueron asesinados. La posición fundamentalista de Reagan ganó mayor visibilidad inter­nacional en 1984, durante la Conferencia Internacional sobre Población en México, cuando EEUU suspendió su apo­yo al FNUAP, declarando que sus recursos eran desti­nados para la promoción del aborto.
 
Sin embargo, hasta la llegada de George Bush al poder, los politólogos y los medios de comunicación no dieron tanta atención a esos episodios como lo han hecho en relación al  fundamentalismo Islámico. En los años 80, los efectos nefastos de las políticas de Reagan interesaron, casi exclusivamente, a los sectores involucrados con la planificación familiar y particular­mente a las feministas. Ya en 1984, la Red DAWN afirmaba en su primer libro que el fundamentalismo religioso y sus varias manifes­taciones -Islámico, Católico, Hindú, Protestante- cons­tituía una tendencia política, cuyos impactos serían de­sastrosos para las mujeres. Pasadas dos décadas, a pesar de la desatención de muchos, esta visión premonitoria se confirma dramática­mente: el fenómeno del fundamentalismo religioso se hace patente en los cuatro rincones del mundo. EI Talibán y los hechos del 11 de Septiembre, son nada más que las puntas del iceberg.
 
En su expresión religiosa, el fundamentalismo Islámico sentencia a muerte a las mujeres de Nigeria acusadas de adulterio. En India, lo que se denomina  “fundamentalismo hindu” está en el origen de los conflictos comunitarios cuyo camino está plagado de masacres civiles. Hombres son victimas, sin duda, pero hay abusos sistemáti­cos a mujeres y niñas, como se ha visto en el genocidio de 2002 en el Estado de Gujarati. En América Latina, la jerarquía Católica y sectores protestantes movili­zan contra el uso del condón, desde hace ya algunos anos. Más recientemente la Iglesia Católica se ha dedicado a atacar el Protocolo Facul­tativo de la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación en contra de las mujeres, afirmando que ese documento busca facilitar la legalización del aborto. En casi todos los países de la región los sectores de la jerarquía Católica, la Opus Dei y grupos evangélicos se oponen públicamente a políticas de salud sexual reproductiva y en particular, en contra los derechos de homosexua­les, lesbianas, transgéneros y travestis.
 
Así, como pasa en Estados Unidos, en nuestros países estas fuerzas vienen ganando poder político por la vía democrática. Procuran votos a través del control de los medios y a través de estrategias populistas, como la distribución de recursos para los pobres vía redes religiosas. En todos estos lugares donde prolifera, el fundamentalismo religioso busca enraizarse en aquellos sectores excluidos de las políticas públicas y logros económicos y especialmente entre hombres jóvenes desempleados. Sin embargo, en muchos contextos las muje­res también son protagonistas de la acción política fundamentalista, actuando como porta voces en defensa de la familia, la moralidad y la decencia.
 
Desde Septiembre de 2001, la "Guerra sagrada en contra el Eje del Mal”  de George Bush es seguida diariamente en los medios de comunicación. Sin embargo,  el público más amplio es informado sobre las políti­cas promovidas por los EEUU en el campo da la sexualidad como un elemento fundamentalista de la actual política externa de América del Norte. Esta polí­tica incluye el corte en los recursos para aquellas ONGs extranjeras que trabajan en temas relacionados con el aborto (la ley de la Mordaza), la coerción para que los programas financiados por USAID promuevan la abstinen­cia sexual como prevención del SIDA y desde el 2004, la adopción de una  cláusula que obliga a los receptores de fondos del PEPFAR (programa norte-americano para combate al SIDA) a tener una posición pública contra la prostitución. El ataque a la prostitución también se manifiesta en los programa de USAID contra el tráfico y trata de personas.  Desde el 2001, cualquier negociación global en las que participan los EUA ha sido negativamente afectada por esta “agenda moral”.
 
En este exacto momento (Mayo de 2006),  cuando en Nueva York se está negociando la Declaración Política a ser adoptada por los países miembros de la ONU en ocasión de la revisión de cinco anos de la Sesión Especial de la Asamblea General para el HIV/SIDA, una de esas batallas diplomáticas está en curso. En esta oportunidad, ya no se trata solamente de que EEUU  y sus aliados quieran imponer la agenda de abstinencia, de ataque a la prostitución y contra los servicios de salud sexual y reproductiva. Los países conservadores, bajo el liderazgo de EEUU,  quieren impedir que el texto hable de los derechos humanos como una dimensión imprescindible de la respuesta a la epidemia y que mencione grupos vulnerables, pues en documentos anteriores esa terminología abarca a los homosexuales, trabajadoras sexuales, hombres que hacen sexo con hombres y usuarios de drogas.
 
Esa no es la primera vez en la historia en que el dogmatismo  religioso produce atrocidades  contra la sexualidad de las personas. Es suficiente retratar el efecto nefasto de la Inquisición Católica en Europa,  pero también en América Latina. Historiadoras feministas han explorado a fondo sus impactos sobre la sexualidad y libertad de las mujeres. Estudios sobre la historia de la homosexualidad traen relatos dramáticossobre las hogueras en que se quemaron hombres y mujeres en España y Portugal hasta el siglo 18.
 
Pero no debemos hacer analogías simples. Son muy distintas y peculiares las características del fundamentalismo religioso contemporáneo. En el siglo 21 las “guerras sexuales “ – como las denomina Gayle Rubin en un texto clásico de 1984 – ya no son localizadas. Pero ocurren al mismo tiempo en muchos espacios: niveles locales en el Norte y el Sur del Ecuador y también en arenas públicas globales. Hoy se puede hablar de una intensificación de conflictos religiosos y sociales involucrando temas sobre la sexualidad. 
 
Como subrayan Karen Armstrong y otros autores, un sesgo fundamental del fundamentalismo contemporáneo es que se presenta como una defensa de la tradición –  del texto sagrado original – siendo al mismo tiempo un fenómeno totalmente moderno. Eso porque constituye una reacción a los cambios producidos por la   “modernidad”, pero también porque no declinan el uso de las técnicas modernas – como los sistemas de información y comunicación – cuando se trata de diseminar sus ideas.  El fundamentalismo contemporáneo está relacionado, sin duda, a las condiciones y sentimiento de incertidumbre producido por la globalización. Pero puede y debe también ser comprendido como una reacción al secularismo compulsivo que caracterizó muchas experiencias políticas a lo largo del siglo 20 y que sigue, por ejemplo,  vigente aún hoy en China. Por esa razón Jaques Derrida dejó como legado la idea de que el fundamentalismo de nuestros tiempos es un retorno melancólico (y violento) de la religión. 
 
Son, por lo tanto, múltiples y complejos los frentes conceptuales y políticos en los cuales debemos colocamos para contrarrestar los im­pactos dañinos del fundamentalismo religioso. En el marco de ese mismo desafío está la tarea crucial de reincorporar la defensa del esta­do laico en nuestras agendas políticas cotidianas. Quizás más aún: estamos frente al reto de volver a fundar las mismas bases de la laicidad que nos fue legada por las revoluciones del siglo 18.
Pero esto no es todo. Al comienzo de este nuevo milenio nos enfrentamos a otras expresiones de! fundamentalismo que, aunque no son religiosas, están caracterizadas por la intransigencia de un pensamiento o una verdad abso­luta.
 
Una de las expresiones más conocidas es la del "fundamentalismo del mercado". Los medios de comu­nicación atribuyen la invención de este término a George Soros, aún cuando hayan sido las economistas feministas las que han elaborado esta terminología a mediados de los anos 90. El fundamentalismo del mercado significa un apego dogmático a los principios de la economía neoliberal o, en otras palabras, la "creencia" en un Modelo Económico Único que puede y debe ser aplicado a todo el mundo. Esta "creencia" inhibe el reconocimiento de los proble­mas y las crisis que emergen de la implementación de este modelo y de las diferencias contextuales e institucionales que, en gran medida, determina la desempeño de las economías nacionales.   
 
Finalmente, pero no menos importante, es necesario reconocer y cuestionar las manifestaciones del "fundamentalismo" que están presentes en nuestros propios campos de actuación política.  Hablo de posiciones dogmáticas que hoy día  pueden ser observadas en el ámbito de las políticas comunitarias y de identidad,  incluidas ahí las dinámicas de la llamada política sexual. Aunque la motivación de estas expresio­nes políticas contemporáneas no sea religiosa, en muchos casos ellas reproducen pensamientos e instigan principios fundamentalistas negando el diálogo y el reconocimien­to de alternativas inherentes a las políticas democráti­cas.
 
Por lo tanto, al comienzo de este nuevo milenio, debemos alertar y estar atentas al fundamentalismo reli­gioso que afecta las grandes políticas y a las tentacio­nes más sutiles del fundamentalismo económico y polí­tico, teniendo en cuenta que este ultimo desafortunada­mente esta latente en nuestros propios quehaceres. 
 
*Una primera versión de ese documento fue originalmente preparada para la revista “Bocas no Mundo, que publica La Articulación de Mujeres Brasileñas, AMB en el 2004, esa versión fue publicada nuevamente en el Suplemento Especial de DAWN Informes para el Foro Social Mundial de Mumbai..


Sobre la autora
Sonia Corrêa, es de Brasil y se desempeña como Co- Coordinadora del Grupo Internacional para Sexualidad y Política Social y Coordinadora de la Red DAWN para las Investigaciones en Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos.
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LAS CONTRADICCIONES DE LA MODERNIZACION TRADICIONALISTA DEL ESTADO PERUANO

Por Ydalid Karina Rojas Salinas

La constitucionalidad de los beneficios que recibe la Iglesia católica por parte del Estado peruano
 
Desde 1821, el Estado peruano se ha constituido como una República independiente y democrática, fundada en los principios de dignidad, libertad e igualdad. A pesar que fue recién con la Constitución Liberal de 1933, que el Estado reconoció como derecho la libertad de cultos y la igualdad ante la ley, las relaciones de cooperación entre la Iglesia y el Estado peruano se mantienen vigentes en la actualidad. Esta situación ha dado lugar al cuestionamiento de la coherencia de nuestro sistema constitucional, ya que al tiempo de proclamar el respeto de la libertad y la igualdad religiosa, reafirma en el mismo texto constitucional, su compromiso de colaboración a favor de la Iglesia Católica debido su trascendencia en la formación histórica, cultural y moral del Perú [1].
 
Afortunadamente, el dilema sobre esta contradicción ha quedado zanjada —por lo menos desde el punto de vista jurídico— con el informe que en marzo del 2003 diera la Defensoría del Pueblo [2], con ocasión de venirse preparando en el Congreso de la República un proyecto de reforma de la actual Constitución.
 
En dicho pronunciamiento, la Defensoría señala que al tener las normas constitucionales naturaleza normativa, el reconocimiento constitucional de la trascendencia de la Iglesia Católica en nuestro país, no puede figurar en el texto constitucional por que da lugar a la generación de beneficios que mellan los principios de libertad religiosa e igualdad ante la ley. En tal sentido, la Defensoría ha propuesto que en caso de mantenerse vigente el reconocimiento constitucional a favor de la Iglesia Católica, debe quedar expresamente establecido que del referido reconocimiento, no es posible desprender ninguna consecuencia jurídica por constituir una disposición eminentemente declarativa y sin valor jurídico. En más de una oportunidad la Defensoría del Pueblo, fundamenta su informe alegando que el reconocimiento de la importancia de la Iglesia Católica en la historia de nuestro país y el compromiso de colaboración que a raíz de ello asume el Estado peruano, se condice con las exigencias derivadas del principio de Estado aconfesional y el reconocimiento igualitario de la libertad de religión y culto.
 
Con el informe de la Defensoría del Pueblo, queda clara la inconstitucionalidad de los beneficios que actualmente recibe la Iglesia Católica de parte del Estado peruano. En ese sentido, si queremos ser coherentes con un sistema constitucional que se proclama democrático, laico y respetuoso de las libertades fundamentales, es menester poner fin a los últimos rezagos normativos de la época colonial y monárquica.
 
A pesar que el informe defensorial fue dado a conocer hace más de tres años, el Concordato que fue firmado entre el Estado peruano y la Iglesia Católica, en julio de 1980, al amparo del reconocimiento constitucional de esta última, sigue vigente. Gracias a él, el Estado subvenciona el mantenimiento de la jerarquía eclesiástica y el personal civil al servicio de la Iglesia Católica [3], el sostenimiento de las Arquidiócesis, Diócesis, Prelaturas, Vicariatos Apostólicos y la construcción de iglesias, parroquias y centros educativos católicos [4]. Los Arzobispos y Obispos Castrenses que pasan al retiro, reciben una pensión de jubilación a pesar de no haber aportado suma alguna al Estado peruano. En el campo tributario, la Iglesia cuenta con exoneraciones, beneficios tributarios y franquicias para todas las actividades que realice. Además tiene a su cargo el monopolio ideológico de los centros educativos estatales con el dictado del curso de religión católica.
 
La modernización tradicionalista
 
Esta contradicción entre lo que proclama nuestra Constitución como valores fundantes del Estado peruano y las actitudes de declarada confesionalidad, nos lleva a preguntarnos si realmente al momento de constituirnos como República, hicieron carne en nosotros los valores democráticos de la libertad y la igualdad.
 
Al parecer, hemos dado por hecho que la sola declaración de la independencia de nuestro país, nos volvió automáticamente modernos y con espíritu democrático. El filósofo Octavio Paz, nos aclara con gran lucidez que esto no fue así. Muchos países hispanoamericanos que se independizaron políticamente de España —entre ellos el Perú— mantuvieron a pesar de la Independencia, su concepción del mundo y su forma de vida. Se trató de un cambio esencialmente formal ya que adoptamos un sistema jurídico político formalmente republicano, democrático y representativo, proveniente de sociedades con sistemas políticos modernos como el anglosajón o el francés cuyos valores fueron producto de su historia y de sus propias vicisitudes en las que hechos como la Ilustración, precedida del Renacimiento y la Reforma Protestante han sido determinantes.
 
Esa, es tal vez una de las razones que puede explicar porqué el sistema jurídico formal que proclamamos no sólo mantiene contradicciones al interior del mismo sistema, sino que además no expresa las ideas, creencias y valores que se practican en la cotidianeidad. Y para resolver esta contradicción llevamos más de un siglo intentando conciliar ideologías que de por sí resultan antinómicas. Queremos conciliar el sistema monárquico con el republicano, el absolutismo con el liberalismo, la modernidad con la pre-modernidad, la libertad de pensamiento con el Estado confesional. De esta manera somos un país híbrido, sin unidad ni armonía: una mezcla imposible de un equívoco y falaz respeto al orden tutelar, a la tradición, al pasado, a la Iglesia, al ejército; y a la vez, a los valores modernos como la dignidad, la libertad, la igualdad y la tolerancia.
 
Nuestra prioridad nunca ha sido la búsqueda de la armonía, la coherencia y la necesidad de romper con la tradición premoderna que es lo que nos impide lograr la emancipación mental y la autonomía individual. Seguimos siendo una república falsa, un sistema que quiere ser moderno sin dejar de ser tradicional.
 
Algunos ejemplos
 
Una expresión concreta de la dignidad, es el derecho a diseñar libremente el desarrollo de nuestra sexualidad. Sin embargo, en la práctica política, los representantes del Estado, guiados por los sentimientos coloniales que siguen fuertemente arraigados en el sentir de la mayoría, no sólo se han negado sistemáticamente a reconocer los derechos de las personas con una orientación sexual distinta a la convencional, sino que además se han permitido catalogarlas de antinaturales y patológicas. Fueron elegidos para garantizar la plena realización de los ciudadanos a los que representan y no para imponer a través de las políticas estatales su visión intolerante, pre-moderna y antidemocrática.
 
Asimismo, frente al doloroso conflicto en el que se ven envueltas miles de mujeres peruanas y en el que deciden optar por la experiencia de un aborto, antes que traer al mundo una vida producto de una violación, o una vida a la que difícilmente le podrá conceder condiciones mínimas de sobrevivencia, o con malformaciones genéticas; los representantes del Estado una vez más guiados por paradigmas religiosos se aferran al principio irracional de defender la vida porque es vida, exponiendo la vida de las mujeres con la práctica del aborto clandestino.
 
La confusión por parte de los operadores políticos —producto del problema irresuelto de nuestra modernización tradicionalista, denunciada por el jurista peruano Fernando de Trazegnies Granda— ha llegado a extremos inaceptables. En enero del 2002, una adolescente peruana de 17 años de edad fue obligada a dar a luz a un bebé anencefálico (sin cerebro), al que tuvo que amamantar durante los cuatro días que tuvo de vida. El hospital del Estado que conoció su caso, se negó a practicarle un aborto alegando que se trataba de un problema de malformación genética, y como el aborto por esta causal es aún considerado delito en el país, no procedía practicarlo. De esta forma, la vida de un ser condenado irremediablemente a la muerte, pesó más que la salud física y psicológica de una persona que ya había desarrollado con mayor o menor éxito un proyecto de vida. ¿No fue acaso la cerrada defensa que la Iglesia Católica tiene sobre la vida del concebido, la creencia que primó en los médicos que le negaron el aborto a esta joven, la que imperó en este caso?
 
Todo indica que si, puesto que no mostraron interés alguno por indagar con mayor profundidad sobre el caso. Ello les hubiera permitido concluir que se trataba de un aborto terapéutico —permitido por la ley— y no un aborto por malformación genética, tal como lo ha establecido de manera clara y contundente la Corte Interamericana de Derechos Humanos que tuvo oportunidad de conocer el caso.
 
Del mismo modo, mientras la dignidad garantiza a los ciudadanos peruanos el derecho a diseñar su vida, señalar su destino y decidir su deseo de vivir o elegir el momento de su muerte; el derecho a la eutanasia en nuestro país, está proscrito. No es admisible ni siquiera en el caso de los enfermos terminales, quienes están condenados a padecer el detrimento físico y psicológico hasta que la voluntad divina, y no la suya, sea la que decida incluso en el caso de los ciudadanos ateos y agnósticos.
 
Estos ejemplos, hacen ostensible las tremendas contradicciones que existen entre las creencias más arraigadas que guían nuestro actuar y los principios que suscribe nuestro sistema constitucional en calidad de expresión concreta del sentir del pueblo peruano. Si no reparamos en ello, no podremos iniciar la gesta de un verdadero Estado Laico.
 
NOTAS
 
[1] El artículo 50 de la actual Constitución Política del Perú señala lo siguiente: “Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración.
[2] La Defensoría del Pueblo, es un órgano constitucional autónomo encargado de la defensa de los derechos constitucionales y fundamentales de las personas y la comunidad, la supervisión del cumplimiento de los deberes de la administración estatal y la adecuada prestación de los servicios públicos.
[3] Así figura en la Planilla consignada dentro de la Dirección de Asuntos para la Iglesia Católica, del Ministerio de Justicia peruano.
[4] Informes del Fondo de Desarrollo y Compensación Social (FONCODES) y la Corporación de Desarrollo de Lima y Callao, años 1998-2000.
[5] El primer artículo de la Constitución peruana de 1993 declara que “la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”.


Sobre la autora
Ydalid Karina Rojas Salinas, Segundo Puesto del Concurso de Ensayos Jurídicos sobre “Estado Laico” organizado por CLADEM, (2004). Premio Iberoamericano de Ensayo sobre las Libertades Laicas, en co-autoría con Juan Carlos Valdivia Cano, organizado por el Colegio Mexiquense, (2006) ydalidrojas@yahoo.es
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POLÍTICAS Y PROGRAMAS EDUCATIVOS BASADOS SÓLO EN LA ABSTINENCIA:
EL ROL DE LA SOCIEDAD DE MEDICINA ADOLECENTE

Por John Santelli y Mary A. Ott
 
Presentación
 
La abstinencia de la actividad sexual representa una saludable alternativa para los adolescentes, debido a que ellos enfrentan un considerable riesgo a su salud reproductiva como consecuencia de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual.
 
Mantenerse en abstinencia, al menos durante la secundaria, es una idea fuertemente apoyada por los padres e inclusive por los propios adolescentes. Sin embargo, unos pocos americanos se mantienen en abstinencia hasta el matrimonio, muchos no se llegan a casar o no pueden casarse, y la gran mayoría inicia su actividad sexual y otras conductas sexuales cuando son adolescentes. La abstinencia como una meta de comportamiento no es lo mismo que los programas de educación sexual basados sólo en la abstinencia. La abstinencia de la actividad sexual, si bien es teóricamente muy protectora, a menudo falla en la protección del embarazo y de las enfermedades  porque en la práctica la abstinencia no es mantenida.
 
El hecho de proveer mensajes de “sólo abstinencia” o de “abstinencia hasta el matrimonio” como una única opción para los adolescentes, resulta defectuoso desde el punto de vista de la ciencia y de la ética médica. Los esfuerzos para promover la abstinencia deberían estar basados en ciencia probada. Aunque el apoyo federal a los programas de “sólo abstinencia” ha crecido rápidamente desde 1996, la evaluación de tales programas revela muy poca evidencia de su eficacia en el retraso del inicio de la actividad sexual. Contrariamente, los esfuerzos por promover la abstinencia, cuando son ofrecidos como una parte de los programas de promoción de la salud reproductiva integral, que proveen información sobre alternativas de anticoncepción y protección contra las enfermedades de transmisión sexual, han retrasado satisfactoriamente el inicio de la actividad sexual.
 
Además, los programas de “sólo abstinencia” son éticamente problemáticos, resultando intrínsecamente coactivos y proveyendo frecuentemente la desinformación y el error, así como reteniendo la información necesitada para tomar decisiones bien informadas. En muchas comunidades, la educación basada sólo en la abstinencia ha ido reemplazando a la educación sexual integral. En algunas comunidades, la educación basada sólo en la abstinencia se ha convertido en la base para la supresión de la libertad de expresión en los colegios.
 
Los programas de educación sexual basada sólo en la abstinencia proveen una incompleta y/o engañosa información sobre los anticonceptivos, y resultan a menudo insensibles para los adolescentes sexualmente activos. Los programas de abstinencia hasta el matrimonio, federalmente financiados, resultan discriminatorios contra la juventud gay, lesbiana, bisexual, transexual y acuciosa, debido a que la ley federal limita la definición de matrimonio a las parejas heterosexuales.
 
Los colegios y los proveedores de asistencia médica deberían alentar la abstinencia como una importante opción para los adolescentes. La “sólo abstinencia” como la base de programas y políticas de salud debería ser abandonada.
 
Antecedentes
 
La abstinencia de la actividad sexual es una importante estrategia de comportamiento para prevenir enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados entre adolescentes y adultos. Los adolescentes sexualmente activos enfrentan un riesgo considerable a su salud reproductiva proveniente de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el contagio del SIDA. Aunque los profesionales de la salud están a menudo preocupados por las consecuencias potencialmente serias de la conducta sexual adolescente, nosotros también reconocemos que la sexualidad es integral a la naturaleza humana y que tiene muchas consecuencias positivas en la salud mental.
 
La abstinencia, de la forma en que el término es usado por quienes estructuran los programas y hacen la política, no siempre es claramente definida en términos de comportamiento, del mismo modo en que tampoco el término es usado consistentemente. La abstinencia debe ser definida en términos de comportamiento como un “sexo aplazado” o como un “nunca tuve sexo vaginal” o como el abstenerse de las relaciones sexuales adicionales si es que ya se ha experimentado sexualmente. Programáticamente, la abstinencia es también frecuentemente definida en términos morales usando lenguaje como “casto” o “virgen” y enmarcando la abstinencia como una actitud o un compromiso además de una conducta (1). La regulación federal para financiar la educación estatal adopta una definición moral de la abstinencia, exigiendo que la educación basada en la abstinencia enseñe que una relación monogámica con mutua fidelidad en el contexto del matrimonio es el estándar esperado de la actividad sexual humana (2).
 
Aunque la abstinencia hasta el matrimonio es la meta de muchas políticas y programas de abstinencia, pocos americanos esperan hasta el matrimonio para iniciarse sexualmente. Información reciente indica que la edad promedio en que se inician sexualmente las mujeres es de 17.4 años, mientras que la edad promedio para casarse es de 25.3 años (3,4). Por otro lado, la edad promedio para iniciarse sexualmente en el caso de los varones es de 17.7 años, mientras que la edad promedio para casarse es de 27.1 años (3,4).
 
Aunque los defensores de la política de gobierno basada sólo en la abstinencia han sugerido que el daño psicológico es una consecuencia del comportamiento sexual durante la adolescencia, no existe ningún estudio científico que sugiera que el sexo consentido entre adolescentes sea dañino. Problemas de salud mental están asociados con la actividad sexual a temprana edad, pero estos estudios sugieren que la actividad sexual es la consecuencia y no la causa de estos problemas de salud mental (5-8). Sabemos poco acerca de cómo la decisión de mantener la abstinencia hasta el matrimonio puede promover la elasticidad personal o la función/disfunción sexual en la adultez.
 
Sondeos de opinión sugieren el apoyo considerable de la abstinencia como un objetivo de salud publica, pero también indican el fuerte apoyo a la educación sobre los métodos anticonceptivos y al acceso a los anticonceptivos para adolescentes sexualmente activos (9). La mayoría de adolescentes (94%) y adultos (91%) piensan que es muy importante para la sociedad dar a los adolescentes un mensaje fuerte sobre no tener relaciones sexuales hasta que por lo menos no hayan terminado la secundaria (9). Sin embargo, la mayoría de adultos (75%) y adolescentes (81%) quieren que la gente joven reciba mayor información acerca de  la abstinencia y de los métodos de anticonceptivos (9). 
 
Políticas y programas federales actuales
 
El gobierno federal ha ampliado considerablemente su apoyo a los programas basados sólo en la abstinencia desde 1996. Este apoyo incluye el financiamiento a los Estados provisto al amparo de la Sección 510 del Acta de Seguridad Social, originalmente promulgada en 1996, y al amparo de los proyectos de educación basados en la abstinencia de la comunidad, financiados a través de Proyectos Especiales de Significancia Regional y Nacional (SPRANS) establecidos en el año 2000. Estos programas se centran en una visión restringida de la promoción de la abstinencia y prohíben la información diseminada sobre servicios de anticoncepción, orientación sexual e identidad de género, y otros aspectos de la sexualidad humana (10). El mensaje financiado federalmente promueve un punto de vista moral específico y no una aproximación a la salud pública. Estos programas federales presentan opiniones cuestionables e inexactas en general, y específicamente prohíben información sobre alternativas saludables a la abstinencia como el uso del condón y otros métodos anticonceptivos.
 
Los programas de la Sección 510 deben tener como exclusivo propósito la promoción de la abstinencia fuera del matrimonio para gente de cualquier edad, y no deben, de ninguna manera, discutir el uso de métodos anticonceptivos, salvo para enfatizar sus porcentajes de error. La Sección 510 nos provee de una definición de 8 puntos sobre la educación basada sólo en la abstinencia Al amparo de la Sección 510, la educación basada en la abstinencia  es definida como un programa educativo o motivacional, el cual:
 
1 Tiene como propósito exclusivo enseñarnos los beneficios sociales, psicológicos y de salud que se obtienen como consecuencia de la abstinencia en la actividad sexual;
2 Nos enseña que la abstinencia en la actividad sexual fuera del matrimonio constituye el estándar para todos los niños en edad escolar;
3 Nos enseña que la abstinencia en la actividad sexual es la única forma concreta de prevenir el matrimonio por embarazo no deseado, las enfermedades de transmisión sexual y otros problemas de salud asociados;
4 Nos enseña que una relación monogámica de mutua fidelidad en el contexto del matrimonio constituye el estándar esperado de la actividad sexual humana;
5 Nos enseña que la actividad sexual fuera del matrimonio puede generar daño psicológico y físico;
6 Nos enseña que tener hijos fuera del matrimonio puede generar consecuencias dañinas para los niños, los padres y la sociedad;
7 Enseña a la gente joven como rechazar los avances sexuales y cómo el alcohol y las drogas incrementan la vulnerabilidad hacia los avances sexuales; y
8  Nos enseña la importancia de alcanzar la auto-suficiencia antes de iniciarse sexualmente.
 
La implementación inicial de la Sección 510 ha permitido a los programas financiados enfatizar diferentes aspectos de estos ocho puntos, siempre que dichos programas no contradigan algunos de estos puntos. La intención del programa SRANS ha sido más rígida: crear auténticos programas de “sólo abstinencia” en respuesta a la preocupación de que los Estados estaban haciendo uso de los financiamientos en actividades muy benévolas como campañas de los medios de comunicación, en vez de instrucción directa en las clases que apunten a los jóvenes adolescentes. Los programas financiados al amparo de los SPRANS deben enseñar los ocho componentes de la definición federal, deben de apuntar a chicos de 12 a 18 años y, excepto en limitadas circunstancias, no pueden proveer a la gente joven de información acerca de métodos anticonceptivos o prácticas de sexo seguro, aún cuando estos tengan su propio financiamiento no federal. El financiamiento para estos programas también sobrepasa los procesos de aprobación de los programas estatales de la Sección 510, y hace concesiones directamente a las organizaciones basadas en la  comunidad, incluyendo a las organizaciones basadas en la fe. Virtualmente, todo el incremento en el financiamiento desde FY2001 ha venido en el programa SPRANS.
 
Evaluaciones de la educación basada sólo en la abstinencia y de los programas de educación sexual integral en la promoción de la abstinencia  

Para demostrar eficacia, las evaluaciones de los programas específicos de promoción de la abstinencia deben tratar una variedad de temas metodológicos, incluyendo definiciones claras de abstinencia, un apropiado diseño de investigación, temas de medición incluyendo tendencias sociales deseables, el uso de cambios en el comportamiento y no sólo actitudes como resultado, y resultados biológicos como las enfermedades de transmisión sexual (11). Dos recientes estudios (12,13) han evaluado la evidencia de apoyar programas basados sólo en la abstinencia y programas de educación sexual integral diseñados a promover la abstinencia. Ninguno de ellos encontró evidencia científica de que los programas basados en la abstinencia demuestran una eficacia en el retraso del inicio de la actividad sexual. Asimismo, una investigación en adolescentes asumiendo compromisos de virginidad sugiere que los porcentajes de error en la promesa son muy elevados, especialmente cuando los resultados biológicos como las enfermedades de transmisión sexual son considerados. Aunque se ha sugerido que la educación basada en la abstinencia es 100% efectiva, estos estudios sugieren que, en la práctica actual, la eficacia se acerca a cero.
 
Un reciente reporte del Comité del Congreso encontró evidencias de mayores errores y distorsiones de información sobre salud pública en una curricula común de “sólo abstinencia”. Once de las trece currículas contiene información falsa, errada y distorsionada acerca de la salud reproductiva, incluyendo información inexacta acerca de la efectividad de la anticoncepción y de los riesgos del aborto. El reporte encuentra que la mayor parte de la currícula maneja estereotipos sobre chicos y chicas como un hecho científico (por ejemplo, retratando a las chicas como débiles y dependientes, y a los chicos como sexualmente agresivos faltándoles equilibrio emocional), o empañamientos religiosos y puntos de vista científicos.
 
Una rigurosa evaluación nacional de educación basada en la abstinencia está actualmente siendo conducida con apoyo del Departamento de Salud y de la Oficina de Servicios Humanos de la Secretaria de Evaluación y Planificación (16).
 
Impacto adverso de las políticas basadas sólo en la abstinencia en la educación sexual  y otros programas públicos
 
Aunque los profesionales de la salud han apoyado ampliamente la salud sexual integral (17-20), la creciente educación basada sólo en la abstinencia está reemplazando a las formas más integrales de educación sexual en los colegios nacionales. Estudios recientes describen que tanto los profesores como los alumnos están siendo censurados por responder a preguntas o discutir temas de sexualidad que no sean aprobados  por los directores  de los colegios (21).
 
Información de las políticas de salud en los colegios y los programas de estudio en el año 2000 dieron como resultado que el 92% de los medianos y pequeños colegios y el 96% de los grandes colegios mostraban a la abstinencia como la mejor forma de evitar embarazos, el SIDA y las enfermedades de transmisión sexual. Sólo el 21% de los colegios medianos y el 55 % de los grandes colegios enseñaban cómo usar correctamente un condón. Entre 1988 y 1999, hubo un agudo decrecimiento en el porcentaje de profesores que apoyaron la enseñanza del control natal, del aborto y de la orientación sexual, y en los porcentajes de quienes actualmente enseñan estos temas. En 1999, el 23% de los profesores de educación sexual de colegios secundarios enseñaron la abstinencia como la única manera de prevenir los embarazos y las enfermedades de transmisión sexual, comparado con sólo el 2% de quienes lo hicieron así en 1988. En 1999, la cuarta partes de los profesores de educación sexual manifestaron que ellos estaban prohibidos de enseñar acerca de métodos de anticoncepción. Similares decrecimientos en la educación sexual en los colegios son reportados por adolescentes (3). En el año 2002, aproximadamente un tercio de adolescentes entre los 15 y 19 años de edad informaron no haber recibido ninguna instrucción formal acerca de métodos de control natal antes de cumplir los18 años.
 
Asimismo, los requerimientos de financiamiento federal en el programa del Título X y en los programas de prevención del SIDA se han enfocado crecientemente en la promoción de la abstinencia (24). Tales requerimientos han redireccionado los esfuerzos de otros objetivos importantes.
 
Las políticas de “sólo abstinencia” creadas por el gobierno de los Estados Unidos han influenciado también los esfuerzos globales en la prevención del SIDA. El Plan de Emergencia del Presidente para el alivio del SIDA (PEPFAR), enfocándose en 15 países afectados por el sida en el África del Sub-Sahara, el Caribe y Asia, requiere donantes para dedicarse por lo menos al 33% de la prevención, gastando en programas de abstinencia hasta el matrimonio. La política del gobierno de los Estados Unidos se ha convertido en una fuente de desinformación y censura en estos países y también podría haber reducido la disponibilidad del condón y el acceso a una información adecuada sobre el sida. 
 
Educación sexual basada sólo en la abstinencia y juventud sexualmente activa
 
Programas ligados a adolescentes que aún no se han iniciado sexualmente ignoran sistemáticamente a los adolescentes con experiencia sexual, un grupo con diferentes necesidades de salud reproductiva que requiere un diferente enfoque a la educación de la abstinencia. Los adolescentes sexualmente experimentados necesitan acceder a una completa y adecuada información sobre anticoncepción, derechos legales del cuidado de la salud, y formas de acceder a los servicios de salud reproductiva, ninguno de los cuales son provistos en programas de “solo abstinencia”.
 
Asimismo, los programas de abstinencia hasta el matrimonio, federalmente financiados, discriminan a los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y la juventud en la edad de crecimiento (GLBTQ), porque la ley federal limita la definición del matrimonio a parejas heterosexuales. Aproximadamente, el 2.5% de la juventud en edad escolar se auto identifica como gay, lesbiana o bisexual, y uno de cada 10 adolescentes lucha con asuntos relacionados con la orientación sexual (28). Los adolescentes en la edad del cuestionamiento con frecuencia se sienten temerosos del rechazo o de la discriminación debido a su orientación. Ellos están frecuentemente sujetos al hostigamiento, discriminación y violencia. La homofobia puede contribuir a problemas de salud tales como suicidio, sentimientos de aislamiento y soledad, contagio del sida, abuso de sustancias y violencia entre la juventud en edad de crecimiento (29). Las clases de educación sexual basadas sólo en la abstinencia son inapropiadas para hacer frente a las necesidades de salud de la juventud en edad de crecimiento, debido a que ellos ignoran largamente los asuntos relacionados con la homosexualidad (excepto cuando se discute acerca de la transmisión del sida), y a menudo estigmatizan a la homosexualidad como un comportamiento desviado y antinatural. (30).
 
El derecho humano a la información sobre salud sexual  

Aunque la abstinencia es a menudo presentada como la opción moral para los adolescentes, el enfoque federal actual al financiamiento de las campañas de “sólo abstinencia” incrementa serias preocupaciones éticas y de derechos humanos. Las políticas de educación basada sólo en la abstinencia tienen implicancias a nivel público y a nivel individual. El acceso a una completa y adecuada información sobre el sida y la salud sexual es un derecho humano básico y es esencial para darse cuenta del derecho humano al más elevado estándar de acceso a la salud.
 
Los gobiernos tienen la obligación de proveer información adecuada a sus ciudadanos y evitar la provisión de la mala información. Tales obligaciones se extienden a la educación de la salud apoyada por el Estado y a los servicios del cuidado de la salud (31). Estas garantías legales se encuentran en un número de tratados internacionales, que proclaman que todas las personas que tienen el derecho a “buscar, recibir e impartir información e ideas de toda índole”, incluyendo información acerca de su salud (32-34). El acceso a una adecuada información sobre la salud es un derecho humano básico que también ha sido descrito en tratados internacionales sobre derechos reproductivos, tales como el Programa de Acción de la Conferencia Internacional en Población y Desarrollo – El Cairo, 1994 (35). Estos tratados internacionales y declaraciones claramente definen la importante responsabilidad de los gobiernos de proveer una adecuada y completa información sobre salud sexual a sus ciudadanos.

Obligaciones éticas de los proveedores del cuidado de la salud y de los educadores de la salud

Los proveedores del cuidado de la salud y los educadores de la salud tienen la obligación ética de proveer información exacta acerca de la salud. Los pacientes y los estudiantes tienen derecho a recibir información exacta y completa de parte de los profesionales de la salud. Los proveedores del cuidado de la salud no deben retener información de los pacientes para influenciar sus opciones del cuidado de la salud. Es antiético proveer información errada o retener información acerca de la salud sexual que los adolescentes necesitan para protegerse de las enfermedades de transmisión sexual y de los embarazos no deseados. El retener información sobre anticoncepción para influenciar a los adolescentes a volverse abstinentes resulta inherentemente coactivo y puede impulsar a los adolescentes a usar ineficientemente (o no) protección en contra de los embarazos y las enfermedades de transmisión sexual. La legislación federal actual sobre la abstinencia es éticamente problemática ya que excluye información exacta acerca de la anticoncepción, informa equivocadamente exagerando o exponiendo mal los riesgos de la anticoncepción, y falla al requerir el uso de información científicamente exacta mientras promueve enfoques de valor dudoso.
Adicionalmente, la currícula de la “abstinencia hasta el matrimonio” es comúnmente provista a aquellos adolescentes que ya tienen experiencia sexual y a la juventud en edad de crecimiento y cuestionamiento, ignorando sus apremiantes necesidades de información exacta  para proteger su salud. Estas obligaciones éticas de brindar una completa y exacta información son también la base de un fuerte apoyo entre los profesionales de la salud por una educación sexual integral en los colegios (17-19) y de  recientes intentos legislativos de parte del Estado solicitando que estos programas de educación sexual proporcionen información médica exacta (por ejemplo, Cal Education Code & 51993).

Posiciones de la Sociedad para la Medicina Adolescente (SAM)

  • La abstinencia es una opción saludable para los adolescentes. La opción de abstinencia no debe ser coaccionada. El SAM apoya un enfoque integral para la reducción del riesgo sexual, incluyendo a la abstinencia así como a un correcto y consistente uso del condón y de la anticoncepción entre los adolescentes que elijan tener actividad sexual activa.
  • Los esfuerzos para promover la abstinencia deben ser provistos dentro de los programas de educación de la salud que provean a los adolescentes con información  completa y exacta sobre salud sexual, incluyendo información acerca de conceptos de sexualidad saludable, orientación sexual y tolerancia, responsabilidad personal, riesgos del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, acceso al cuidado de la salud reproductiva, y beneficios y riesgos del uso del condón y de otros métodos anticonceptivos.
  • El consejo individualizado sobre la abstinencia y la reducción del riesgo sexual son componentes importantes del cuidado clínico para los adolescentes.
  • Los educadores y clínicos de la salud preocupados por los adolescentes deben promover la sensibilidad social y cultural a la juventud sexualmente activa y a la juventud gay, lesbiana, bisexual, transexual y cuestionadora. La currícula de la educación de la salud debe también reflejar tal sensibilidad.
  • Los gobiernos y los colegios deben eliminar la censura de la información relacionada con la salud sexual humana.
  • La política del gobierno con relación a la salud sexual y reproductiva debe ser basada en la ciencia. Los gobiernos deben incrementar el apoyo a la evaluación de programas que promuevan la abstinencia y reduzcan el riesgo sexual, incluyendo intervenciones en los colegios, los esfuerzos de los medios de comunicación y las intervenciones basadas en lo clínico. Tales evaluaciones deben utilizar métodos de investigación rigurosa y deben valorar el impacto en el comportamiento, así como los resultados de las enfermedades de transmisión sexual y de los embarazos. Los resultados de tales evaluaciones deben estar disponibles al público en una forma expeditiva.
  • La ley federal y las pautas actuales en los Estados Unidos con relación al financiamiento de la “sólo abstinencia” son éticamente imperfectas e interfieren con los derechos humanos fundamentales. Los requisitos para el financiamiento federal actual, de la forma en que han sido planteados en las Sub-Secciones A-H de la Sección 510 del Acta de Seguridad Social, deben ser revocados. El financiamiento actual para los programas de “sólo abstinencia” debe ser reemplazado con financiamiento para programas que ofrezcan una educación sexual integral y médicamente exacta.

Nota
El presente artículo ha sido aprobado por la Asociación Americana de Colegios de Salud.
 
* Vea el artículo completo en inglés y su bibliografía en este mismo boletín aqui.


Sobre los autores
John Santelli, M.D., M.P.H.: Heilbrunn Department of Population & Family Health
Mailman School of Public Health, Columbia University. New York,
 
Mary A. Ott, M.D. Section of Adolescent Medicine, Department of Pediatrics. Indiana University School of Medicine, Indianapolis, Indiana

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ESTRATEGIAS Y ACCIONES PROACTIVAS FRENTE A LOS FUNDAMENTALISMOS EN LA REGIÓN*
LOS FUNDAMENTALISMOS Y SU ACCIONAR EN LA REGIÓN

Por Marta Alanís
Católicas por el Derecho a Decidir

Córdoba

Cuando pensamos en la palabra fundamentalismo aparecen en el acto otras palabras asociadas tales como intolerancia, fanatismo, guerra, resistencia a los cambios, volver al pasado...Mucho se habla y poco se sabe del fenómeno de los fundamentalismos.

Podemos decir que los  fundamentalismos son movimientos políticos sociales que consideran que su poder deriva de Dios, caracterizados por hacer una lectura de los textos sagrados como si fueran absolutamente reales. Interpretan las escrituras sagradas literalmente y pretenden aplicarlas como si la Biblia y todos los libros semejantes en otras religiones fueran supraculturales. Tienen formas de pensar rígidas, con prevalencia de rigorismos, se adhieren a estructuras puramente legalistas, a la defensa extrema de la letra de las disposiciones, resistencia ante todo cambio, intento de imposición de la propia perspectiva como la única aceptable, rechazo al pluralismo, desconocimiento de la evolución en todos los ámbitos, aferramiento a formas de autoridad acentuadamente impositivas, rechazo a toda novedad.

Pretenden volver a los “fundamentos” con la idea de que en ellos encontrarán las claves para construir un estado perfecto en el mundo actual. Desde un supuesto espiritual y religioso lo que pretenden realmente es poder social y político. Y aunque hablen en nombre del bien del pueblo son grupos ideológica y organizativamente autoritarios, antidemocráticos, con una autoridad que les “viene de Dios”, interpretando las escrituras por líderes autoelegidos exclusivamente masculinos. Son hostiles con aquellos que no comparten su fe y son también hostiles con los que dentro de la misma fe no comparten sus posiciones.

Desde hace aproximadamente 20 años hay un resurgimiento del fundamentalismo en muchas religiones: Catolicismo, Hinduismo, Islamismo, Confucionismo y Budismo con las similitudes señaladas.

Pero si bien todos son antimodernos, antiseculares, quieren conservar sus valores tradicionales, culpan a la modernidad por todos los males del mundo, no se oponen a la tecnología, la usan muy bien, especialmente la de los medios de comunicación y con mucha eficiencia. En general, los fundamentalistas quieren regresar a un estado religioso, a una sociedad y estado en que la ley religiosa sea la ley de la nación.

Como en política, las actitudes frente al dogma y la liturgia son básicamente tres; el reformista está a favor de los cambios innovadores; el conservador; procura conservar lo existente, oponiéndose a las innovaciones, pero también a los retrocesos; mientras que el restaurador rechaza las dos posiciones anteriores, prefiriendo restituir situaciones del pasado. [1]

Una de las características más comunes y compartidas entre todos los fundamentalistas es el deseo de imponer control sobre las mujeres, de regresar al estado de absoluta subordinación. Manifiestan una hostilidad y miedo de la sexualidad de las mujeres, el deseo de restringir la sexualidad libre fuera del matrimonio. Los fundamentalistas en general, quieren restaurar una ideología de complementariedad entre los géneros hombre y mujer, como realidades inmutables. Rechazan ideas modernas de igualdad de mujeres y hombres con capacidades semejantes.

Ante un embarazo no deseado no se podrá pensar en un aborto, porque hasta un feto tiene, desde esta concepción, más derechos que la propia mujer.

¿En qué se basan? ¿Por qué sostienen esta posición misógina? Para sostener el poder masculino en la sociedad recurren muchas veces a los mitos fundacionales de las diferentes religiones.

Como humanos y humanas somos seres racionales, somos los únicos seres que tienen conciencia de la muerte y que aspiramos a la inmortalidad.  Es por eso que somos mitológicos. En la mitología conviven la mentira y la razón.  El mito es una ficción, el relato de algo imposible. La razón, en cambio, es lo que se puede explicar, lo que tiene una lógica.

“Si bien el concepto colectivo de Dios, puede responder a la necesidad razonable que las personas  tienen para luchar contra la desolación existencial que le provoca saber de la muerte, la religión puede entenderse como la construcción colectiva de normas y doctrinas que el ser humano necesita para convivir con otros en armonía. Esto equivale a decir que la religión junto con la fuerza, constituye el primer instrumento político surgido en el origen de la sociedad humana para imponer un orden en el caos” [2] .

Con este fin político de imponer orden aparecen los mitos fundantes de las religiones actuales imponiendo un único dios masculino, espejo de la imagen del poder que querían ejercer en sociedades politeístas, donde muchas deidades eran femeninas

Los fundamentalistas se basan en mitos y en momentos históricos que nada tienen que ver con el presente para condenar a la mujer a la subordinación, a la obediencia al varón, negando el avance de la humanidad, los procesos históricos y sociales.  Tendremos que leer que esta avanzada en contra de las mujeres y de los derechos sexuales y reproductivos está basada en el poco empoderamiento de las mujeres que las sigue haciendo vulnerables.

Se obstinan en conservar creencias que les permiten sentirse seguros en un lugar de poder y privilegio. Y si nosotras tenemos en nuestros cuerpos marcada la culpa milenaria del pecado original y trabajamos y reflexionamos para dejar la culpa atrás, el poder masculino más recalcitrante no quiere reconocer las verdades que tiene hoy ante sus ojos porque no quiere perder el privilegio y ese lugar de privilegio lo tiene grabado en su cuerpo también. Se trata entonces de desandar, de comprender, de debatir, de encontrar caminos. Es lo que viene haciendo el feminismo en sus diferentes expresiones.

Los mitos no sólo dieron legitimidad al poder y a los poderosos de esos momentos históricos sino que  construyeron un relato de todos los misterios y dilemas de la vida, una cosmovisión determinada, que condicionó la cultura, las leyes, las artes durante cinco mil años. Las variantes de los mitos fundantes en las diferentes religiones son significativas en algunos aspectos pero refuerzan de un modo u otro el patriarcado. Pero sería muy ingenuo creer que sólo la mujer ocupaba un lugar subordinado. El dios único todopoderoso es reflejo del poder concentrado en una sola persona, es reflejo de un mundo pensado desde las jerarquías, desde  la dominación de clase, de género, de razas, etc. Se consideraba que el poder tenía origen divino.

Es por eso la gran lucha de las religiones contra la modernidad. La ciencia ha sido un gran enemigo que podía derribar los mitos más poderosos. Junto con las ciencias, la democracia, las libertades, los derechos humanos.

Para restaurar creencias,  privilegios y poder, por ejemplo, la Iglesia Católica apeló a todos los métodos desde castrar hombres para que las mujeres no aparezcan en los coros de  las iglesias hasta la “santa inquisición” para condenar y quemar en la hoguera a los disidentes (herejes), pero la mayoría fueron las herejes.

Nos cuesta creer que las semejanzas de los fundamentalismos en diferentes regiones del planeta sea una casualidad. Tal vez se fueron dando las condiciones para el resurgimiento del fundamentalismo como expresión genuina de algunas culturas, sectores religiosos, etc. Pero sobre esas condiciones sospechamos que está actuando un proyecto fundamentalista con objetivos claros. Promover la intolerancia es promover la guerra y con la guerra todos sabemos quién gana. En la lógica de la guerra siempre gana el más fuerte, el que tiene más armas, más especialización y el que vende las armas. También hay guerras que se pierden políticamente, pero la intención fundamentalista desde mi lógica está ligada al militarismo y al dominio del mundo.

María Consuelo Mejía, en un reciente trabajo decía: “es interesante la paradójica relación, entre la concentración de la propiedad de los medios de producción y los intentos por homogeneizar a las personas y a las sociedades, borrando de la faz de la tierra todo aquello que no se ajuste a las normas de quienes desde el poder de las instituciones, promueven posiciones fundamentalistas de derecha, sobre todo en temas morales.  En clara alianza estratégica, los sectores más conservadores de las Iglesias, los Estados y los Ejércitos apoyados por cuantiosos recursos económicos, promueven campañas en contra de cualquier manifestación de la diversidad; estamos viviendo una creciente oleada de fundamentalismos dirigida a homogeneizar, controlar, “moralizar”. Y las religiones juegan un papel muy importante en estos procesos, porque ofrecen los vínculos con la paz espiritual, con lo simbólico y lo trascendental, que millones de personas buscan con ansiedad”.   

En América Latina una de las voces más fuertes en este proceso es la de la jerarquía conservadora de la Iglesia Católica. Vale la pena recordar, cuando en  la Navidad del año 2000, Juan Pablo II habló de la cultura de la muerte mencionando a la violencia terrorista, la guerra, la eutanasia y el aborto. En relación al terrorismo y las guerras hay consenso en la condena desde las diferentes corrientes humanistas. Pero no ocurre lo mismo con la eutanasia y el aborto. Sin embargo igualó a todas. Equiparó fenómenos absolutamente repudiados con aquellos que están en  debate pretendiendo imponer una vez más una creencia como única verdad.

Pero en su denuncia navideña del 2000 y su prédica posterior pusieron en evidencia algunos olvidos del Papa: no se acordó de la pena de muerte ni del fanatismo religioso. Si lo hubiera hecho hubiera sido más coherente en  su planteo. Ese fanatismo-fundamentalismo religioso que legitima la violencia contra las mujeres, contra homosexuales y lesbianas, ese fanatismo misógino que genera muertes públicas y privadas y que lleva a las naciones a la guerra. Fanatismo religioso que impide el diálogo en muchos puntos en conflictos del planeta y obtura el debate en temas controvertidos y difíciles para las personas y las comunidades.

Para los fundamentalistas los dilemas de la vida y el destino de los pueblos tienen que ser resueltos desde la religión, y cualquier diferencia o concesión en cuestiones sagradas  más que traición a la patria es traicionar a Dios. Por eso cuando Dios entra en la disputa terrenal la consecuencia es la “guerra santa”. Fanatismo viene del latín fanaticus, adjetivo que en la Antigüedad señalaba al que defendía apasionadamente una posición religiosa, mientras que diálogo implica más de un logos, o sea más de una razón. Por eso para dialogar hay que salir del templo, o sea aceptar que existe otra razón además de la mía, y que debe ser respetada y atendida como la mía [3] .

Desde la tolerancia, la pretendida verdad, puede ser una verdad universal, pero mientras no sea una verdad demostrada con todos los argumentos, el desafío será seguir elaborando los mejores argumentos y las demostraciones necesarias para que sea aceptada. Ese tiempo de espera activa mediante el debate de ideas es lo que caracteriza a la tolerancia. Tiempo de espera que implica permitir al otro, al diferente que mantenga y exprese su verdad y dejarse interpelar también por otras posiciones. Una verdad podrá ser irrefutable pero no tendrá validez si no es reconocida mediante un proceso de consenso.

Entonces la tolerancia implica la capacidad de esperar racionalmente.

Cuando la intolerancia dogmática tiene suficiente poder político para imponer a otros su Voluntad de Poder, es cuando se usa la violencia para expandir “la verdad” y exigir ser acepada por todos los demás [4] .

Si analizamos lo que viene pasando en la iglesia católica, tenemos que durante el Concilio Vaticano II, se generó un debate amplio y profundo con la participación de todas las tendencias del catolicismo que tuvo como resultados:

  • se elevó a un primer plano el papel pastoral de la Iglesia;
  • se suprimieron las formas anacrónicas de culto;
  • se estableció un firme compromiso con los más pobres del planeta;
  • se impulsó el distanciamiento del clero con los partidos políticos y los gobiernos,
  • se abrió por primera vez el diálogo con otras religiones.
  Juan XXIII no se quedó en el estrecho espacio de los cardenales (consistorio) y llevó la doctrina al debate más amplio y pluralista con la  convocatoria al Concilio Ecuménico Vaticano II. En cinco años marcó a toda la iglesia con la renovación, con un soplo de aire fresco. Pablo VI continuó en algunos aspectos en la línea renovadora del Concilio, pero fue el responsable de cajonear el informe de una comisión que daba validez a la anticoncepción.

Juan Pablo II impuso bajo su reinado  una visión filosófica  en toda la iglesia que es su propia convicción, reafirmada sólo por su entorno de cardenales. Sin embargo, esa convicción personal adquirió el rango de doctrina y marcó las posiciones de la Iglesia en los temas de la vida, la familia, el sexo, la muerte y la moral. Y fueron posiciones duras y excluyentes, nunca expuestas a debates en las bases de la institución sino surgidas en la convicción de un hombre, confirmadas en el ámbito cerrado de sus propios asesores y, luego, impuestas con la verticalidad que permite una estructura monárquica [5] .

Wojtyla se ha caracterizado por un fuerte personalismo y un revisionismo apuntado a desandar gran parte del camino recorrido a partir del Concilio Vaticano II. Su vocación restauradora fue más inteligente que la de Lefebvre. Su pontificado sepultó al lefebvrismo y su convicción de volver al medioevo de la noche a la mañana. En cambió realizó un trabajo a largo plazo con el mismo objetivo, buscando el retorno a estructuras anteriores al Concilio.

En América Latina, a pesar de las diferencias en los modos de actuar,  los fundamentalistas católicos, en general tienen fuertes relaciones entre los sectores afines de diferentes países,  a la vez que un fuerte apoyo a todos ellos por parte del Vaticano y de sectores ultraderechistas de Estados Unidos, identificados con el gobierno de Bush.

Esta situación ocurre actualmente, por ejemplo, en el apoyo a movimientos provida de los países latinoamericanos, mediante instituciones como el Consejo Pontificio para la Familia, presidido por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, grupos internacionales como la Alianza Latinoamericana para la Familia, impulsada por los millonarios venezolanos Cristina y Alberto Vollmer y Familia de las Américas, creada por Mercedes Arzú de Wilson, hermana del ex presidente de Guatemala, Alvaro Arzú, y también a través de coaliciones, como Vida Humana Internacional, que desde Miami coordina a grupos provida de países latinoamericanos [6]. Edgar Gonzáles Ruiz, en Cruces y Sombras distingue tres grandes aspectos:

1) La ideología del conservadurismo católico, tal como ha sido expuesto en encíclicas de Juan Pablo II y en documentos del Vaticano, insiste en la exaltación de la abstinencia sexual y el rechazo del laicismo.

2) Influir en los marcos jurídicos de cada uno de los países hispanoamericanos en lo que se refiere a las relaciones entre el Estado y las iglesias y a temas de salud sexual y reproductiva, educación y estructuras familiares. Es alarmante la inmensa influencia que tiene la jerarquía católica en la vida institucional de los países hispanoamericanos;

3) La actuación de los principales grupos conservadores católicos en cada país, incluyendo los de carácter internacional, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, los Caballeros de Malta y el Sodalicio de Vida Cristiana. Se mencionan también algunos grupos internacionales protestantes, como Focus on the Family, creado en Estados Unidos, que colaboran con el activismo católico. Las coaliciones internacionales católicas como VHI, la Red de Ayuda a la Mujer, etc.

Human Life International, HLI, es una coalición de grupos provida de varios países, impulsada por poderosas fuerzas conservadoras de Estados Unidos y apoyada por la jerarquía católica, a través de organismos como el Consejo Pontificio para la Familia, de agencias de prensa como ACI y del activismo provida que Juan Pablo II ha prescrito al clero y a grupos de laicos.

Varias líneas de acción distinguen a HLI:

1) Su apoyo a las autoridades de Estados Unidos y de otros países que se identifican como "antiaborto" y "proabstinencia". Una paradoja de HLI y otros grupos provida es su apoyo a mandatarios como George Bush pese al militarismo que ha caracterizado a su gobierno;

2) Su denuncia de autoridades, personajes políticos, grupos civiles y fundaciones a quienes HLI identifica como liberales, feministas o defensores del laicismo. HLI usa una retórica agresiva contra sus adversarios y trata de perjudicarlos en el terreno legal o financiero. Entre los principales blancos de los ataques de HLI se cuentan IPPF, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y Católicas por el Derecho a Decidir.

3) La promoción, en cada país, de medidas tendientes a socavar la separación entre la Iglesia y el Estado, para lo cual organizan campañas para implantar leyes que prohíban o desalienten comportamientos prohibidos por el catolicismo oficial, como el aborto, el uso de anticonceptivos, la libertad sexual, etc., a la vez que apoyan propuestas para fortalecer la influencia del clero católico en la educación y en la vida política.

En el Catolicismo, el grupo español fascista Opus Dei tiene mucho poder dentro del Papado actual. En Argentina es la organización católica que más ha crecido en el país en los últimos 30 años. Dirigido al sector socioeconómico más alto, su discurso ha conquistado simultáneamente adhesiones y donaciones. Son dueños de muchas propiedades suntuosas. Juan Pablo II le dio carácter formal al Opus Dei en 1982 luego de que la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-santa inquisición), aprobaran los estatutos de la organización.

El Opus Dei se ha especializado en el ocultamiento de la información, característico de logias, sociedades secretas y sectas. Tal vez intentan evitar que se conozcan las razones de la expansión del Opus.  En los años 90 la información vaticana decía que eran sólo 74.000 miembros y lograron asentarse en 42 países. Es evidente que se trata de una cofradía secreta, una secta de élite, reclutados entre los que mandan y destinados a mandar.

El Papa Juan Pablo II simpatizaba con el Opus ya en 1978. La influencia de la organización en el Vaticano se hizo evidente ante el brusco desplazamiento de los jesuitas.

Una de las actividades más importantes del Opus es captar y capacitar a quienes ocuparán puestos de mando en el futuro próximo. Es así que dirige importantes universidades en la mayoría de los países donde se ha radicado. En Argentina ha fundado, entre otros, el Instituto de Altos Estudios Empresariales dirigido a formar directivos y otorgar Master Profesional en Dirección de Empresas.

Para las mujeres en cambio, tiene un centro de capacitación para formar exclusivamente a sirvientas de los dirigentes de empresas. Está en Bella Vista, oeste del Gran Buenos Aires y se llama Instituto Integral en Estudios Domésticos [7] .

Además de un importante listado de bienes puesto siempre a nombre de sociedades que le dan cobertura, el Opus ha logrado una importante inserción en numerosas sociedades anónimas, en el sector político, en la justicia pero una de sus principales estrategias es la posesión y control de los medios de comunicación.

Podríamos definir al Opus Dei como una organización fascista, secreta de la Iglesia Católica, con poder sobre el Papa y el Vaticano,  intolerante, autoritaria, elitista,  con gran capacidad económica, capitalista, neoliberal y misógina. Con su fanatismo pretenden avasallar las conciencias y el destino de ciudadanos/as, a la vez que son hipócritas inescrupulosos que están al servicio de los sectores de mayor poder económico en el mundo.

Por otro lado y desde el norte, instituciones como el Instituto Republicano Internacional apoyan a grupos conservadores para que a su vez fortalezcan a opciones derechistas en sus respectivos países. (Aquí habría que analizar la reciente campaña que hizo la derecha en El Salvador).

Hay también un fundamentalismo económico y político, de libre mercado, de capitalismo libre de cualquier regulación del gobierno, unido a un fuerte nacionalismo de EEUU. Es por eso que hay apoyo para una fuerte policía e impresionante presupuesto para el ejército. Este tipo de fundamentalismo no es tradicionalmente religioso o conectado con el cristianismo.

En los ochentas hubo una fuerte politización del fundamentalismo protestante  con la organización de los imperios de los medios de comunicación por grupos protestantes conservadores. Los fundamentalistas organizaron grandes redes políticas para ganar elecciones en todos los niveles: locales, de los estados y nacionales y cada vez más accedieron al poder en el partido republicano.

Este avance del fundamentalismo se refleja  en la política internacional de Bush en las Conferencias de Naciones Unidas quitando todo tipo de apoyo a los derechos reproductivos. Un claro ejemplo, está siendo la posición oficial de EEUU en todo el proceso de Cairo +10. Frente a la crisis del SIDA, Bush ha prometido una gran donación de dinero, pero lo  poco que ha dado está restringido a políticas que recomiendan la abstinencia. Entonces también ante el aumento de muertes en África a causa del SIDA, Bush  impone su ideología de sexualidad o no sexualidad [8] .

Será entonces que los fundamentalismos en todas las religiones han resurgido con tanta fuerza en los últimos 20 años de manera silvestre, tal como plaga que se extiende frente al caos de las libertades sexuales.... O estamos ante un proyecto fundamentalista-militarista para sostener o ser funcional a un único poder?

Si recordamos el fenómeno de las dictaduras militares en América Latina, si hacemos memoria y recordamos la cantidad de conflictos entre países vecinos que han llegado a la guerra y siguen en peligro de guerra; si tenemos en cuenta que los talibanes fueron entrenados por la CIA en otro contexto político y que muchos cuadros Iraquíes eran también agentes de la CIA; y si no nos olvidamos quién ha sido el instructor silencioso en estos procesos, bien podemos imaginar que hay un proyecto fundamentalista-militarista que solo puede “beneficiar” al poder hegemónico del mundo a pesar de los costos colaterales que le implica. Poder que no sabe hasta cuando tendrá EEUU y que el surgimiento de los fundamentalismos religiosos y violentos le está permitiendo producir y vender más armamento entre otras cosas y preservar un tiempo más su poder aunque el mundo se desplome. Eso sí, poco sexo y en pocas oportunidades y de la misma manera y con la misma persona. En un proyecto militarista debemos estar todas y todos bien uniformados.

Bibliografía consultada
  • Edgar Gonzáles Ruiz es autor del libro Cruces y Sombras. Perfiles del Conservadurismo en América Latina, licenciado y maestro en filosofía.
  • Rosemary Radsfor Ruether, norteamericana, teóloga católica feminista que da clases en Illinois y es autora de importantes libros.
  • Claudio Fantini, de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.
  • Alberto Múnera, Sacerdote Jesuita Colombiano.
  • Héctor Ruiz Nuñez, Argentino, es licenciado en Administración de Empresas y Master en economía en la Universidad de Harvard.
  • Enrique Dussel, UAM-Iz-, México. 
  Citas
[1] Claudio Fantini de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.
[2] Claudio Fantini de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.
[3] Claudio Fantini de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.
[4] Enrique Dussel, UAM-Iz-, México.
[5] Idem anterior
[6] Héctor Ruiz Nuñez, Argentino, es licenciado en Administración de Empresas y Master en economía en la Universidad de Harvard.
[7] Ídem anterior
[8] Rosemary Radsfor Ruether, norteamericana, teóloga católica feminista.
 
*Artículo tomado de la Campaña en el Mundo “Contra los fundamentalismos, lo fundamental es la gente”.
 

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