Nº19 Año 3
 
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EDITORIAL


El reto del diálogo democrático frente a la cerrazón de los fundamentalismos

Los fundamentos son las bases, los pilares, los cimientos. No se les puede remover porque las estructuras se desplomarían. Trasladado esto al campo de las ideas, los fundamentos serían principios no cuestionables, dogmas.

 
 

Generalmente la razón niega los dogmas, pues propone que las verdades son temporales, y siempre deben estar abiertas a discusión sobre la base de evidencias a favor o en contra. En cambio, un campo clásico para los dogmas es el de las religiones. Basadas en la fe (aunque elaborada bajo un discurso que intenta ser racional) las religiones establecen dogmas que no son sometibles al escrutinio racional, y que en teoría constituyen los fundamentos de dicho credo. La aceptación de los dogmas se sustenta no en su verdad racional, sino en su condición de necesaria para la pertenencia simbólica a una religión; así, cuestionar un dogma deviene en herejía, incompatible con la pertenencia a una comunidad religiosa.
 
En los últimos años se ha acuñado el término “fundamentalismo” para referirse sobre todo a posturas dentro de algunas religiones (aunque no restringidas sólo a éstas) que, con base en dogmas de dichas religiones, proponen normas morales para las sociedades en su conjunto. Aunque uno de los principios de los Estados modernos es la de una separación clara entre éstos y las religiones, los fundamentalismos ejercen una ‘cruzada’ (política, mediática) para desdibujar esta separación e imponer la idea de que lo ‘bueno’ es el principio religioso que defienden.
 
Sin embargo, en un mundo crecientemente globalizado, las comunidades culturalmente homogéneas (usualmente identificadas con una religión en particular) vienen desapareciendo. Dentro de una sociedad en particular no sólo coexisten varias religiones, sino que son cada vez más numerosos los no creyentes. Y el desarrollo del discurso sobre derechos humanos ha establecido también de modo sólido la libertad de credos, la que incluye, obviamente, la libertad de no tener un credo. Un Estado moderno tiene, por definición, que ser aconfesional. Apuesta, en cambio, por la razón y por una adscripción a discursos racionales (como el jurídico y el científico), y asume sus avances. Como ninguno de los dos discursos puede aceptar dogmas, con frecuencia se enfrenta a las incertidumbres que persisten sobre muchos campos del entendimiento humano, y también tolera puntos de vista discrepantes.
 
Frente a estas incertidumbres, y las debilidades que generan, el surgimiento de ideologías morales derivadas de fundamentalismos religiosos plantea el riesgo de ‘iluminación’ y la imposición, no basada en el debate jurídico o científico, de normas a ser aplicadas a todas y todos. Así como el ‘tribunal del santo oficio’ pudo decretar la muerte de innumerables vidas humanas en nombre de la fe, formas modernas de imposición de verdades fundamentales pueden ganar terreno en nuestras sociedades que, supuestamente, habían abrazado la razón y el diálogo como principios.
 
Debe decirse, sin embargo, que la tentación del fundamentalismo no se reduce a las religiones. Otros movimientos fanáticos han abdicado al mandato racional y han intentado imponer perspectivas específicas por ejemplo, el apartheid sudafricano, el nacional-socialismo europeo, el senderismo en Perú. En algunos casos, la cerrazón de una tendencia adquiere ribetes de fanatismo (piénsese en lo que ocurre con debates económicos entre liberales y no liberales; o en el debate sobre migraciones y seguridad global). El fundamentalismo es un riesgo que deriva de la falta de disposición al diálogo, a la escucha de otras posturas. Sólo si quienes se precian de ser ciudadanos y ciudadanas demócratas aseguran la existencia de espacios de diálogo verdadero, por más convencidas y convencidos que estén de la verdad de sus ideas, contribuirán realmente al debilitamiento de los fundamentalismos.
 
Esta edición del boletín incluye textos de gran interés. La brasileña Sonia Corrêa, de ABIA, nos plantea una lectura de la historia y formas de fundamentalismo en América Latina, y no deja de mencionar las tentaciones de esta forma de negar el diálogo en terrenos como el del mercado. La argentina Martha Alanis, de Católicas por el Derecho a Decidir, añade su mirada a este nuevo contexto regional de redes de acción política basadas en verdades religiosas fundamentales. La peruana Adalid Rojas, quien obtuvo el segundo puesto en el Concurso de Ensayos Jurídicos sobre Estado Laico (organizado por CLADEM en 2004) escribe sobre las contradicciones planteadas por la modernización del Estado Peruano (con argumentos válidos para otros países de la región) que adopta un discurso jurídico y científico y, en la práctica, no abandona principios de sujeción confesional. Finalmente, los académicos norteamericanos John Santelli y Mary Ott discuten extensamente las implicancias de las políticas pro-abstinencia para los adolescentes predominantes en la administración de Bush.
 
Cambios en nuestro Sitio Web, y Pierre et Gilles en Expresiones
 
Como verán al entrar a nuestro sitio web, estamos presentando un cambio importante de la estructura de www.ciudadaniasexual.org, que permite una visualización más directa de todos los recursos del sitio. Esperamos sus comentarios; confiamos, en todo caso, en que esta nueva presentación será no sólo más fresca sino también más útil.
 
Además, en esta edición de Expresiones presentamos una Exposición de trabajos de Pierre y Gilles. Pierre et Gilles son  una pareja de artistas franceses que trabajan juntos desde fines de los años setenta. Ellos crean retratos de celebridades y personajes anónimos en fotografías que luego son pintadas a mano creando atmósferas que van mas allá de la realidad, con una sensibilidad y estética muy particular, tan sensuales como perversas, tan inocentes como transgresoras, tan asexuadas como sexy.
 
Marchas regionales del ‘Orgullo LGBT’; Cambios Políticos
 
Finalmente, mencionaríamos que se ha dado en varios países de la región una nueva edición de Marchas del Orgullo LGBT. Según los informes aparecidos en varios medios virtuales, las dimensiones de estas manifestaciones regionales continúan creciendo, y cada vez adquieren una dimensión menos circunscrita a grupos establecidos y más capaz de atraer no sólo a personas no participantes del activismo, sino también a ‘amigos y simpatizantes’.
 
En Perú, además de la exitosa marcha del orgullo LGBT realizada el 1° de julio, el 30 de mayo se había realizado con éxito una marcha-vigilia en conmemoración de las personas LGBT desaparecidas durante la época de la violencia política en el Perú. Esta actividad, bajo el lema “La Homofobia mata” coordinada por el Proyecto Experiencia (parte de Ciudadanía Sexual, con el apoyo de HIVOS) se desarrolló con la participación de numerosas agrupaciones de la comunidad LGBT, además de Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos.
 
Cerramos esta nota mencionando la reciente definición electoral en el Perú, aunque hay procesos en marcha en otros países de la región. Esperamos que los cambios políticos traigan mejores perspectivas para el trabajo en sexualidades, salud y derechos humanos.


Carlos F. Cáceres
Coordinador

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