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Las cosas no son eróticas de forma “natural”. Por el
contrario, la asignación de valor erótico a ciertos gestos,
objetos artísticos o relatos está también mediada
por la cultura, y por ello varía entre sociedades y en el tiempo.
Paradójicamente, lo erótico no necesariamente tiene que
ver con los usos considerados “naturales” en lo sexual (por
ejemplo, la reproducción). Por el contrario, muchas veces las prácticas
más transgresoras bajo los códigos morales tradicionales
resultan más ‘eróticas’ para algunas personas
(por ejemplo, el sexo grupal, el sexo anal, el ‘adulterio’,
el sadomasoquismo, etc.). Por otro lado, si bien lo erótico tiene
que ver con la presunción de que el placer (físico) es la
meta, muchas veces lo erótico moviliza experiencias al nivel de
la fantasía, y no termina teniendo ninguna expresión física
ni, mucho menos, específicamente genital.
El sistema de valores y significados que constituyen lo
erótico para una sociedad dada tiene que ver, pragmáticamente,
con la posibilidad de acceso al placer sexual para los miembros de esa
sociedad aquí y ahora. Tiene que ver, así, con los derechos
sexuales de esas personas. Además, si bien hay un núcleo
de valores comunes, hay también “diversidad erótica”.
Tales valores y significados pueden no ser necesariamente “políticamente
correctos” (por ejemplo, pueden reforzar papeles tradicionales de
género, como ocurre cuando el machismo hegemónico es un
central objeto de deseo). Pueden, incluso, contravenir otros derechos
sexuales (por ejemplo, algunas escenas de violación pueden tener
cierto atractivo erótico, aunque violan el derecho al sexo sin
coerción, en cuyo caso éste último prima: los derechos
de uno acaban donde comienzan los de los demás). Pero tienen que
ver, finalmente, con lo que autores como Jeffrey Weeks y Gayle Rubin han
llamado “variedad erótica benigna”, o “pluralismo
sexual radical”.
Lo erótico es, de alguna forma, y aunque suene
irónico, parte de nuestro patrimonio cultural, así como
lo son nuestra ‘idiosincrasia’, nuestras tradiciones culinarias,
y nuestras formas de arte. Es imposible evitar caer en la tentación
de juzgar parte de lo que resulta erótico desde el punto de vista
moral, y en algunos casos (cuando lleva a transgredir otros derechos sexuales
de los demás) es necesario hacerlo. Ante todo, sin embargo, lo
fundamental es comprender esta(s) forma(s) que tenemos de comenzar a desear,
a sentir, a gozar, para encontrarnos en parte con nosotros/as mismos/as,
para cambiar lo que (por afectar otros derechos) haya que cambiar, y finalmente
para celebrar lo erótico. Celebrándolo promovemos, sin duda,
el ejercicio del menos voceado de nuestros derechos sexuales: el derecho
al placer.
Esa es justamente la intención de este número
del boletín Ciudadanía Sexual. Los trabajos de Luis Felipe
Ríos y de Marcelo Ferreira plantean una aproximación al
universo erótico de los jóvenes varones homosexuales de
Río de Janeiro. Mientras el primero presenta una rica reflexión
sobre los guiones eróticos prevalentes en esta subcultura erótica,
el segundo se cuestiona sobre la relación entre la teorización
sobre lo erótico y la práctica erótica concreta.
María Raguz enfoca, en el tiempo y el espacio,
una variedad de contextos sociales de relacionamiento entre sexualidad,
erotismo y placer. Su visión panorámica, vivaz y entretenida,
cubre varios siglos de forma rápida, y está ilustrada por
un gran número de imágenes que pocas veces vemos juntas
desde esta perspectiva.
Finalmente, el trabajo de Mary Konna (pseudónimo
de una colaboradora que prefiere el anonimato), se plantea como un espacio
de expresión (auto)erótica codificado por la confluencia
entre la reflexión personal, la poesía y el manifiesto político-sexual.
Divertido, provocador y con frecuencia sorprendente, este texto visita
cuestiones poco discutidas en el debate sobre erotismo.
Les invitamos a dar un vistazo a Expresiones, donde en
esta ocasión se publican imágenes que acompañan al
texto de Max Hernández Calvo sobre la relación entre Erotismo,
Sexo y Pornografía, así como una Muestra de Robert Mapplethorpe,
fotógrafo norteamericano que llevó a los límites,
y con gran maestría, la separación entre lo que en arte
se ha llamado ‘erotismo’ y lo que se ha excluido como ‘pornografía’.
Final de la Fase I e Inicio de la Fase II de nuestro
proyecto
Este es el quinto y último boletín de esta
primera fase del proyecto “Sexualidades, Salud y Derechos Humanos
en América Latina”. La culminamos con gran satisfacción,
con un sitio web en actividad (que estamos por evaluar, esperamos que
con apoyo de ustedes), una reunión regional realizada y la publicación
correspondiente en preparación, pequeños subsidios de investigación
otorgados (e investigaciones en curso) y algunas actividades adicionales,
particularmente en capacitación. En el próximo número
del boletín, el primero de la fase II, les contaremos algo de lo
planeado para dicha nueva etapa.
No olviden que, cada vez que renovamos el boletín,
bimestralmente, renovamos el sitio web en su conjunto. La sección
noticias, es renovada mensualmente: una vez con el nuevo boletín
y la otra entre dos ediciones de boletín. Les enviaremos avisos
para advertir su aparición. No olviden visitar el sitio en su conjunto.
Y les recomendamos particularmente visitar el Foro y participar de él.
No queremos despedir este editorial sin agradecer a todos/as
nuestros/as suscriptores/as por su valiosa participación difundiendo
la existencia del sitio y el boletín, participando de los concursos,
del foro, enviándonos posibles colaboraciones y, sobre todo, leyéndonos.
Esperamos que esta participación se incremente y enriquezca en
la fase II.
Un saludo fraterno y comprometido.
Carlos F. Cáceres
Coordinador |
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