POR: SANDRO VENTURO

 

 

Natalia Iguiñiz presenta un nuevo trabajo: Pequeñas historias de maternidad 1. Tres años después de su última individual, y luego de varios trabajos artísticos fuera de las galerías,  presenta un ensayo artístico acerca de la maternidad, en el que explora las dimensiones más complejas, y poco debatidas, de esta experiencia vital.

 

La muestra presenta reflexiones sobre las tensiones de la maternidad que se esconden detrás de la idealización (o denigración) de esta experiencia. Se trata de un proceso donde las mujeres contemporáneas ya no la viven como una condición necesaria sino como una posibilidad en la que negocian con su cultura, su biología y su mundo interno.

 

Iguiñiz investiga acerca de las fantasías que están alrededor de la concepción de las crías: fantasías hermosas, fantasías tenebrosas. También revisa de manera crítica los prejuicios (y los temores) de quienes se incomodan ante aquellas mujeres que por alguna razón o circunstancia no han tenido hijos.

 

Pequeñas historias de maternidad 1 utiliza diversos formatos: fotografía, mate burilado, cerámica, ready made y documentación de performance. Y con ello busca expresar la complejidad de estas experiencias humanas, expresando la necesidad de tratar estos temas desde múltiples lenguajes plásticos y audiovisuales.

 

Iguiñiz explora, de nuevo, un tema central y poco discutido de la vida cotidiana. Ya en sus trabajos anteriores ha planteado cuestiones agudas sobre la condición  de las empleadoras y las empleadas domésticas (La Otra, 2001). Ha señalado los puntos más graves acerca de la violencia sexual contra la mujer (La perra, 1999). También ha destacado los conflictos de la relación entre sexualidad y vida religiosa (Santa Rosa, 2000), así como las olas y contra olas de las relaciones de pareja (Quién manda a quién, 2000). Esta vez, plantea interrogantes (no respuestas) que sitúan la maternidad como una vivencia encubierta de mitos y leyendas, que es vivida bajo la presión de una sociedad que busca, casi siempre, controlar la libertad y autonomía de la mujer.

 

Esta exposición se encuentra en el polo opuesto de una concepción del arte como un ejercicio decorativo.  Aquí el objeto del arte no es la belleza. Aquí el arte es entendido como un ejercicio de reflexión acerca de los textos y sub-textos de la vida cotidiana. Un ejercicio crítico contra el sentido común. Una acción que subraya lo que no se dice y está presente.

 

Pequeñas historias de maternidad 1  busca, deliberadamente, re-construir esas ideas comunes acerca de la hermosa y difícil maternidad. La exposición nada resuelve. Pero interroga. Y eso es bastante en esta época donde la información satura… y no deja pensar.

 

 

 

(SV, 2005)