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Lo que nos atañe particularmente son fundamentalmente las relaciones del arte contemporáneo con el sexo, y aquellos nexos que el arte tiene con la pornografía. Para esto parece necesario plantear algún tipo de marco discursivo en el cual ubicar un conjunto de prácticas significativas, no sólo en cuanto a lo sexual sino en función del arte mismo. |
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| SEXO Y ARTE | |||||||||||||
La sexualidad puede considerarse uno de los asuntos centrales a la producción “artística” de la prehistoria, y de la historia del arte mismo. Es difícil imaginar que el desarrollo de la cultura visual pueda haberse mantenido al margen de los mecanismos para procurar la continuidad de la especie y, más importantemente aún, del placer mismo como lo es el placer sexual y como lo es el placer de mirar que el arte ha ofrecido, que es incluso el placer sexual del mirar, tan asociado al porno. Ahora bien, las referencias estéticas y gráficas a lo sexual han sido acogidas de maneras variables, concordantes con las relaciones en disputa de la sociedad con la sexualidad. Ya en el pasado la marginalización del sexo en relación al surgimiento de la cristiandad se insinúa en los tratamientos cambiantes que han tenido las representaciones del cuerpo humano. Y estos cambios no se agotan en el poder de control que la iglesia en tanto antiguo patronato de las artes tuvo. Hay que tomar en cuenta que los vínculos del arte con el poder político y económico a lo largo de la historia sean con la iglesia, con la monarquía o con la burguesía, han significado algún implícito mecanismo de censura para el arte, especialmente el “oficial”. Sin embargo, es necesario recordar que al convertirse en Arte (con a mayúscula) el arte, es decir al aparecer como una categoría separada de manualidad, se consolidan paulatinamente un conjunto de temas “adecuados” y “válidos” para dicha actividad privilegiada. Si puede decirse que con la fotografía la pintura se dispensó de las abrumadoras demandas de retratos (por cuestiones de costos, tiempo y eficiencia), con el porno –que le debe tanto a la fotografía— el arte se “desembarazó” de tal tácito encargo colectivo, si bien era llevado a cabo individual y entusiastamente en privado. |
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| A pesar de posibles censuras o de escasez de auspicio, lo sexual nunca desapareció de las artes, a fin de cuentas los artistas eran tan sexuales y sexuados como cualquier Papa o cualquier Monarca. No obstante, frente al porno adquirió un estatus elevado con la categoría de lo “erótico”, sin embargo con o sin sofisticaciones semánticas el sexo ha permanecido siendo un asunto controversial, y consiguientemente se ofrecía como tema ideal para muchos artistas con apuestas con filo vanguardista. En tal sentido, las imágenes de lo sexual han sido un recurso para generar tensión entre artista-audiencia. En la historia del arte reciente la apuesta por la experimentación tiene muchos visos de provocación, pues en esa relación artista-audiencia en lugar de privilegiar una comunicación fluida con un público masivo, tal vínculo es estresado mediante un arte potencialmente perturbador y amenazante a los supuestos estéticos y las expectativas comunes de la audiencia; un arte que puede desdeñar los temas pseudo-elevados, pseudo-apropiados (y anodinos) que estereotípicamente se valoran. | ![]() |
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Lo sexual ha jugado un papel importante
para aquellas expresiones artísticas que han retado a la hegemónica
cultura moderna. Desde tal perspectiva, muchos artistas han orientado sus
esfuerzos a abrir la cultura a aquellas experiencias que han sido consideradas
“otras”. Los asuntos de identidad que conciernen particularmente
a grupos constitutivos de la sociedad como las minorías han hallado
expresión directa en las artes. La marginalización del otro
cultural ha sido confrontada con prácticas artísticas idiosincrásicamente
afirmativas, a la búsqueda de una representación no estereotípica,
dando testimonio de distintas relaciones sociales y valores culturales y
estilos de vida alternativos, que subrayan la multiplicidad cultural. Esta apertura del arte hacia otras dimensiones culturales fuera de los rangos oficiales de la “alta cultura”, ha llevado a muchos artistas a plantear su trabajo como un examen de la posición social y personal “fronteriza”. Y si bien la identidad sexual es un asunto comunitariamente importante, es innegable que la sexualidad misma es algo que nos resulta en extremo privado. De tal manera que ésta dimensión de lo sexual converge con uno de los sentidos característicos del arte –aquel de la expresión personal. Es a través de una actitud introspectiva y de una indagación en la peculiaridad biográfica y del contexto personal de un artista, que lo sexual también se manifiesta. |
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| ARTE Y PORNO | |||||||||||||
| El arte nos
retrata, en cierta forma, las complejas relaciones con lo sexual, pues
más allá de ofrecer un registro de múltiples prácticas
sexuales, sugiere lo culturalmente determinado de lo sexual, en tanto
que las obras de arte conllevan ideas formadas por circunstancias históricas
particulares, reflejando los conflictos ideológicos de los que
han participado. |
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| Pero la confusión aparente es que se asume que el problema yace con los límites de permisividad, aunque tiene que ver con los límites del arte, es decir sus no-límites formales. No hay requerimiento formal alguno que el arte deba cumplir para ser arte, de igual manera que no hay frontera temática. Sin tales limitaciones “cualquier cosa” está en hipotéticas condiciones de poder llegar a ser arte. Por lo tanto las brechas entre arte y porno son menos tangibles, luego más inseguras, de lo que se cree (no en vano la censura ha acosado a artistas con tanta insistencia como a los pornógrafos). |
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Arte y Porno
se refieren a sistemas institucionales de producción, difusión
y consumo de productos relativamente cambiantes. La diferencia entre estos
dos polos es ante todo cultural y si bien en el porno el compromiso con
lo sexual es exclusivo, tampoco tiene el copyright del asunto, como la
historia del arte claramente atestigua. Si las diferencias se relacionan
fundamentalmente con los privilegios y el estatus que estas producciones
tienen dentro de la sociedad, tal vez valdría la pena volver al
título “Sexo, Arte y Pornografía” como una síntesis
de aquello que en la cultura parece estar dado: el sexo como gran tema
que tiene en el arte y en el porno dos polos de expresión, pero
también el arte como mediador entre sexo y pornografía.
Todos enormemente signifcativos, pero con papeles distintos, con funciones
diversas. Confusos, disputados y tal vez igualmente relevantes. |
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Max Hernández Calvo |
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